Con bar y más salas reabrió el Museo de Arte Moderno

Con los plazos cumplidos, este jueves reabrió sus puertas el nuevo MAMBA. La refuncionalización del Museo de Arte Moderno del barrio de San Telmo mejora las circulaciones y unifica los edificios existentes. El actual, sobre la Avenida San Juan, y el de la esquina de la calle Defensa que originalmente albergaría al Museo del Cine. La vinculación entre ambos permitió incorporar 1.700 m2 de salas de exposiciones, espacios para talleres educativos, una cafetería, la biblioteca que se mudará el año que viene y un puñado de espacios que optimizan la experiencia.

Escultórica. La escalera vincula los dos edificios. Fotos: Andrés D’Elia.

Ahora, con 4 mil m2 más, el patrimonio que estaba en sótanos y depósitos tiene por fin su propio lugar. Para celebrarlo, se inauguró una mega muestra que se extiende por todo el museo. Historia de dos mundos: Arte experimental latinoamericano, en diálogo con la colección MMK, 1944–1989, es una expo internacional del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y del Museum für Moderne Kunst Frankfurt (MMK).

Muestra. La mega expo Historias de dos mundos, ocupa la totalidad de las salas.

La ampliación lleva la firma del estudio MSGSSS/Vinson, en tanto los responsables del proyecto fueron los arquitectos Carlos Salaberry y Matías Ragonese. “El museo se abre al barrio a partir de la incorporación de la tienda y bar que funcionará de manera independiente”, explica Ragonese, autor de este espacio de 100 m2 al que se accede por el mismo ingreso que al museo.

Expo. Gran despliegue en las salas ampliadas.

Tomar la esquina implicó abrir la pequeña calle interna paralela a la autopista. Esta operación era una cuenta pendiente que el autor del proyecto original Emilio Ambasz aprobó. “Desde la planta baja hasta el segundo piso, el proyecto generó mayores opciones de exhibición y nuevos espacios. Demoler los núcleos de ascensores del edificio en esquina generó una segunda escalera, escultórica, que a su vez permitió ubicar depósitos y aulas”, señala la arquitecta Sonia Terreno, a cargo de la ejecución del proyecto por la Dirección General de Infraestructura del gobierno porteño.

Luz. Se abrieron ventanas a la calle.

La escalera es la gran protagonista de la ampliación. Enmarcada entre paredes negras genera tiras en zig zag que recorren el espacio ganado. Los escalones de mármol y el diseño de la iluminación completan la puesta escenográfica.“Es interesante el contraste que se da entre los lucernarios que se abrieron y la textura del mármol que alfombra la escalera. Ese juego de luces y sombras está enfatizado por las paredes oscuras, las barandas en hierro y los espejos opacos que acompañan el recorrido e interpela a los visitantes”, explica Terreno.

Contraste. La escalera combina hierro, mármol y espejos.

También se incorporaron dos ascensores y ventanas que permiten la entrada de luz natural a las salas y propician distintas vistas de San Telmo. De esta manera, el barrio se integra aún más al Museo y desde el interior cobran visibilidad sus cúpulas y la vía pública.

Reapertura. En una esquina emblemática de San Telmo.

La piel verde que envuelve las fachadas fue una idea presente en el anteproyecto de Ambasz, quien sugirió un remate arbolado y presencia vegetal en el frente. La historia del edificio de corte inglés data de 1918: Pertenecía a la tabacalera Nobleza Piccardo, por eso las tareas de restauración patrimonial de la fachada pusieron especial énfasis en recuperar los logos de los famosos cigarrillos 43.

Fachada. Se conserva el logo del icónico cigarrillo 43, de la ex tabacalera.

De arquitectura ladrillera a contenedor cultural con espíritu lúdico, el MAMBA se reinventa una vez más. «

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