Infortunios precomiciales

La campaña, de por sí, fue rara.

En la provincia de Buenos Aires
(“propietaria” del superpoblado conurbano que puede llegar a tener la última
palabra en las presidenciales de 2019), Cambiemos optó por darle voz excluyente
a quien no era candidata. De hecho, la gobernadora María Eugenia Vidal –“vocera
testimonial” de su partido– fue la encargada de pedir los votos (“por favor”) y
de poner la cara. Y, en la otra punta (Unidad Ciudadana), la expresidenta
Cristina Fernández eligió dar un giro de 180 grados a sus usos como primera
mandataria y se expuso a entrevistas periodísticas unipersonales.
Seguramente, la actividad de campaña de cada
espacio político estuvo meticulosamente planificada por sus equipos de asesores
en comunicación. Pero lo que parece haberse ido del programa –y esto no puede
dejar de llamar la atención– han sido las frases extemporáneas (los exabruptos
y las destemplanzas) de los propios candidatos.
Ya durante el período previo a las PASO,
los especialistas habían recomendado el silencio de Esteban Bullrich. Tras sus
deslices sobre los “pibes presos” y “ni una beba menos” –que evidencian no el
cansancio (como él adujo), sino sus convicciones más profundas–, la imagen del
candidato a senador quedó relegada a afiches callejeros que lo muestran en
equipo. Mudo.
Por su parte, Cristina Fernández retornó
del lunfardo chic (“too much”, “sorry”) al lunfardo vintage (“¡qué ispa!”,
“Patricia Bullrich… está en curda”). En una muestra más de su búsqueda del voto
popular, con el persistente tono indignado que trae desde las PASO, la
expresidenta (candidata a senadora) llegó a calificar de “idiota” al ingeniero
Macri, quien –le guste o le disguste a ella– debería ser tratado de modo
diferente, si no por otro motivo, al menos por su investidura presidencial.
Pero la cereza del postre la puso Elisa
Carrió. En esta última semana, particularmente compleja (como dijo nuestro Jefe
de Estado en Uruguay), la candidata a diputada no pudo cometer peor desacierto.
Y es que, por encima de su infundado –y absurdo– cálculo del 20% de
posibilidades de que Santiago Maldonado estuviese en Chile, se permitió una desatinada
comparación del cuerpo de Santiago, hallado el martes en el frío río Chubut,
con el (mito) de Walt Disney.
No sé si estos “percances” de campaña –una
campaña tan rara que se cerró sin cierres, seguida de un escrutinio sin
cotillones– pueden asociarse científicamente con los resultados que han dado
las urnas. Pero sí estoy segura de que un poco más de moderación y de prudencia
en los candidatos redundaría en bienestar cívico. Y democrático. Para todas y
para todos.  (*) Doctora en Lingüística y
directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés.

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