CIPPEC reunió a la dirigencia política, sindical, empresarial y judicial en una cena de alto impacto

“Nuestro margen de maniobra es cada vez menor. Si no resolvemos los problemas estructurales, lo que hoy es una oportunidad puede ser una condena”, arengó anoche Julia Pomares, una de las anfitrionas, ante más de un millar de dirigentes de la política, el sindicalismo, el establishment y la Justicia que aún no había probado el bife Extracotto a las finas hierbas, en el salón rojo de la Rural de Palermo que a esa altura de la noche rebasaba de asistentes.La exhortación de la directora ejecutiva del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), un rato antes de las 22, retumbó ante el silencio de la dirigencia y después de un día agitado por los cortocircuitos internos de la coalición oficialista en torno a los aumentos de los servicios públicos, por el descontrol de la inflación, la presencia del ministro Oscar Aguad en el Congreso por la búsqueda infructuosa del ARA San Juan y la reunión del Gobierno con cuatro miembros de la Corte Suprema de Justicia. Pequeñeces sepultadas por la dolorosa muerte del chofer de la línea de colectivos 620, acribillado el domingo en La Matanza. Casi nadie habló de ese asesinato en la multitudinaria cena.El evento organizado por CIPPEC reunió en un mismo predio al presidente del máximo tribunal de Justicia, Ricardo Lorenzetti, con el jefe de gabinete, Marcos Peña, que se sentaron en la misma mesa y prolongaron la reunión que habían mantenido por la tarde, junto a Emilio Monzó y los anfitriones. A buena parte del gabinete –los ministros Carolina Stanley, Jorge Triaca, Patricia Bullrich, Rogelio Frigerio, Guillermo Dietrich, Andrés Ibarra, Alejandro Finocchiaro, Adolfo Rubinstein, Francisco Cabrera y Mario Quintana, uno de los vicejefes de Gabinete– con los gobernadores Mariano Arcioni (Chubut), Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Omar Gutiérrez (Neuquén), Miguel Lifschitz (Santa Fe), Gerardo Morales (Jujuy), Domingo Peppo (Chaco), Juan Manuel Urtubey (Salta), Gustavo Bordet (Corrientes), María Eugenia Vidal (Buenos Aires), Alberto Weretilneck (Río Negro) y Horacio Rodríguez Larreta (ciudad de Buenos Aires).Hubo algunos de ellos que por momentos pasaron desapercibidos entre la multitud, como Bordet, a quien Mauricio Macri -solo asistió a la tradicional cena durante su primer año de mandato- suele resaltar en privado. Y otros que aprovecharon el cóctel, en el salón contiguo -el amarillo- y macerado con canapés, empanadas y entradas variadas, como Urtubey y Monzó, que hablaron a solas, a un costado del pabellón y al lado de la entrada a los baños por un buen rato.A escasos metros, apartados del resto y casi como observadores de un encuentro de etiqueta al que están poco acostumbrados, hacían ronda los intendentes Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis y Ariel Sujarchuk, de Hurlingham, San Martín y Escobar, respectivamente. Tres distritos en los que Cambiemos quiere dar el batacazo en el 2019. Algunos de los dirigentes del peronismo que se dieron cita anoche –Diego Bossio, Juan Manuel Abal Medina, Marco Lavagna, Facundo Moyano y otros diputados y senadores también dieron el presente- en medio de un clásico de todos los años: la ausencia de figuras de peso del kirchnerismo.Uno de esos intendentes daba cuenta de la buena imagen de Cristina Kirchner en su distrito, de los aumentos de tarifas y el golpe a la clase media bonaerense, y del “ruidazo” que, según decía, se hará sentir en ese sentido con fuerza a última hora de la tarde de mañana en el corazón del conurbano.La inflación fue, según varios de los consultores presentes, uno de los temas de discusión de la noche. Y la variable principal que atravesará la gestión de Macri de cara a su eventual reelección en el 2019.La mesa sindical estuvo representada por Armando Cavalieri, Héctor Daer, José Luis Lingeri, Gerardo Martínez, Omar Maturano, Andrés Rodríguez, Víctor Santamaría y Carlos Sueiro. Se mezclaron en la previa con empresarios de la talla de Eduardo Elsztain, Cristiano Ratazzi y Alejandro Bulgheroni.Peña fue uno de los últimos en ingresar al cóctel junto a su mujer, seguido por el secretario General de la Presidencia, Fernando de Andreis. Se toparon en la entrada con el diputado Mario Negri, uno de los principales dirigentes del radicalismo, después de una semana de crecientes cortocircuitos entre la UCR y el PRO. No estuvo Elisa Carrió -no suele ir- ni Alfredo Cornejo, el gobernador de Mendoza con el que el jefe de Estado está furioso.Graciela Fernández Meijide, Laura Alonso, Mariano Federici -de la Unidad de Información Financiera (UIF)-, los consultores Rosendo Fraga, Sergio Berensztein, Juan Germano y Pablo Knopoff; Federico Salvai, Adrián Pérez, José Torello, Santiago Corcuera -juez de la Cámara Nacional Electoral-, Diego Santilli y Nicolás Caputo -el más íntimo de los amigos de Macri- fueron otros de los que se hicieron presentes.”El cambio climático es un hecho. La cuarta revolución industrial, otro fenómeno inexorable. El Poder está mutando, se volvió más complejo, cada vez va a ser más fácil ganarlo, pero también perderlo. Todos los partidos políticos del mundo están sin brújula. Un desafío central pasa por cómo implementar reformas en la educación secundaria. Los 800.000 chicos que están en primer grado van a terminar el secundario en 2030. Uno de cada tres empleos son informales. Cuarenta por ciento de niños aún son pobres. Va a requerir como condición necesaria que logremos bajar la inflación pero que haya políticas específicas. Reformar la Justicia es una tarea imprescindible, pero que requiere constancia”, enumeró Pomares entre los desafíos, precedida en la palabra por Jorge Mandelbaum, presidente del consejo de administración de CIPPEC.En medio de ese monólogo, los ministros Rubinstein y Finocchiaro ya estaban enfrascados en su mesa un interesante debate en torno a la despenalización del aborto que se discute en comisiones en el Congreso.Pero entre las más solicitadas, antes de los discursos, del plato principal y de las presentaciones -el evento estuvo a cargo de Juan Pablo Varsky-, estuvo Inés Weinberg de Roca, la presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) porteño que Macri ungió hace algunas semanas como candidata al Ministerio Público Fiscal. El sillón que dejó vacante Alejandra Gils Carbó y que ocupa Eduardo Casal interinamente.Según pudo reconstruir este medio por las charlas que tuvo en el cóctel de bienvenida con diversos dirigentes, se mostró serena con su postulación y de cara a la discusión en el Senado, y negada a las versiones que dan cuenta de que conoció al Presidente en el gimnasio que éste frecuentaba cuando era jefe de Gobierno. “Nunca fui, no sé ni dónde queda”, juraba.Y recordaba la tarde de mayo del 2013 en la que la Legislatura aprobó su pliego a contrarreloj, después de dos sesiones frustradas y tras fatigar algunos despachos. La jurista explicó, según confiaron los presentes, que en aquel momento tuvo reuniones pero que fueron armadas por legisladores del PRO, un antecedente que podría volver a repetirse en vísperas del análisis de su legajo y sus antecedentes por parte de los senadores opositores. Después de esa explicación ante los dirigentes que la escuchaban, según reconstruyó este medio, y minutos antes de pasar al salón principal para la cena, Weinberg de Roca lo frenó a Santilli: se saludaron, efusivos. Un par de horas después, lo de todos los años: los que esperaron por el postre y el café los degustaron ya parados, en medio de un pabellón bastante despoblado. 

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