Raw food: alimentos vivos, a la mesa

Con un eslogan prometedor como “la cocina de la longevidad”, muchos podrían sentirse atraídos. Sin embargo, toda propuesta interesante tiene su “lado B” y requiere renuncias importantes. Así es en el caso de la cocina crudivegana, o raw food: recetas que sólo se realizan con alimentos vivos. Esta metodología, entonces, deja afuera a gran cantidad de ingredientes.Consol Rodríguez es formadora en este tipo de alimentación y, según asegura en su libro Raw food anti-aging. La cocina de la longevidad: salud, vitalidad, consciencia y belleza (Urano), pasó de ser vegetariana a vegana y, finalmente, optó por el crudiveganismo al ser diagnosticada con lupus, una enfermedad degenerativa que la autora sostiene consiguió “revertir con un cambio radical de estilo de vida, dieta incluida”. Además, la movieron razones éticas “al descubrir las atrocidades que se cometen con los animales en granjas y mataderos”. Mirá también Veganismo fashion: cuando la moda se amiga con los animalesConsol Rodríguez (fotos Instagram)Su filosofía desde entonces es: “Moverse como Tarzán, comer como Gandhi y aprender como Jesús”. Por eso, más allá de los alimentos crudos, recomienda “evitar el sedentarismo y practicar ejercicio no estresante a diario, evitar comer en exceso, comer frutas y verduras y evitar el trato social tenso sin interés comprensivo por el prójimo, así como el estrés, la ira y el miedo”. Por ello, se habla de un movimiento que va más allá de lo estrictamente alimenticio. “​ El objetivo es consumir un mínimo de 70% de alimentos crudos en cada plato. Consol afirma que para llegar al crudiveganismo hay pasos fáciles y progresivos: eliminar tóxicos como alcohol y tabaco, excitantes como cafeína y mateína, y refinados, como azúcares y harinas. Además, propone quitar preparados, es decir, “todo aquello que viene envasado”. Como contraparte, prefiere incluir productos frescos sin ningún tipo de intervención humana o industrial. Finalmente, el objetivo es consumir un mínimo de 70% de alimentos crudos en cada plato. Por supuesto, este movimiento no admite ningún producto de origen o explotación animal. Mirá también ¿La comida sana puede también ser rica?En detalle, el crudismo “persigue el consumo de alimentos orgánicos e integrales, no procesados, no pasteurizados ni homogeneizados y que no hayan producidos con pesticidas sintéticos ni fertilizantes químicos”. Por otra parte, los alimentos se preparan sin fuego ni cocción; además de no poder someterlos a temperaturas superiores a 38-42°. Con esto, se logra conservar los macronutrientes, micronutrientes y la estructura molecular de los alimentos.Otro punto que la autora destaca, más allá de la dieta, es la importancia del sol para el ser humano. “La ingesta de clorofila equilibra de forma eficiente el metabolismo celular, beneficiando la regeneración celular. Además, es un compuesto tónico que aporta energía y vigor a la vez que nos ayuda a depurar”, asegura. Mirá también Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmetAl dejar de lado gran cantidad de ingredientes, Rodríguez propone, por ejemplo, leches vegetales como la de almendras, quinoa, sésamo o coco. En su variedad de jugos, por su parte, las estrellas son el “elixir de piña y albahaca”; el de pepino y limón; una osada combinación de pimiento rojo, manzana y jengibre o un “batido de espinacas y naranja”. Para una buena entrada, las recetas van de la crema de calabaza a la sopa de sandía y menta.A la hora de la panadería, son múltiples las propuestas de la autora: pan de germinados de centeno y avena; pan de lino, manzana y semillas de calabaza o galletitas de avena con queso crema de almendra y algas, entre otras. Mirá también Para reemplazar a los lácteos: tres recetas de leches vegetalesY de plato principal: tirabuzones de zanahoria; tortilla de brócoli y cebolla; sombreritos de portobello y champiñones o una adaptación de la clásica ensalada rusa.Finalmente, la formadora crudivegana ofrece entre sus recetas de postres “galletas de nuez y algarroba con trocitos de manteca de cacao”; torta de pepino, manzana y frutillas y croissants de mango.Para hacer honor a la parte anti-aging del movimiento, Consol recomienda una serie de elementos cosméticos naturales, tales como crema hidratante de avena, desodorante con agua de rosas y hasta shampoo o crema de afeitar. Todo, de la naturaleza al botiquín. DOS RECETAS RAWMini rawmburguesas de no pollo y confitura de tomate, por Consol Rodríguez Mini rawmburguesas de no pollo y confitura de tomate (rinde cuatro unidades) Ingredientes200 gr de takuan (daikon deshidratado al sol y fermentado con salvado de arroz y kombu) 2 c. soperas generosas de tahini crudo blanco 1 c. pequeña de melaza de caña (no es crudo, pero contiene altos niveles de hierro y minerales) 1 tomate pequeño de colgar, bien maduro 1 c. pequeña de melaza de caña (o tu sirope preferido) 2 tomates deshidratados, remojados durante 6 horas Hojas de lechuga maravilla o la lechuga de tu elección, cortada en tiras finas 2 gajos de limón Método de preparaciónCortar el takuan a trocitos. En un procesador de cocina, combinar el takuan con el tahini crudo blanco y triturar hasta obtener una masa gruesa. Dividir la masa en cuatro porciones y dar forma de hamburguesas mini. Colocar en las bandejas del deshidratador y pintar por encima con la ayuda de un pincel y parte de la melaza de caña. Deshidratar durante 30 minutos. Dar la vuelta, volver a pintar con melaza de caña y deshidratar 30 minutos más. Mientras las mini rawmburguesas están en el deshidratador, prepararemos la confitura de tomate. Con la ayuda de una batidora de vaso, triturar los ingredientes para la confitura de tomate. Colocar en un colador de malla fina y descartar el exceso de zumo sin remover la mezcla. Para servir, preparar un lecho de lechuga o de las hojas de tu elección y colocar las rawmburguesas encima. Decorar cada rawmburguesa con un toque de confitura de tomate y acompañar el plato con lo gajos de limón. Leche de avena, por Consol Rodríguez Leche de avena (rinde un litro) Ingredientes1 litro de agua filtrada o de manantial 1/2 taza de agua de mar 2 c. soperas de aceite de cáñamo 1/2 limón, el zumo 1/4 taza de hojas de stevia recién cortadas de la planta 1 c. sopera de pasta de musgo irlandés 1 taza de avena activada o, mejor, germinada Método de preparaciónColocar todos los ingredientes en una batidora de vaso, pero primero sólo la mitad del agua para ayudar a triturar mejor el grano y batir a la velocidad más baja durante un minuto o hasta que todos los ingredientes estén triturados. Añadir el resto del agua y batir de nuevo un minuto a la velocidad más baja. Filtrar y consumir lo antes posible, aunque se puede guardar la leche resultante dos o tres días en la heladera en un recipiente de cristal con tapa. Mirá también Operación cúrcuma: cómo y por qué es indispensable sumarla a tu dieta

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