Los riesgos de ser “amigos con derecho a roce”

El remanido dilema sobre si existe la amistad entre el hombre y la mujer les parece caduco. No sólo celebran este vínculo sino que también capitalizan aquello que inspiraba ese cuestionamiento: la atracción mutua. Los amigos con derecho a roce son cómplices en la vida y en la cama también, pero tienen muy claro que no son una potencial pareja. Saben que el enamoramiento es una frontera que no deben cruzar; que deben ser muy cautos y claros para no generar malentendidos; que los acuerdos se respetan a rajatabla y que la intimidad tiene un límite llamado romanticismo. Y es una línea muy delgada.​Entre ellos hay compañerismo, afecto y placer sexual pero nada de compromisos forzados, ni mucho menos exclusividad. ¿Se trata de un exponente de los vínculos escurridizos descriptos por Zygmunt Bauman en El amor líquido o de la versión más honesta y genuina de la relación erótico-afectiva que pueda haber entre dos personas?
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A la periodista Verónica Malamfant, la cuestión le generó tantas inquietudes que se involucró en un trabajo de campo que derivó en el libro Amigos con derecho a roce: manual de abusos y costumbres, publicado por editorial Vergara: “Descubrí un nuevo mundo de las relaciones humanas donde la regla era simple y clara, no enamorarse, sexo con reglas y sin compromiso. Nada de histeriqueo, sólo la confidencia que plantea una relación íntima y sexual, donde se comparten cosas, pero donde ambos son claros, sin engaños ni celos. Una relación de goce únicamente”, explica.Lo que en teoría suena como un contrato justo y eficaz, en la praxis se contamina de emociones y malentendidos que pueden ir en detrimento del código implícito del vínculo sexual y, en el peor de los casos, terminar con la amistad. Sin embargo, en la era del disfrute y del cuestionamiento de los mandatos tradicionales, este modelo tiene cada vez más adeptos. Pero el formato no está exento de paradojas, sobre todo cuando su modus operandi ideal tiene tantas reglas como una relación convencional.

“Amigos con beneficios”. La película, dirigida por Will Gluck, con Mila Kunis y Justin Timberlake. Un ejemplo del tema en el mundo del cine.

A mi manera“Siento que no estoy hecha para las relaciones de pareja típicas. Me generan bastante claustrofobia. Hay quienes con tal de estar de novios se autoengañan, fuerzan un enamoramiento que no es tal. A mí me cuesta engancharme de verdad y no quiero ser hipócrita. En cambio, estar con un amigo es perfecto porque te cuida, te conoce y al mismo tiempo no te ata como un novio, podés seguir viendo a todas las personas que quieras. Con Fede nos conocimos en la facu, durante tres años lo nuestro fue una amistad común y corriente hasta que empezamos a tener sexo. Y la verdad es que siempre fluyó bien el tema porque hay cariño, hay atracción, pero no hay esa cosa pegajosa entre nosotros. Tenemos épocas en que nos podemos llegar a ver hasta dos veces por semana y después capaz que pasan dos meses y ni noticias. En nuestra relación no hay nada predeterminado, ningún protocolo de cómo deben hacerse las cosas pero sí hay mucho respeto. Por ejemplo, en un momento, él se puso de novio y yo me abrí hasta próximo aviso sin ningún tipo de reproche. Tampoco le ando contando a todo el mundo qué hago o qué dejo de hacer con él. Me ha pasado de compartirlo con alguna amiga y que se pusiera muy cargosa con interpretaciones sobre por qué esta relación debería convertirse en algo más.” (Camila, abogada, 28 años).El disfrute y la sinceridad con uno mismo y con el otro son las banderas de quienes incursionan en este tipo de relación. La palabra que se reitera es autenticidad: no fingir aquello que no se siente es un valor. Verónica Malamfant detectó que son los más jóvenes, los centennials, y en menor medida los millennials, quienes mejor se adaptan a estos formatos.

No te enamorarás. Ese el mandamiento que permite que una relación de amistad subsista sin contaminación de “sentimientos románticos”.

El componente de género también está presente: desde el ámbito psi, son muchos los profesionales que afirman que es cada vez más frecuente que sean ellas quienes opten y defiendan los beneficios de este tipo de relaciones. Para el psicoanalista y doctor por la UBA Luciano Lutereau, este cambio está dado por el progresivo empoderamiento femenino que hace que las mujeres jóvenes ya no teman ser estigmatizadas por vivir el erotismo de un modo más libre. También señala que la aparición y la proliferación de este tipo de vínculos expresa cómo se piensa la pareja hoy, que está muy lejos de ser una obligación: “Separar la pareja de la sexualidad, sin que ésta sea vivida como algo que deba ser ocultado o prohibido, sin que cargue con la hipoteca del miedo a ser juzgados o el amor romántico. Es decir, que se la pueda vivir de manera más libre, incluso entre amigos, es la oportunidad de vínculos de mayor cuidado y con un compromiso no impostado”.Libertad, sí, pero con protocolo​ “Después de terminar una relación de diez años, me dediqué a conocer gente por redes sociales y aplicaciones de citas. Pero también me volví a acercar mucho más a mis grupos de amigos, y sobre todo a Martina, una ex compañera de la primaria y la secundaria con quien siempre nos habíamos tenido ganas. Al principio era perfecto, teníamos toda la piel, muchas cosas en común, desde anécdotas hasta el mismo sentido del humor. Ella también acaba de separarse y habíamos conversado que no queríamos meternos en una relación. Pero a los tres o cuatro meses de vernos, una vez por semana en promedio, ella se fue poniendo más demandante. Se me aparecía en casa sin avisar o me mandaba WhastApps de forma constante para ver en qué andaba. Sentí que ella me estaba controlando y que había tomado el período anterior como el preámbulo a un noviazgo que yo no estaba dispuesto a encarar. Cuando le plantee pautar las cosas, vernos menos para que no se dieran confusiones, se enojó mucho y me dijo que era un estructurado, que me ponía tan rígido que arruinaba todo. Desapareció por un tiempo y cuando volvió fue para decirme que se había enamorado de mí y que quería todo o nada. Así que me quedé sin amante y sin amiga.” (Martín, médico, 42 años).

“Amigos con derecho”: así se llamó el hit que la banda Reik y Maluma compartieron en 2018.

De existir un decálogo con mandamientos de las amistades con derecho a roce, el primero debería ser: “No te enamorarás”. Cuando una de las partes empieza a tener expectativas que van más allá del vínculo inicial, la decepción está garantizada. “Estas relaciones devienen insatisfactorias no necesariamente por malentendidos, sino por el deseo unilateral de transformar en un vínculo de pareja convencional lo que era una amistad con encuentros sexuales ocasionales. Es fundamental que el acuerdo inicial tácito o explícito se mantenga y resulte satisfactorio”, aporta Claudia Quiroga Daldi, counselor especializada en sexualidad y miembro de la Asociación Argentina de Counselors.El chequeo constante​ Hay quienes piensan que sostener encuentros con demasiada regularidad puede generar ambigüedades sobre los alcances de este formato. Sin embargo, Quiroga Daldi lo relativiza: “La confusión la produce la falta de una definición clara de los límites de la relación. Este tipo de vínculos requiere de un chequeo constante con respecto al grado de satisfacción que produce. Lo importante es que la confianza, la comunicación y el afecto propios de la amistad se mantengan para que, en caso de que aparezcan diferencias de expectativas, puedan explicitarse y ajustar lo que sea necesario para que esta situación no produzca sufrimiento. Prestar atención a las necesidades propias y no dar por sentadas las ajenas es fundamental”.Gays: los señores de nadie“Lo de amigo con derecho a roce es algo que asumí desde un principio, algo que tengo naturalizado desde los 19 años, cuando empecé a relacionarme con otros varones. La diferencia es que, hace 10 o 15 años, si yo le contaba algo de esto a una amiga heterosexual, capaz que se escandalizaba un poco o al menos lo veía como algo típico de ‘puto fiestero’. Hoy todos hablan de poliamor, usan lenguaje inclusivo y el sexo entre amigos se generalizó. Cayó una barrera de represión muy fuerte. Hay una madurez que antes no veía, aunque tengo la sensación de que a la mayoría todavía le cuesta disociar lo afectivo del sexo, y ahí es cuando surgen los líos. Según mi experiencia, es algo muy positivo que viví con diferentes personas, incluso mientras estaba en pareja. Y siempre con total libertad. A veces son encuentros espontáneos y muy esporádicos, con otras personas hay momentos de más intensidad que después se cortan, pero eso no tiene por qué impactar negativamente en la amistad. Al contrario, yo creo que le da una dimensión más interesante.” (Damián, 42, cocinero). En las cuestiones vinculares, las diferencias entre heterosexuales y homosexuales son notables. Mientras los primeros todavía son rehenes de las premisas del amor romántico –que incluye en el combo los celos, la posesión y la exclusividad—, los segundos, en muchos casos, encuentran menos dificultad en llevar adelante vínculos en que la ternura se superponga con la amistad.Sin embargo, Luciano Lutereau advierte que cabe hacer una distinción entre la homosexualidad masculina y la femenina: “Para los varones, la unión entre amistad y erotismo es una referencia constante en la historia, desde los griegos y, por cierto, en absoluto implica degeneración sino que es una vía de formación masculina. Para las mujeres homosexuales, antes que relaciones sexuales junto con la amistad, suele darse una erotización de la ternura (besos, abrazos, caricias, etc.), que también tiene una función de contención y compañía. Lo fundamental, en ambos casos, es que esta liberación no tiene nada que ver con la promiscuidad que a veces tanto se denuncia, sino todo lo contrario, ya que es la ocasión de vínculos en los que la sexualidad se vive de manera mucho más responsable”

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