Harvey Weinstein, el productor hollywoodense acusado de acoso y abuso sexual. Credit: Jeenah Moon para The New York TimesDos años antes de que se hicieran públicas las acusaciones de acoso y abuso sexual en contra de Harvey Weinstein, su propio hermano y socio empresarial, Bob Weinstein, lo confrontó para pedirle que buscara tratamiento médico por lo que llamó muchos años de “malas conductas”.”Has hecho quedar mal a la familia y a la empresa con tus malas conductas”, escribió Bob Weinstein. “Tu reacción, una vez más, fue culpar a las víctimas o menospreciar tus acciones. Si crees que no hay nada malo en lo que estás haciendo en estos temas entonces cuéntaselo a tu esposa y tu familia”.Esa carta, nunca antes publicada, aparece en el libro She Said: Breaking the Sexual Harassment Story That Helped Ignite a Movement (Ella dijo: reportar las historias de acoso y hostigamiento que ayudaron a desatar un movimiento), escrito por Jodi Kantor y Megan Twohey, dos reporteras de The New York Times que revelaron la historia de aquellas presuntas malas conductas de Weinstein. Ese reportaje avivó el movimiento mundial de #MeToo. El libro, publicado el 10 de septiembre en inglés con Penguin Press, comparte nueva información sobre el papel que desempeñaron varias personas en permitir a Weinstein que operara así y en cubrir sus rastros.También nombra a las fuentes clave que ayudaron a las periodistas a publicar su historia, desde empleados de The Weinstein Company hasta personas de Hollywood y otras víctimas de los abusos por los que el productor fílmico ha sido denunciado.A partir de una nueva investigación y de documentos, correos y mensajes de texto corporativos que no habían sido revelados, She Said devela más de las supuestas transgresiones de Weinstein, así como del laberinto de acuerdos de confidencialidad y pagos secretos que les permitieron a él y a otros hombres poderosos esconder sus conductas y seguir prosperando en sus carreras, con más víctimas de por medio.Weinstein, que actualmente enfrenta cargos penales de abuso sexual y de violación, ha negado haber tenido sexo no consensuado con nadie y se declaró no culpable.Una de las principales figuras de She Said es un exejecutivo de The Weinstein Company, Irwin Reiter. Reiter es un contador que trabajó para Weinstein por décadas y que se escandalizó por la conducta del productor hacia las mujeres. Acudió en vano ante la empresa para expresar sus preocupaciones. El libro revela que fue Reiter quien compartió con las periodistas un memorando interno de una empleada que describió a detalle cómo Weinstein acosaba de manera rutinaria a trabajadoras de la compañía y a actrices. Reiter también alertó a Twohey y a Kantor, que ya estaban investigando los acuerdos financieros para acallar denuncias de décadas atrás, de que había acuerdos de ese tipo más recientes, lo que le dio más urgencia a la investigación y el reporteo.She Said también da a conocer la identidad de una mujer que acusó a Weinstein y que había evitado hablar en público durante quince años: Rowena Chiu, exasistente en Miramax (la anterior casa productora de Weinstein) que recibió un pago a cambio de guardar silencio en 1998, después de que él presuntamente abusó de ella en una habitación de hotel. A decir de Chiu en el libro, la obligaron a mantenerse callada por un acuerdo de confidencialidad muy restrictivo e incluso la conminaron a regresar a trabajar a Miramax en un aparente esfuerzo de Weinstein por mantenerla cerca de él. Chiu tuvo problemas graves de depresión e intentó suicidarse.Durante veinte años no contó lo que le había sucedido y comenta que incluso no le pudo decir nada a su marido por temor al acuerdo. (Weinstein ha negado que la historia de Chiu sea verídica).Bob Weinstein, el hermano del productor, ofrece en el libro sus primeros comentarios extensos desde que se publicó el primer reportaje. Afirma que se equivocó al pensar que el problema de su hermano era una adicción al sexo —lo que consideró porque el mismo Bob Weinstein no había revelado que estaba recuperándose de una adicción a las drogas y el alcohol— y que por ello cesó en sus esfuerzos por intervenir. “Me desgasté”, les dijo a las periodistas. “Dije: ‘Me rindo’, ¿saben?”.She Said también explora cómo se desenvolvió el periodismo de investigación de The New York Times para el tema: es una crónica de cómo se fue armando el artículo desde que Twohey y Kantor llamaron por primera vez a las actrices que pensaban que posiblemente tenían historias que contar sobre Weinstein y cuando las reporteras intentaban identificar quiénes habían sido pagadas a cambio de firmar un acuerdo de confidencialidad. Gwyneth Paltrow, una de las actrices que protagonizó varios filmes producidos por Weinstein, tenía miedo de revelar lo que sabía si se iba a usar su nombre, pero el libro describe que al final se volvió una de las principales fuentes al compartir su propia historia y al intentar convencer a otras actrices de que rompieran su silencio.She Said también exhibe a algunas figuras que se presentan como grandes aliadas de víctimas pero que, a la vez, han ganado dinero gracias a los acuerdos de confidencialidad que silencian a esas víctimas.La abogada Gloria Allred es una de las personas que más habla de combatir el acoso y abuso sexual vía el sistema judicial estadounidense. Sin embargo, en privado, su firma ayudó a negociar el acuerdo de 2014 por el que una víctima de Weinstein tuvo que quedarse callada; el despacho de Allred recibió el 40 por ciento del pago. (La firma también ha trabajado en gestionar acuerdos fuera de tribunales por los que callaron víctimas del médico de gimnastas Larry Nassar y del exconductor de Fox News Bill O’Reilly). Allred fue entrevistada para She Said y les dijo a las periodistas que defiende el recurrir a los acuerdos fuera de tribunales y de confidencialidad pues sus clientes no son obligadas a firmarlos y a veces prefieren hacerlo para mantener la privacidad.Libro She Said: Breaking the Sexual Harassment Story That Helped Ignite a MovementLa hija de Allred, la también abogada Lisa Bloom, es una destacada defensora de víctimas de delitos sexuales. No obstante, el libro revela que Bloom estaba trabajando en secreto para Weinstein —con cobros de hasta 895 dólares la hora— para que Twohey y Kantor pusieran fin a su investigación y para que las denunciantes de Weinstein no dijeran nada. En un memorando confidencial dirigido a Weinstein y escrito por Bloom en diciembre de 2016, que aparece en She Said, la abogada ofreció ayudar al productor a empañar la reputación de una de las mujeres que lo acusó, la actriz Rose McGowan.”Me siento capacitada para ayudarte contra las Roses del mundo, porque yo ya he representado a tantas de ellas”, escribió Bloom en el memorando. En él también incluyó una guía de propuestas para intimidar a las denunciantes o para hacerlas parecer como mentirosas. Una de las tácticas sugeridas por Bloom era para socavar a McGowan: “Podemos lograr que haya un artículo que diga que ella está cada vez más histérica para que si alguien la busca en Google aparezca eso y no le crean”.Twohey y Kantor revelan que Bloom, la abogada, acompañó a Weinstein cuando él hizo una visita sorpresiva a las oficinas del Times el día antes de que se publicara el reportaje original, con la intención de darles a las periodistas información para pintar a varias de las mujeres que habían denunciado a Weinstein en el artículo —como Ashley Judd, la primera actriz que habló sobre su experiencia— como trastornadas y poco fiables.Bloom dijo después que había cambiado de bando para trabajar con Weinstein con la intención de que él se disculpara por su conducta. Le comentó a las reporteras que “se arrepentía profundamente” de haberlo representado legalmente, lo que calificó como un “error colosal”.Además de She Said, hay varios libros de próxima publicación sobre el caso de Harvey Weinstein y el movimiento #MeToo. En octubre se publicará Catch and Kill: Lies, Spies, and a Conspiracy to Protect Predators, en el que el periodista Ronan Farrow hablará de su propia investigación respecto a las acusaciones contra el productor, y habrá un libro de ese tema por el escritor de The New Yorker Ken Auletta.Hay otros libros que hablan del movimiento #MeToo y de sus consecuencias. La periodista Abigail Pesta ha escrito sobre el abuso sexual reiterado contra gimnastas jóvenes por parte de Larry Nassar. Además, otros reporteros del Times —Rachel Abrams y James B. Stewart— publicarán un libro sobre Les Moonves, el exdirector de la cadena de televisión estadounidense CBS, que fue denunciado por acoso y abuso sexual por varias mujeres, y la periodista Julie K. Brown, del Miami Herald, tiene un libro sobre su investigación del abuso sexual de Jeffrey Epstein.

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