Los incendios forestales se han vuelto una amenaza creciente en todo el mundo. La Ciudad de Buenos Aires no es ajena a esta problemática y, para hacerle frente, cuenta con la Brigada Forestal de las Reservas, un equipo especializado en la prevención y combate del fuego. Su tarea no solo se limita a extinguir focos ígneos, sino que también incluye la restauración ambiental de las áreas afectadas.El equipo está compuesto por 11 profesionales capacitados en el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF). Su base operativa se encuentra en la Reserva Ecológica Costanera Sur, pero también actúan en Ciudad Universitaria, Costanera Norte y Lago Lugano. En casos de emergencia, pueden intervenir en otros sitios del país.Entre sus funciones principales, realizan rondas diarias para detectar situaciones de riesgo: supervisan la presencia de columnas de humo y previenen la generación de incendios dentro de las áreas protegidas.“La importancia de prevenir incendios forestales dentro de las reservas es mayormente para poder proteger todo el patrimonio natural con el que cuentan estas áreas”, explica Germán Ausina, brigadista forestal de la Ciudad.Cuando se detecta un foco, este grupo responde con rapidez. Dispone de vehículos ligeros equipados con kits de ataque rápido, bombas de espalda y dos camiones con capacidad para 4.000 litros de agua. Su accionar se complementa con los bomberos de la ciudad, cuerpos de voluntarios y brigadas nacionales, dependiendo de la magnitud del incendio.El impacto del fuego en las reservasCombatir el fuego es una tarea riesgosa y, en muchos casos, angustiante. Las llamas avanzan con rapidez y destruyen en minutos lo que llevó años restaurar. “Cuando uno ve con la voracidad que el fuego avanza sobre la flora y fauna del lugar, cuando ves que, en minutos, trabajos de restauración que por ahí nos llevaron años, son afectados, a uno lo moviliza”, comenta Ausina.Además de la destrucción del paisaje, las víctimas más vulnerables son los animales que habitan en las reservas. “Es muy duro ver pastizales quemados, fauna lastimada o muerta porque el fuego no les dio tiempo a escapar”, agrega el brigadista.A pesar de ello, los especialistas encuentran satisfacción en su labor. “Es emocionante observar cómo todo el equipo, ya sean brigadistas, técnicos, personal de mantenimiento, educadores, trabajan en conjunto codo a codo, para lograr recomponer, a posteriori, ese espacio afectado y degradado”, expresa Ausina.La restauración ambiental tras los incendiosCuando el fuego se extingue, comienza otro trabajo igual de importante: la recuperación del ecosistema. Un equipo técnico de la Dirección General de Áreas de Conservación y Restauración Ambiental elabora informes sobre la superficie afectada y el tipo de vegetación dañada. Con esa información, se planifican estrategias de restauración ambiental.En ese sentido, cabe destacar que un incendio en una reserva urbana puede devastar desde una hectárea hasta grandes extensiones de terreno.Formación y equipamiento para enfrentar el fuegoDesde su creación en 2016, la Brigada Forestal fue evolucionando. En 2021 certificó a su primera camada de brigadistas y en 2023 a la segunda. Además, desde 2019 forma parte del servicio de la Regional Pampeana, integrada por Mendoza, La Pampa, la provincia de Buenos Aires y Parques Nacionales.En 2024, recibió una nueva camioneta y el mayor equipamiento en los últimos diez años. Entre los suministros entregados se encuentran equipos de protección personal, bombas de espalda y un kit de ataque rápido para vehículos ligeros.La capacitación es un pilar clave para su labor. Los brigadistas reciben formación en primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar (RCP) y manipulación de animales peligrosos en conjunto con la Dirección de Defensa Civil.Un trabajo de esfuerzo y compromisoDesde su formalización en 2021, este grupo intervino en más de diez incendios de magnitud. En algunos casos, los combatientes debieron permanecer en la reserva por días hasta lograr controlar la situación.Pese a los desafíos, quienes forman parte del equipo sienten un profundo compromiso con su labor. “La mayor satisfacción es saber que al finalizar el día todo está en calma y tener la suerte de permanecer un rato más haciendo las últimas recorridas y ver cómo la fauna transita libremente por los senderos y la naturaleza se encuentra en su máximo esplendor, sin perturbaciones”, concluye el brigadista.