La Avenida 9 de Julio, tal como hoy se la conoce, se construyó en 1979. Para ensancharla, se derribaron varios palacios que estaban en la traza actual, excepto la Embajada de Francia. En el solar resultante, los edificios a medio demoler que se confunden con Beirut o Alepo después de un bombardeo fueron la escenografía que Dalila Puzzovio –protagonista del mítico Instituto Di Tella– eligió para retratar una falsa producción de modas. “Mientras unos construyen otros destruyen”, se llamó la performance, que con el mismo nombre tiene ahora una relectura en forma de muestra en la galería Rolf Art.Más que atractivo, delante de esas ruinas todo resplandece con pulso vital: se recrea una boda con pastel–cedido por la tradicional casa Ochoa–, canapés de rigurosa prolijidad y la elegante novia (la modelo Patricia Miccio) junto al novio vestido en las mejores sastrerías. Como los trajes del cortejo, todo fue diseñado por la artista especialmente para la revista Claudia de agosto del 79, donde un editor le cedía unas páginas para expresarse y ella publicaba horóscopos, ilustraciones y falsas producciones de moda como esta, titulada “Pan, amor y fantasía”.

El croma verde y la mesa fueron reconstruidos en la galería Rolf Art.

Puzzovio custodió en su archivo personal los negativos nunca antes copiados del registro, que en la galería son gigantografías de sorprendente nitidez y, en un sobre, las copias de época de un registro paralelo de la producción: fotos pequeñas y desteñidas que abren la puerta a los detalles: los sacones de piel auténtica que usaban entre tomas, los escombros que sostenían el croma verde, la artista retocando el maquillaje… La muestra se completa con un ejemplar original de la revista, que transmite el espíritu de la época y el gesto irreverente de un medio editorial convertido en espacio de expresión artística. Para entonces, ella ya había participado en exposiciones como El hombre antes del hombre (1962), junto a Marta Minujín y Rubén Santantonín en la galería Lirolay y la famosa New Art of Argentina de 1964, organizada por el Walker Art Center de Minneapolis y el Di Tella.La performance que en una lectura celebra la vida frente a la muerte y destrucción de la dictadura, también recupera la figura de la artista en la historia del arte argentino, como una forma de tardío reconocimiento. A los 76 años, Puzzovio asistió a la inauguración y trabajó para la exposición. Ella es “el fruto libre de una era rebelde”, dice en el texto de la muestra Raúl Flores, el curador y heredero de la tradición del Di Tella que Puzzovio gestó como grupo. Allí fue la precursora en conjugar lenguajes, desdibujando los límites entre arte, moda, diseño, producción, vestuario, artes plásticas y escritura. Algo tan contemporáneo como el vestido que lleva la novia.

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