Ana Rosenfeld en Punta del Este: “Invierto en zapatos y carteras porque es lo único que no cambia de talle”

Ana Rosenfeld recibió a Infobae en la intimidad de su hogar esteñoEn medio de sus vacaciones en Punta del Este, Ana Rosenfeld interrumpió su descanso y abrió las puertas del espectacular departamento en el que veranea desde hace 25 años junto a su marido, Marcelo Frydlewski.Sentada en un sillón de su gran balcón y con una espectacular vista al mar -donde se puede ver desde el puerto hasta Piriápolis- la abogada preferida de los famosos como Marcelo Tinelli (en su divorcio con Soledad Aquino), o de Wanda Nara (en su divorcio con Maxi López) deja de lado -solo por un rato- sus casos en tribunales y abre no solo las puertas de su casa sino también las de su intimidad. “Cada vez que Susana [Giménez] me ve, me dice: ‘¡Si yo te hubiera conocido antes…!'”, cuenta divertida cuando enumera la gran cantidad de famosos que la eligieron como abogada.”El terror de los maridos”, tal como la bautizaron los medios por los resonantes divorcios que llevó adelante con éxito, contó que desde muy pequeña tenía bien en claro que quería ser abogada. Y, a los 19 años, ya estaba recibida y ejerciendo su profesión, después de haber completado la carrera en un tiempo récord: apenas un año y 9 meses.Por la cantidad de divorcios que llevó adelante conocida es conocida como “El terror de los maridos”—¿Qué le gusta de Punta del Este y por qué elige este lugar para descansar?—Hace 40 años que vengo a Punta del Este. Me gusta porque estoy a un paso de Buenos Aires, tengo a mis amigos de la Argentina con los que comparto todo, y vienen a casa a hacer asados y reuniones familiares. Por otro lado, estoy a tiro por si tengo que volver a Buenos Aires por cualquier cosa. ¡Estoy lejos pero estoy cerca! Además, me gusta porque la idiosincrasia de los uruguayos es tan parecida a la nuestra, que me siento en casa.—Y le encanta navegar en su barco.—Compré este departamento, en la Beverly Tower, y además, me resulta fácil traer el barco. Tiene 72 pies y lo hizo mi marido. Compramos el casco y lo personalizamos. Viajamos a exposiciones de barcos en los Estados Unidos y, de cada barco, copié lo que más me gustaba. Todo lo que me gustaba de los grandes barcos lo aggiorné a uno más pequeño. Tiene un tinte europeo. Lo hice porque me encanta la actividad náutica y le dedico mucho tiempo.Acá salgo a navegar todos los días. Siento que tengo paz. Algunas veces salimos con amigos y otras vamos con el gomón a visitar sus barcos. Vamos para el lado de [la Isla] Gorriti, o para Solanas. Así que lo único que hago es agarrar una botellita de algo rico o un kilo de masas y me voy a los barcos vecinos. Ahí compartís.La espectacular vista al mar desde su departamento en La Mansa—¿Cómo conoció a su marido, Marcelo Frydlewski? ¿Cuántos hijos y nietos tiene?—Los dos éramos divorciados y nos conocíamos de la facultad. Pasaron los años y nos reencontramos. Van a hacer 35 años que estamos juntos. A los dos años quedé embarazada de Pamela y a los tres, de Stephanie.Tengo dos hijas maravillosas ¡y las dos también son abogadas! Una vive en la Argentina, es madre de Tomás y de Ámbar. Mi otra hija vive en los Estados Unidos con su marido, que también es abogado. Ella es madre de Philippe y tiene una plataforma de fútbol: le va muy bien con eso.—¿Por qué la llaman “El terror de los maridos”?—¡Qué pregunta! (risas) En realidad, ese título me lo pusieron. Al principio, me preguntaba si la palabra terror era buena o mala, pero después me di cuenta de que es un nombre que se popularizó de tal manera que no es que Ana Rosenfeld sea el terror de los maridos, sino que hay muchos abogados que somos capaces de inspirar respeto porque protegemos a la parte más débil.Yo siempre digo que nosotros existimos por culpa de los maridos, porque si ellos tuvieran la valentía de decir que los bienes se repartan justamente… pero no. Ellos dicen: ‘Todo es mío, vos no colaboraste con nada, simplemente ocupaste un rol de ama de casa’. Más allá de que hoy, por supuesto que la mujer trabaja y no se queda exclusivamente en la casa, pero ser ama de casa también tiene un rol sumamente importante.Así que la palabra terror al principio no me gustaba, pero después me di cuenta de que está bueno que los hombres tengan miedo o respeto a que, si los enfrentas buscando la verdad como abogado, la tenés que conseguir. Los hombres tienen que entender que no hay que acatar su decisión a la hora de un divorcio, sino que tienen que ser honestos, ser valientes y decir ‘Señora, tuvimos una vida en común, tenemos familia -más allá de que ahora la tengamos que separar- pero tengo que respetarte porque fuiste mi compañera’.

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Andate 2018 y da paso ya al nuevo año #2019🙏🙏🙏🙏🙏🙏 veniii pronto te necesitamos 🙌🏻
A post shared by Ana Rosenfeld (@ana.rosenfeld) on Dec 31, 2018 at 7:33am PST

—¿Es muy común que pase?—¡Siempre pasa eso! Al abogado lo vas a ver cuando hay un conflicto. Hay muchas mujeres que viven en una cajita de cristal y, producto de esa inconsciencia, el día que les pasa se sienten aterradas y creen que su vida se cortó a partir de que el hombre se fue. A las mujeres les digo que estén atentas, que no crean que tienen la seguridad económica comprada.—¿Qué pasa con las concubinas después de la reforma al Código Civil?—Las concubinas creen que no tienen derechos porque no están casadas. Ellas son las más perjudicadas porque los hombres se asesoran mucho y saben que, si transcurren más de 6 meses después de la separación y no hubo reclamo, vence el derecho a la compensación económica de la conviviente. Eso es muy importante, porque hay gente que no lo sabe.A partir de la separación, el hombre la deja de mantener y de tratar bien pero, cuando te vienen a ver, ya es tarde para reclamar. No es como en el caso de la mujer casada, que el plazo de 6 meses se empieza a contar a partir de la sentencia de divorcio. En el caso de la conviviente, los 6 meses se cuentan a partir de que el hombre se va, del momento de la separación.—¿La mujer conviviente puede reclamar aunque haya estado en pareja solo un año, por ejemplo?—Sí, siempre que haya habido un empobrecimiento económico de la mujer, producto de la ruptura de la pareja. Y siempre y cuando esté socialmente demostrado que eran pareja. Por supuesto que el derecho no es el mismo si convivieron poco tiempo y la recompensa tiene que ver con los años de convivencia.

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Con mi amorcito💕💕💕
A post shared by Ana Rosenfeld (@ana.rosenfeld) on Jan 4, 2019 at 9:47am PST

 —¿Es muy caro contratarla para un divorcio?—Cobro una consulta que para algunos es cara y para otros es barata, porque les doy la solución a su conflicto. La gente me busca porque tengo mucha experiencia, mucha… ¡Y en encontrar patrimonios escondidos de maridos que toda la vida hicieron lo que quisieron!Si algún día me retiro de la profesión, voy a tener un espacio en la televisión para asesorar gratuitamente a todo el mundo.—¿Le da miedo pensar en la muerte?—¡Me da pánico! Creo que la gente que dice que no le tiene miedo a la muerte tiene otra espiritualidad que yo no tengo. Soy terrenal, amo lo que hago y lo que soy; disfruto lo que tengo, lo que hago y a mi familia; planeo viajar, hacer, dejar de hacer, compartir… y sé que todo eso se acaba con la muerte. Así que tengo miedo porque no quiero que se me acaben las cosas que tengo por hacer.Una vez, un gran rabino me dijo que todos venimos a la Tierra a cumplir una misión y, que el día que la cumplimos, ahí uno parte. Así que, ¡ojalá que me sigan dando muchas más misiones! (risas)—¿Qué cree que pasa después de la muerte?—Creo que…¡chau! Se apagó todo. Yo soy “dos más dos es cuatro”, no me anden con vueltas. Para mí, se apaga todo y chau. Dejaste de existir. Probablemente quedes en el recuerdo de algunos. No creo en los cementerios: no voy a visitar a mis seres queridos porque pienso que no están ahí.Perdí a mi mamá hace diez años. Yo no estaba cuando ella murió. Fue el día de su cumpleaños. Yo estaba de viaje y la llamé por teléfono como lo hacía siempre. Y mi papá me dijo que había muerto. Me tomé el primer avión para estar en su entierro. Y, durante mucho tiempo, yo hablaba y sentía que ella estaba sentada a mi lado. Sentía la presencia de mi madre. Se lo conté a un ser espiritual muy profundo y me dijo que la dejara ir. Así que, pienso que el cementerio es solo un lugar de referencia, pero yo no creo que estén ahí. Están en otro lugar que vaya uno a saber… ¡esperemos no enterarnos! (risas)Simpática y divertida, disfruta de la vida en familia y de los asados con sus amigos—¿Se cuida mucho o nada?—Genéticamente, soy una mujer que puede cambiar de talle. Tengo una variación de un small a un large, pero promedio soy medium. Tengo una variación física importante, porque no hago gimnasia y, entonces, soy un envase sin contención. La gimnasia te endurece y, si tenes algún kilo demás, el cuerpo lo contiene porque está duro.Yo no me puedo quejar porque nunca hice gimnasia y los kilitos no se me notan. Y no hago gimnasia! Cumplí 64 años y siempre digo que, si hubiera tenido ganas, tendría un lomazo. Porque sé que, genéticamente, vestida doy. Pero nunca me importó exhibir el cuerpo. Sé que vestida estoy muy bien así que, en definitiva, como es tan poco el tiempo que estoy en malla, me cubro con un pareo. Ojo, que igual no estoy tan mal, eh? (risas) Pero la gimnasia no me gusta y tampoco tengo cirugías, solo de lolas después de los partos.En la cara no tengo ni siquiera botox, nada de nada. Lo único que hago por mi cara es mesoterapia cada 15 días. Y tomo sol, pero en el cuerpo. Nunca en la cara, porque me la maquillo y listo.—¿Le interesa la moda?—¡Me encanta! Compro todo cuando viajo. Soy consumidora de zapatos y carteras porque eso es lo que nunca cambia de talle! (risas) Además, para mí no pasan de moda. Hay gente que dice ‘¡Pero esa cartera es del año pasado!’ (risas) ¡A mí no me importa! Yo las tengo tan cuidadas… además, todo vuelve. Tengo carteras de varias temporadas atrás pero, están tan bien protegidas y cuidadas, que las vuelvo a usar y me felicito por haberlas guardado.Ana Rosenfeld se declara fanática de la moda: muere por los zapatos y las carteras de marca y compra ropa de playa en el verano europeo—¿Qué zapatos y carteras le gustan?—Me gustan los zapatos de Valentino, Gucci, Chanel, e Yves Saint Laurent. Los zapatos tienen que ser cómodos. También tengo de marcas más baratas porque son cómodos. ¡Priorizo la comodidad porque el dolor de pies duele en la cara!. La inversión se justifica en que no cambio de talle de zapatos, la cartera tampoco cambia y elijo lo clásico, que nunca pasa de moda. Siempre priorizo los stilettos.En cuanto a carteras, me gustan todas las de marca: Gucci, Chanel, Prada, Louis Vuitton… ¡Compro y uso! La ropa de playa la compro en el verano europeo. En Capri, que es mi lugar en el mundo. El día que no me encuentren, ¡voy a estar ahí! (risas). No me compro ropa cara: mis inversiones son en zapatos y carteras.—Sé que está de vacaciones, pero no puedo evitar preguntarle por el caso de Juan Darthes. Empecemos de cero, ¿cómo llegó a contactarla?—Hace cinco años atrás, me llama María (su mujer) para contarme que Calu Rivero estaba diciendo -por todos lados- que Juan la había acosado. En ese momento, salí en su defensa porque no se entendía claramente a qué se refería Calu, hasta que finalmente terminó aclarando que, en realidad, nunca hubo ni abuso, ni acoso. Fueron palabras textuales de ella. En ese momento, Juan se puso muy mal y estaba muy enojado porque decía que le perjudicaba la imagen. Pero, inmediatamente, Calu salió a desmentirlo.Pasó el tiempo, le hacen una nueva nota a Calu y vuelve con el tema. Pero, a diferencia de la vez anterior -donde hablaba de abuso y de acoso- directamente dice que hubo un exceso de besos y que eran inapropiados. Juan me vuelve a llamar y me dice que no iba a permitir que lo difamen. Así que me pide que tome cartas en el asunto.Vi todos los crudos, los tapes, las escenas… y, de verdad, no había absolutamente nada que hiciera presumir que estuviéramos frente a esa situación que Calu describía. Así que acepté defenderlo porque realmente entendí que había que limpiar su imagen de palabras que no eran claras. Porque Calu fue muy contundente cuando dijo ‘no hubo ni abuso, ni acoso’Y, luego, cuando empieza con el tema de que los besos eran inapropiados o excesivos, por supuesto que, con el realismo que se pide hoy en una novela, eso no existe. ¿Qué significa? Hoy las novelas quieren más y más, porque si no cambias de canal. Si no tenés una novela en la que haya fuego, que haya cuerpo, besos…todas esas cosas hacían que, de alguna manera, yo viera que no había absolutamente nada para ensuciar el nombre de Juan. Entonces, hago una demanda.La abogada desde su piso en la Beverly Tower de Punta del EsteAl principio, Juan no quería cuantificarla. Además, vi las entrevistas que le hacían a Calu, donde decía que había que calentar la pantalla: con lo cual el juego era mutuo. Así que entendí que Juan podía perfectamente ser un cliente mío, por la forma en la que defiendo los derechos y por la forma en la que me pongo la camiseta del cliente. Y, además, porque entendía que los derechos que Juan estaba reclamando eran absolutamente verosímiles.Acepté su defensa y teníamos una audiencia el 13 de diciembre, que es mi cumpleaños y nunca trabajo. Pero ese día era muy importante para Juan, porque quería que se limpiara su nombre. Así que fui. Llego de viaje y me entero por muchos periodistas que iba a haber una denuncia pública pero nadie se animaba a ponerle el título: no eran claros, no me lo hacían saber pero me decían que era muy grave y que la persona denunciada era Juan.—¿Y qué hizo?Lo llamé, le dije que me fuera honesto porque yo lo estaba defendiendo y me había puesto la camiseta a full. La prueba era contundente a favor de Juan pero le dije que si realmente pasa lo que pasa y la denuncia tiene el título que tiene, con ese titular yo no me siento en una mesa con nadie. Es ahí donde le hago saber mi renuncia, me dice que la entiende y la hago pública.Le dije que la hacía pública porque todo el mundo sabía que era su abogada y, como al día siguiente era la audiencia del 13 de diciembre, todos me llamaban a mí para saber la hora y el lugar. Así, que quise que se supiera públicamente que no iba a ser su abogada.—A partir de ahí, dio un paso al costado.Sí. Muchos linkearon que mi renuncia tenía que ver con que el hombre que iba a ser denunciado al día siguiente era él: pero eso es problema del que lo linkeó, porque en definitiva era público que yo era su abogada. Renuncié en el momento en que me enteré, no la iba a hacer después como consecuencia de…Si hoy me entero que la persona sospechada sos vos, es hoy cuando renuncio. Y renuncié cuando me enteré. No esperé nada, por mis principios éticos y morales: tengo mi límite. Además, hubo mucho oportunismo de colegas que opinaron cualquier cosa porque, en definitiva, yo no ventilé absolutamente nada de la causa que tenía con mi cliente.Entiendo que hablar de un delito sexual siempre es muy delicado pero, cuando encima hablas de un menor, ya estás hablando de otro tipo de cuestiones. Ya no importa si fue consensuado o no: ¡no me importa nada! ¡Estás hablando de una menor de edad!Fotos: Matías Souto

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