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	<title>historias Archives - Big Latino News</title>
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	<description>Noticias latinoamericanas</description>
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		<title>La increíble historia de dos actores polacos que son la cara visible de un engaño que atrapó a varias ciudades argentinas</title>
		<link>https://biglatinonews.com/2024/10/07/la-increible-historia-de-dos-actores-polacos-que-son-la-cara-visible-de-un-engano-que-atrapo-a-varias-ciudades-argentinas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Oct 2024 13:18:37 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Maurycy Lyczko y Filip Wałcerz son dos actores polacos, piezas clave en una estafa piramidal...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Maurycy Lyczko y Filip Wałcerz son dos actores polacos, piezas clave en una estafa piramidal con miles de afectados en la provincia de Buenos Aires.</p>
<p><a href="https://www.clarin.com/historias/increible-historia-actores-polacos-cara-visible-engano-atrapo-varias-ciudades-argentinas_0_LfPcTtxeWa.html" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>La azarosa vida política de Richard Nixon, el único presidente de los Estados Unidos que renunció a su cargo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2024 05:25:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[richard nixon]]></category>
		<category><![CDATA[Watergate]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Richard Nixon en televisión durante la lectura del comunicado en el que anuncia su dimisión...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Richard Nixon en televisión durante la lectura del comunicado en el que anuncia su dimisión como presidente de los Estados Unidos en 1974. (EFE)<br />
Las dos presidencias de Richard Nixon, y casi toda su azarosa vida política, fueron una gran pesadilla para los Estados Unidos. No es una definición antojadiza: la dio en un discurso a la nación el sucesor de Nixon en la presidencia, Gerald Ford, pocas horas después de que Nixon se convirtiera en el primer presidente de ese país, el único hasta ahora, en renunciar.Fue en la tarde del 9 de agosto de 1974 y cuando ya Nixon viajaba al ostracismo en el avión presidencial que, para la ocasión, había perdido su nombre oficial de “Air Force One”. Nixon había dejado la Casa Blanca después de dar un patético discurso, tal vez estragado por la resaca de la noche de borrachera que precedió a su dimisión, ante su familia que no podía contener las lágrimas ni un hondo sentimiento de vergüenza ajena, frente a funcionarios que estaban a punto de pasar a ser ex y frente a una prensa anonadada por el triste espectáculo del presidente en derrota.“Mi madre era una santa”, dijo Nixon aquel día, el discurso pasó a la historia coloquial con esa frase, en lo que fue un repaso público y último de su vida a la que intentó mostrar con una blancura, una honestidad, una moralidad y un honor que su protagonista no había tenido nunca, ni siquiera en esos fatales momentos.De izquierda a derecha: Henry Kissinger, Richard Nixon, Gerald Ford y Alexander Haig. Octubre de 1973 (REUTERS) (NIXON LIBRARY/)Después, Nixon había subido al helicóptero presidencial, estacionado en los jardines de la Casa Blanca; en la puerta, antes de entrar a la aeronave, se dio vuelta, enfrentó a la gente, alzó los brazos e hizo con los dedos de sus dos manos el signo de la victoria. Nadie supo nunca qué festejaba aquel hombre. Mientras el helicóptero se perdía en el cielo de Washington, Ford caminó sobre una alfombra roja los pasos que separaban al jardín de las instalaciones de la Casa Blanca y le dijo a su esposa: “Nuestra larga pesadilla nacional ha terminado”, frase que incorporó luego a su primer discurso. No obstante, el flamante presidente se empeñó en lograr un rápido perdón de todos los delitos cometidos por Nixon. Lo logró en apenas treinta y un días.El siglo XX, que cerró sus puertas hace veinticuatro años, pródigo en guerras y en profundos cambios sociales, también lo fue en líderes políticos que ejercieron fuerte influencia sobre las sociedades que gobernaron ya sea a través del terror y los asesinatos, o gracias a una forzada persuasión diseñada por una mente brillante y atormentada. Europa lo sabe bien. El historiador Ian Kershaw habla en su libro “Personalidad y poder” de “dirigentes que, de algún modo, obtuvieron la capacidad de hacer lo que deseaban sin importar las consecuencias para los demás”.Saludo entre Fidel Castro y Richard Nixon. Entre los papeles del Watergate había documentos con los planes para asesinar al dictador cubanoNo es que el joven siglo XXI esté a salvo de sujetos delirantes que acceden al poder y al dominio de sociedades enteras, pero al menos en las últimas dos décadas historiadores y científicos pusieron sus ojos clínicos en la mentalidad de los gobernantes, los que lo son y los que lo fueron antes, en un intento acaso loable para prevenir catástrofes, aunque no para evitarlas.Nixon, que murió hace treinta años, es aún una personalidad intrincada y fascinante que obsesiona a quienes intentan comprender a una de las figuras políticas más perversas, incluso hasta infames para sí misma, de la historia estadounidense. Un estadista que pudo ser brillante, y a su modo lo fue, pero que llevó adelante un comportamiento criminal que hundió su carrera y su vida política. Un maníaco mentiroso con una obsesiva capacidad para la intriga, un manipulador del sistema político que aceptó incluso dinero de mafiosos consumados, como el banquero y financista americano de origen cubano Charles “Bebe” Rebozo, que fue íntimo amigo y confidente de Nixon, pero que estaba ligado a los mafiosos de Miami Santo Trafficante y Alfred Polizzi.A lo largo de sus dos presidencias, entre enero de 1969 y agosto de 1974, Nixon puso fin a la intervención americana en Vietnam, no sin antes bombardear con una intensidad inusitada a ese país, a Laos y a Camboya mientras en París se celebraban conversaciones tendientes a firmar la paz, una “paz con honor”, era el deseo de Nixon, que cubriera con un velo piadoso la derrota estadounidense. Pero en 1968, cuando quien buscaba la paz era su antecesor, Lyndon Johnson, Nixon había saboteado los intentos de vietnamitas del sur y del norte por poner fin a la guerra: dijo a los vietnamitas del sur que obtendrían mejores resultados cuando él fuese presidente.Nixon durante su encuentro con Mao (Everett/Shutterstock) (Everett/Shutterstock/)También logró el regreso a casa de cientos de prisioneros de guerra. En 1972, con el diseño de su política exterior en manos de Henry Kissinger, incorporó a China al mundo, visitó ese país, después de decir años antes, cuando era vicepresidente de Dwight Eisenhower, que bajo su gobierno jamás dialogaría con los chinos, y estrechó la mano del paciente Mao Tsé Tung, que así se llamaba antes de ser Mao Zedong, otro de los líderes tormentosos de la época. Reanudó relaciones diplomáticas con Pekín, que así se llamaba antes de ser Beijín, en un esfuerzo por contrarrestar la influencia de la URSS, y firmó con la los rusos un tratado de reducción de misiles antibalísticos. Su gobierno transfirió parte del poder de Washington a los cincuenta estados americanos, congeló los salarios, integró las escuelas del controvertido sur del país dominadas por el racismo; Nixon fue el presidente que se llevó la victoria de la carrera espacial con la llegada del primer hombre a la Luna en 1969, una vieja aspiración de John Kennedy que era su odiado enemigo; logró la reelección en 1972 en una de las más grandes avalanchas electorales de la historia estadounidense y cuando ya era investigado por el caso Watergate que le costaría la presidencia.Al mismo tiempo, sostuvo a Israel durante la guerra del Yom Kippur de octubre de 1973 y lo abasteció de armas, lo mismo hizo la URSS con los árabes, con lo que facilitó los posteriores acuerdos de paz en Medio Oriente. También desató al mismo tiempo la legendaria crisis del petróleo de ese año, una represalia de los productores árabes por la asistencia estadounidense a Israel. Con instrucciones precisas dadas a Kissinger, sostuvo, financió, impulsó y celebró el sangriento golpe militar en Chile de septiembre de 1973. Ya en 1970 había aportado cuarenta millones de dólares para “hacer crujir la economía chilena”, en manos del presidente socialista Salvador Allende, que había llegado al poder a través de elecciones libre. La economía chilena crujió y cuando el golpe era inminente volvió a instruir a Kissinger: “En Chile vale todo: patéenles el culo”, le dijo.Bob Woodward y Carl Bernstein, los periodistas del Washington Post que investigaron el escándalo WatergateEl 17 de junio de 1972 cinco personas entraron en la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate de Washington. No iban a robar, ni eran ladrones. Eran agentes al servicio de la Casa Blanca, algunos eran cubanos anticastristas que habían llegado desde Miami, que pretendían colocar micrófonos e intervenir los teléfonos en la sede del partido rival de los republicanos. Fueron arrestados. Dieron nombres falsos y dijeron todos, ser “plomeros”. Era una broma siniestra de uno de los espías, Howard Hunt, durante años al servicio de la CIA y en esos días consejero de seguridad de Nixon. Como la Casa Blanca los había contratado, una mera apariencia burocrática, para evitar filtraciones a la prensa, Hunt dijo: “Si tenemos que evitar filtraciones, es que somos plomeros”. Pasaron a la historia como “The Plumbers”.Los invasores de la sede demócrata no buscaban sólo intervenir teléfonos e instalar micrófonos. Buscaban los documentos que, sospechaban, tenían sus rivales sobre Nixon: “Sabíamos que los demócratas tenían un archivo lleno de mierda con rumores que podían contribuir a la destrucción del Partido Republicano”, declaró Frank Sturgis, uno de los “plomeros”. Esos papeles revelaban los planes de Nixon para asesinar a Fidel Castro, el dinero que había recibido del magnate Howard Hughes, sus aportes financieros a los golpistas coroneles griegos y el sabotaje que había desatado a la iniciativa de paz de Johnson en 1968.Los “plomeros” pasaron a la historia por algo más que por la ironía que esgrimieron para cifrar su profesión. A la tarde siguiente al asalto a Watergate, el juez interrogó a los cinco delincuentes a quienes no les creyó una palabra sobre sus nombres y profesión. Cuando preguntó a cada uno quiénes eran y de qué trabajaban, uno de ellos admitió haber trabajado para la CIA. Era James McCord, nada menos que el director de seguridad del Comité de Reelección del Presidente. Quien escuchó todo con el oído alerta fue un joven periodista del Washington Post, Bob Woodward, a quien habían enviado para cubrir la nota de un robo común y dio con el reportaje de su vida: junto a su colega Carl Bernstein, desentrañaron el caso Watergate.Richard Nixon y Henry Kissinger hablan en el Air Force One durante un viaje a China el 20 de febrero de 1972 (Biblioteca Presidencial de Richard Nixon/Reuters) (NIXON LIBRARY/)Nixon fue quien dispuso la incursión en la sede demócrata. Si no la ordenó con voz propia, la analizó como una operación de inteligencia diseñada por Gordon Liddy, un abogado, ex agente del FBI, showman de televisión, actor y jefe de los “plomeros”, ligado al espía Howard Hunt. Pero no es por el Caso Watergate que Nixon perdió su presidencia y su vida política, o no sólo por Watergate. Fue por su intento de obstruir la investigación judicial del caso, una decisión impensable en un presidente si no era que le importara nada subvertir el proceso democrático. Nixon dejó registro grabado de los días de su presidencias entre 1971 y 1973. Son miles de horas de grabación que han sido reveladas sólo en parte: muchas permanecen restringidas como material clasificado por razones de seguridad nacional o por resguardo de la privacidad de las personas citadas en ellas. Esas cintas fueron su perdición.En la larga historia del Caso Watergate, unos años apasionantes de la historia contemporánea, el centro de la batalla entre el Poder Judicial y la Casa Blanca estuvo en la decisión judicial que conminó al presidente para que entregara esas cintas y en su negativa a hacerlo. Cuando lo hizo, furioso y a sabiendas ya de que sería condenado, los fiscales del caso notaron que a una cinta clave le faltaban dieciocho minutos y medio que habían sido borrados. Asumió la culpa la secretaria del presidente, Mary Woods. Cuando le pidieron en la Corte que explicara cómo había hecho para borrar ese fragmento clave, la mujer tuvo que ensayar una pose física imposible entre su silla, su máquina de escribir y el dictáfono.Con todo, sobrevivieron varios fragmentos incriminatorios para Nixon. El presidente le hizo escuchar uno de ellos a uno de sus abogados en el Caso Watergate, Fred Buzhardt; “Hay una cinta en concreto sobre la que quiero tu opinión –dijo Nixon a su abogado– Es la del 23 de junio de 1972. Quiero que la escuches entera y que luego llames a Al para decirle qué opinas”. Al, era el general Alexander Haig, entonces jefe de personal de la Casa Blanca. En esa cinta se escucha a Nixon decirle tres veces, en forma clara y precisa, a Harry “Bob” Haldeman, a quien había reemplazado Haig, que “estaba bien” que la CIA presionara al FBI para que pusiera fin a las investigaciones de Watergate. Sólo había pasado una semana de la incursión de los “plomeros” en la sede del Partido Demócrata. Buzhardt dijo que esa era la prueba definitiva que demostraba que el presidente había cometido el delito de obstrucción a la justicia.Surgieron pruebas irrefutables de que Nixon manipuló las cintas que lo comprometían. Su secretaria, Mary Woods, declaró a la justicia que el presidente en persona había revisado las cintas durante la crisis de Watergate; lo había hecho en la residencia de Camp David y había “pulsado los botones adelante y atrás de la grabadora”, dijo Woods. En 1999, el fiscal que interrogó a Woods, Jill Wine-Banks, reveló que la cinta pudo ser borrada por Nixon: “Lo más probable es que fuera el presidente”. El fiscal especial del Caso Watergate, León Jaworski, coincidió: “Sólo el presidente tenía acceso a la cinta y a la máquina, a qué había en la cinta y a cuál fragmento podía ser incriminatorio”.El primer ministro soviético Nikita Khrushchev, junto a Nixon, sonrientes (Authenticated News/Getty Imágenes) (Authenticated News/)El historiador Anthony Summers, autor de “Nixon – La arrogancia del poder”, sostiene: “Nixon era perfectamente consciente de que la implicación en un caso de encubrimiento podía provocar su caída. Sin embargo, gracias al acceso que hoy tenemos a esas cintas, sabemos con toda seguridad que actuó en complicidad con aquel engaño desde el principio”. Y Kissinger, que no era un hombre en especial piadoso, admitió: “La araña fue tejiendo su propia red. Aunque el Watergate no se hubiera producido, las cintas habrían dañado seriamente la reputación de Nixon (…) Si las cintas hubieran salido a la luz después de su fallecimiento, Nixon habría conseguido la extraordinaria proeza de suicidarse después de su propia muerte”.¿Quién era Nixon? ¿Cómo se forjó, al decir de Kissinger que lo conoció muy bien, la “araña que tejió su propia red”? Había nacido en Yorba Linda, California, en 1913 en un hogar de padre metodista y madre cuáquera, agricultores ambos y pequeños emprendedores. Los recuerdos de la infancia llegaron siempre a través del propio Nixon, que mentía con total transparencia. Su madre, Hannah, que también había mitificado una historia incomprobable sobre unos terrenos que la familia había vendido y en los que luego se encontró petróleo, contó que no era fácil crecer en la casa de los Nixon: a menudo, tenían cinco hijos, sólo había maíz para comer. Nixon reveló en una ocasión: “Éramos pobres, teníamos muy poco. Muchas noches nos íbamos a la cama después de haber comido una sola rebabada de pan untado con tomate, de modo que sabíamos lo que era el hambre.” Pero en otras ocasiones, en cambio dio lo que, tal vez, era una imagen más vecina a la realidad: “Se ha dicho que mi familia era pobre. Pero nosotros nunca nos consideramos pobres. Siempre tuvimos suficiente para comer y nunca tuvimos que depender de nadie”.Hannah Nixon fue una mujer durísima con sus hijos, pétrea y rigurosa, no desdeñaba el castigo físico. Dijo Nixon de ella; “No la oí decir ‘te quiero’ en toda su vida. Ni a mí, ni a nadie. Pero nadie era más capaz que mi madre para demostrar su cariño y su afecto. (…) Sólo uno de esos patéticos psiquiatras freudianos sería capaz de decir que su agrado por la intimidad la hacía reservada incluso ante sus hijos”. Pero lo cierto es que Nixon estuvo en manos de “uno de esos patéticos psiquiatras freudianos”. Era el doctor Arnold Hutschnecker, del que Nixon fue paciente antes de llegar a la vicepresidencia de Estados Unidos en los años 50: fue un secreto muy bien guardado porque, pensaba el propio Nixon, que los americanos supieran que estaba bajo los ojos de “un loquero”, podía perjudicar su carrera política.Gordon Liddy, ex agente del FBI, fue el cerebro del caso Watergate. Era íntimo colaborador de Richard Nixon (Foto AP / Archivo)Hutschnecker, para quien Nixon era “un enigma para mí y para sí mismo”, estaba convencido de que su paciente “había sido un niño reprimido emocionalmente, que creció para convertirse en una persona que veía el amor y la proximidad física como una desviación que podía llegar a consumirlo, a reducirlo, a hacerle menos varonil. El amor nunca fue una prioridad en la vida de Nixon ya que siempre estuvo convencido de que no necesitaba ser amado como un ser humano, tan solo respetado como hombre”. Por cierto, el psiquiatra no tenía de Hannah la imagen que Nixon hizo célebre en su discurso último, ya como ex presidente: “Mi madre era una santa”. Para Hutschnecker Nixon necesitaba “demostrarle a su madre que no necesitaba a nadie. El miedo fue un virus que infectó su vida y del que jamás se pudo deshacer; el miedo a ser visto como un ser débil. Creo que aquella imagen de santa de rostro severo que tenía de su madre, le causó más daño que cualquier otra cosa. Su madre fue realmente su ruina”.Nixon estudió la primaria en Whittier, California, donde la familia fue a vivir cuando él tenía nueve años: fue un pequeño asistente de la tienda de comestibles y de la estación de servicio que administraban sus padres. En 1937 se graduó como abogado en la Duke University Law School. Se alistó en la marina cuando la Segunda Guerra Mundial, fue enviado al Pacífico Sur, nunca entró en combate por su condición de cuáquero y volvió con dos medallas y un cargo como oficial administrativo en una estación naval de California.En 1940, antes de marchar a la guerra, se casó con Pat Ryan que llegaría a ser primera dama y a vivir los tormentosos años de presidente de su esposo, los años del alcohol, de los abusos con los antidepresivos y otros medicamentos y del maltrato físico. En 1946 fue elegido Representante (diputado) por el distrito 12 de California, y reelecto en 1949; renunció para ser senador. Ganó su fama en pleno auge del senador Joseph McCarthy y su “caza de brujas”, la campaña de denuncias que acusó de agentes del comunismo a políticos, periodistas, actores, diplomáticos, sacerdotes, docentes y dirigente sociales. Nixon fue muy activo en el caso contra Alger Hiss, un abogado del gobierno que había participado en 1945 de la conferencia de Yalta entre el presidente Franklin Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y el líder soviético José Stalin y en 1948 fue acusado de espiar para la URSS. Nunca se le pudo probar a Hiss conexión alguna con el espionaje, pero fue condenado a cinco años de cárcel por perjurio y mantuvo su inocencia el resto de su vida. Murió en 1996 a los noventa y dos años.Nixon y Kennedy durante uno de los recordados debates que protagonizaron en la carrera por la presidencia (Everett/Shutterstock) (Everett/Shutterstock/)La carrera política de Nixon trepó hasta la senaduría por California en 1951 y se coronó con la elección como compañero de fórmula del general Dwight “Ike” Eisenhower para sus dos presidencias, entre 1953 y 1961. En 1960 se postuló a la presidencia por el partido Republicano y compitió con el ascendente John F. Kennedy. Antes de las elecciones, los dos candidatos sostuvieron una serie de debates televisados, los primeros de la historia. Un dato curioso y revelador dice que de los estadounidenses que escucharon los debates por radio dieron como ganador a Nixon, mientras que quienes vieron los debates por televisión dieron como ganador a Kennedy, que hacía de su imagen una herramienta vital de su campaña.Eisenhower no apoyó a Nixon en su candidatura. No lo boicoteó, pero tampoco lo ayudó. Nixon nunca se lo perdonó. Treinta años después, en 1991, todavía recordaba con la fidelidad que da el rencor: “Se portó como un exigente hijo de puta. En 1960 no me apoyó hasta que se vio obligado. Aquello fue devastador para mi campaña”. Lo que Nixon tampoco perdonó fue la razón que dio el ex presidente para restarle su aliento: “¡Para mí tiene pinta de perdedor! Cuando me encontraba con un oficial como él en la Segunda Guerra Mundial, lo relevaba”. Eisenhower tampoco era piadoso. Kennedy era un poco más consciente de las limitaciones políticas de Nixon. Dijo una vez a su equipo de campaña: “¿Ustedes se dan cuenta de que soy el único obstáculo para que Nixon llegue a la Casa Blanca?”Para entonces, el inicio de la brillante década del 60 que auguraba la paz y terminó en violencia, la personalidad de Nixon despertaba alarma en el mundo político. Habían detectado algunas características personales que lo hacían poco confiable: tejía falsas ilusiones sobre sí mismo y sobre los demás, se adjudicaba méritos que no tenía y veía en los otros cualidades que no existían; era un adicto a la intriga y un manipulador compulsivo; mentía de modo natural y banal, lo hizo en el Caso Watergate, cuando mintió a sus más cercanos colaboradores, a su secretaria, a sus abogados, a los investigadores y a los ciudadanos, pero también le detectaron mentiras tontas sobre su pasado, su carrera, su actuación en la guerra aunque, para hacerlo, debiera enmendar los textos de quienes le escribían sus discursos.También era cuestionado porque profesaba un deseo de venganza y de castigo contra todos aquellos que no hacían lo que él quería; despreciaba a quienes se habían formado en las universidades más prestigiosas del país, a los que veía como a sus eternos enemigos; se percibía como un hombre perseguido, un rasgo de su paranoia, mientras se dedicaba a perseguir a otros como lo hizo con Alger Hiss, con Adlai Stevenson y con Edward Kennedy; su nivel de autoexigencia iba más allá de sus límites lo que lo condenó vivir bajo una presión intolerable que lo volcó al alcohol y a los somníferos y a los antidepresivos.Nixon junto a Eisenhower. &#8220;Ike&#8221; no le dio su apoyo cuando se postuló como presidenteNixon prometió retirarse de la política cuando perdió la elección presidencial frente a Kennedy: “No tendrán otra vez a Nixon para apedrearlo”, refunfuñó en una entrevista televisiva. Su fijación persecutoria y el escaso margen de votos con el que ganó Kennedy le hicieron pensar que había sido víctima de un fraude, que le habían robado esas elecciones, tal como Donald Trump pensó de las elecciones que en 2020 perdió frente a Joe Biden. Kennedy pasó a ser el enemigo más odiado para Nixon y, sin embargo, fue su muerte la que lo impulsó de nuevo en la vida pública de Estados Unidos.La mañana del 22 de noviembre de 1963, el día del asesinato de Kennedy en Dallas, Nixon dejaba esa ciudad tres horas antes de la tragedia en un avión de línea y como abogado de la Pepsi Cola. En cuanto supo del crimen, al llegar del aeropuerto se lo dijo el portero del edificio donde vivía en Manhattan y encontró a sus hijas frente al televisor pegadas a los ecos del magnicidio, su mente brillante le hizo tomar dos decisiones inmediatas. Llamó a su buen amigo, el director del FBI J. Edgar Hoover, para preguntarle qué sabía el FBI del asesinato: temía que un criminal de ultraderecha desencadenara sobre él una acusación de incitación al odio. Se tranquilizó cuando Hoover le dijo que el sospechoso arrestado tenía antecedentes izquierdistas. Envió una carta de pésame a Jacqueline Kennedy y, a la mañana siguiente, el escritor Stephen Hess lo encontró en su departamento de Manhattan con un grupo de prominentes republicanos que lo asesoraban “sobre cómo el magnicidio de Dallas afectaría o renovaría sus posibilidades de presentarse de nuevo a la presidencia”. Len Garment, que sería uno de sus abogados defensores en Watergate, dijo: “La muerte de John Kennedy tuvo la irónica consecuencia de devolver a Richard Nixon a la vida como figura política nacional”.El sucesor de Kennedy, Lyndon Johnson, terminó el mandato del presidente muerto, fue electo su vez presidente en 1964 y, el 31 de marzo de 1968 sorprendió al mundo al anunciar que no sería candidato a la reelección. Su popularidad estaba en baja, su corazón también estaba en baja después de un infarto que casi lo lleva al otro mundo, aquel país era volátil, en tres meses serían asesinados Martin Luther King y Robert Kennedy y la guerra en Vietnam presentaba un panorama más que sombrío. Johnson no quería ser el presidente que perdiera aquella guerra.Nixon fue el primer y único presidente de los Estados Unidos en renunciar a su cargo (Glasshouse Images/Shutterstock) (Glasshouse Images/Shutterstock/)Nixon fue elegido en noviembre de 1968 y asumió en enero de 1969. Desde entonces su salud mental sufrió cierto deterioro perceptible para quienes lo rodeaban. Su asesor Jeb Magruder, subdirector de campaña de la Casa Blanca y uno de los hombres del presidente en Watergate, notó en el otoño de 1969 que a Nixon le temblaban las manos cuando tomaba café, vociferaba órdenes telefónicas y colgaba de inmediato con un gruñido, intentaba mantener sus impulsos bajo control y manejar de alguna forma su equilibrio emocional, mientras se ponía a la cabeza de acontecimientos sociales y políticos que iban a cambiar el mundo.Se hizo dependiente de los medicamentos y se acentuó su inclinación hacia el alcohol. Una pequeña historia revela cómo eran aquellos días en la Casa Blanca. Al presidente lo había deslumbrado la película “Patton”, protagonizada por George C. Scott, que narra las aventuras, y desventuras, del general americano de la Segunda Guerra que se caracterizó por su agresividad. Nixon quiso ver la película una segunda vez junto a Kissinger y al secretario de Estado, William Rogers quien, luego pensó que Nixon intentaba emular al general cuando decidió, por su cuenta y riesgo, la incursión de las tropas estadounidense en Camboya. Cuando lo decidió, Kissinger dijo a uno de los miembros de su equipo, William Watts: “Nuestro incomparable líder se ha vuelto loco”.Los días finales de su presidencia, sacudido por el vendaval de Watergate, fueron un muestrario del brutal deterioro mental de Nixon. John Erlichman, otro de los hombres de Nixon y su asistente en asuntos internos, notó en 1973 que el presidente, “(…) Era una especie de anémona de mar que retrocede y se cierra cuando se siente amenazada. Empecé a sentir que el presidente no sabía cuál era la verdad”. Nixon sí sabía cuál era al menos su verdad. Dijo al fiscal general Henry Petersen: “Yo no miento a la gente” y, al día siguiente le comentó a su jefe de personal de la Casa Blanca que su asesor, Magruder, debía mentir al gran jurado que intervenía en Watergate. En abril de ese año, 1973, Kissinger notó “que el presidente ya no prestaba atención a las responsabilidades propias de su cargo”. El fiscal especial de Watergate, Archibald Cox preguntó a su asistente James Doyle: “¿Pensás que el presidente tiene alguna enfermedad mental?” El presidente tenía en sus manos el botón que podía desatar una guerra nuclear por lo que el secretario de Defensa, James Schlesinger, dispuso que el Pentágono no obedeciera una orden directa de la Casa Blanca si antes consultarlo con él.La pesadilla duró todavía un año más. Conminado por el juez del caso Watergate, John Sirica, a entregar las cintas que lo comprometían y dejaban en evidencia que había obstruido, o intentado obstruir, la investigación judicial sobre Watergate, abandonado por el Congreso que lo amenazaba con el juicio político, Nixon se avino a renunciar en agosto de 1974 después de un intenso debate con sus dos hombres más cercanos en ese momento: Kissinger y el general Alexander Haig. Washington era un polvorín y la Casa Blanca ardía en los días que precedieron a la renuncia de Nixon. Contó Kissinger: “Haig estaba en contacto conmigo cada día. El jueves 1 de agosto dijo que todo apuntaba a que la dimisión era inminente, aunque la familia Nixon se oponía violentamente. (…) El viernes 2 de agosto me dijo que Nixon se estaba cerrando y que sería necesario rodear la Casa Blanca con la 82ª División Aerotransportada para proteger al presidente. Yo le dije que aquello no tenía sentido, no se podía mantener una presidencia con la Casa Blanca rodeada de bayonetas. Haig dijo que estaba totalmente de acuerdo (…) sólo quería tantear qué tipo de ideas tenía yo”.El 6 de agosto, Edward Cox, yerno de Nixon, se había casado en 1971 con Julie, la hija del presidente, alertó a los suyos: “El Presidente está inestable. Se pasó la noche caminando por los pasillos de la Casa Blanca. Hablaba con los retratos de los ex presidentes. Temo que se suicide”.Nixon no pensaba en el suicidio: quería el perdón, sólo importaba más el juicio de la historia sobre sus dos presidencias y sobre su calidad de estadista. Tenía decidido renunciar pero ponía como condición una especie de indulto previo que borrara los delitos que había cometido. Eso es lo que le confiesa Haldeman, el ex jefe de personal de la Casa Blanca a quien lo había reemplazado, el general Haig que, en la práctica, estaba al frente del gobierno. El sucesor de Nixon, Gerald Ford supo ya en la noche del 6 de agosto que sería el nuevo presidente. Se lo reveló Haig que fue quien sospechó también de las intenciones suicidas de Nixon porque habló con él: “Ustedes amigos –reveló Haig que dijo Nixon en referencia a los militares– tienen una manera de solucionar sus problemas. Siempre tienen una pistola en el cajón del escritorio”. Demudado, Haig guardó silencio. “Yo no tengo una pistola”, dijo Nixon.Nixon y Kissinger en el Salón Oval de la Casa Blanca. En el epílogo, el secretario de Estado encontró al presidente &#8220;alcoholizado y lloroso&#8221; (Reuters) (RICHARD NIXON MUSEUM AND LIBRARY/)El presidente no consiguió que le aseguraran el perdón, pero al menos sí supo que no va a ir preso ni bien renunciara. El 7 de agosto, por la noche, citó a Kissinger al sector privado de la Casa Blanca. El secretario de Estado lo encontró alcoholizado y lloroso: “¿Cómo me va a tratar la historia? –preguntó Nixon con los ojos llenos de lágrimas– ¿Mejor que mis contemporáneos?” De pronto, pidió a Kissinger: “Henry vos no sos un judío ortodoxo y yo no soy un cuáquero ortodoxo: necesitamos rezar”. Nixon se arrodilló y Kissinger no pudo hacer otra cosa más que hincarse sobre el grueso alfombrado azul. Nixon golpeó esa alfombra con el puño: “¿Qué he hecho? ¿Qué ha pasado?”, sollozó acurrucado sobre sus rodillas. Kissinger le tocó el hombro, le habló de sus logros como estadista hasta que Nixon de puso de pie, se sentó en su sillón favorito y se sirvió otro trago. Los dos hombres bebieron.Minutos más tarde, a las once de la noche del 7 de agosto, Kissinger dejó a Nixon y caminó hacia el Ala Oeste de la Casa Blanca. Allí encontró, nerviosos e impacientes, al asesor en seguridad Nacional, Lawrence Eagleburger y al asistente militar de Nixon, Brent Scowcroft. Les contó lo que acaba de vivir y les anunció: “El Presidente renuncia mañana”.El jueves 8 Nixon firmó sus últimos papeles como presidente, un proyecto de ley sobre propiedades agrícolas, la designación de algunos jueces y luego hizo una promesa: “No derramaré una sola lágrima”, pero sollozó ante los senadores y representantes (diputados) que fueron a despedirse. A la noche dio un discurso a la nación en el que anunció que iba a renunciar a la mañana siguiente. Y a la mañana siguiente, el viernes 9, en la Sala Lincoln de la Casa Blanca, Haig le alcanzó un papel escrito con una sola línea, dirigido a Kissinger: “Señor secretario: A partir de este momento, dimito del cargo de presidente de los Estados Unidos. Atentamente, Richard Nixon”. Después llegó la larga despedida, el largo discurso “Mi madre era una santa”, mientras el helicóptero lo esperaba para sacarlo de Washington de una vez por todas.Nixon encarnó como nadie el sentido más profundo de una definición que Thomas Jefferson, uno de los padres de la independencia de Estados Unidos, dio en 1799: “Cuando un hombre anhela ocupar cargos importantes, algo empieza a corromperse en su conducta”.Nixon sufrió un devastador derrame cerebral en New York 18 de abril de 1994. Murió cuatro días después, el 22. Tenía ochenta y un años.</p>
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		<title>Vio un aviso en la televisión por la mitad y fue a adoptar a ciegas: “Así conocí a mis hijas con síndrome de down”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Aug 2023 04:16:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[discapacidad]]></category>
		<category><![CDATA[hijas]]></category>
		<category><![CDATA[maternidad]]></category>
		<category><![CDATA[síndrome de down]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Coca y JoséEra ya la medianoche cuando Coca bajó el fuego de la hornalla, dejó...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Coca y JoséEra ya la medianoche cuando Coca bajó el fuego de la hornalla, dejó la pava cerca para que el agua se mantuviera caliente, y le alcanzó un mate a José, su marido. Era tarde pero tenían la costumbre de sentarse a tomar unos mates y mirar algo en la televisión después de cenar, una forma de cerrar el día.Era noviembre de 1991, el televisor estaba prendido en ATC (Argentina Televisora Color) y mientras Coca Llacer terminaba de ordenar la cocina alcanzó a escuchar el final de un aviso: “&#8230;Para ser dado en adopción, que próximamente cumplirá un año”, recita mientras conversa con Infobae, 32 años después de ese instante.Su marido tampoco estaba prestando tanta atención y había alcanzado a escuchar lo mismo. “Pero en ese momento yo lo miré y le dije ‘¿vamos? y él me contestó ‘vamos’”, sonríe ella, que ahora vive en Villa Gesell y tiene 72 años.Pamela, cuando tenía un año y medioEn casa no estaban solos.“La idea de tener un hijo juntos no surgió en ese momento, adoptar era algo en lo que siempre habíamos pensado”, sigue. Es que cuando Coca conoció a José era una mujer separada con cinco chicos -había tenido a su primera hija a los 17-; él no sólo era soltero sino que no tenía ninguno.Ella trabajaba en una escribanía en Microcentro, no le sobraba ni plata ni tiempo; José Carmelo, su marido, trabajaba en la DGI (lo que hoy es la AFIP).Cuando escucharon el aviso a medias, dos de los hijos de Coca ya se habían casado, los otros tres todavía vivían con ellos. “Mi marido me dice ‘primero vamos a preguntarle a los chicos’. Ya estaban acostados, pero los llamamos, vinieron y les dijimos ‘vimos un aviso en la televisión, hay un bebé en adopción, ¿qué les parece si…? Los tres sonrieron y dijeron ‘vayan’”.Pamela en el medio junto a dos de sus hermanasVivían en Wilde y a las 6.30 de la mañana siguiente salieron para el juzgado de Quilmes. “Nos imaginamos que iba a haber una cola tremenda, queríamos ser los primeros”, cuenta ella. “Cuando llegamos no había nadie, solamente la empleada administrativa en la Mesa de Entradas”.Le dijeron que habían escuchado una parte de una aviso en ATC, que tal vez no habían escuchado bien, porque era raro que no hubiera nadie. “La empleada nos preguntó: ‘¿No saben si era un bebé discapacitado?’”, cuenta Coca. La mujer subió, preguntó y cuando volvió les dijo: “Sí, es discapacitado”.Coca y José no preguntaron de qué tipo de discapacidad estaban hablando, si era algo complejo, si tenía riesgo de vida, nada. “Nos miramos, volvimos a mirar a la empleada y le dijimos ‘bueno, está bien’”.—Muchas personas con deseos de adoptar habrían dicho “no”, por múltiples razones, ¿por qué creés que ustedes dijeron ‘sí’?— es la pregunta de Infobae.—Nosotros nunca nos habíamos puesto a pensar ‘¿y si es un chico grande? ¿y si tiene algo?’. Nada. Nosotros sólo queríamos un hijo.Cuando Pamela cumplió dos añosTe puede interesar: “Tuve que proponerme amarlo, sé que suena horrible”: una mamá y la llegada inesperada de un hijo con síndrome de downLes contaron que la beba de 11 meses era hija biológica de una chica menor de edad que se había fugado de su casa y de un Instituto de Menores. Que la beba no tenía ningún problema de salud pero estaba internada desde que había nacido y que el juez, tras varios intentos de revinculación fallidos, había decidido buscar otra familia que pudiera criarla.Una semana después de haber visto el aviso, la pequeña Pamela llegó a casa. “Fue muy rápido porque ella tenía un grado de tristeza muy grande”, dice Coca. También cree que fue rápido porque los tiempos de adopción se acortan cuando se trata de chicos con discapacidades, que muchos descartan en sus solicitudes.“¿Lo que más escuché en ese tiempo? ‘Estás loca’, ‘ustedes están locos, ¿otro bebé después de haber criado a cinco?’. Nadie decía en voz alta “encima con síndrome de down”, aunque se notaba.Coca en la playa, junto a sus dos hijas adoptivasCoca y José no sabían nada del tema y fue la esposa del ex marido de ella, que es fonoaudióloga, quien los orientó. Les explicó que tenían que hacer estimulación temprana y eso hicieron. El mayor estímulo, de pronto, eran una madre, un padre, varias tías y cinco hermanos que la hacían jugar, bailar, lo mismo que a cualquier chico de su edad.“Muchos amigos me decían ‘hay gente a la que le nace un chico con una discapacidad, pero vos a ella la fuiste a buscar’. Pero nosotros no sabíamos que tenía una discapacidad, es como si la hubiera parido y me hubieran dicho ‘mirá, tu bebé tiene este problema’. Cuando fuimos esa mañana al juzgado para mí ya era mi hija, como fuera. Eran tantas las ansias que teníamos de tenerla que no fue un golpe. Yo no soy ejemplo de nada, sólo te cuento cómo fue”.Antes de ser la madre de Pamela, sin embargo, Coca creía en ciertos estereotipos: “Los chicos con síndrome de Down me emocionaban, me parecían muy sensibles, creía que tenían una ternura y una inocencia única. Hoy te puedo decir que no, son como el resto de mis hijos”, explica ella, que publicó un breve libro con su historia, al que llamó “Mis hijas adoptivas con síndrome de down” (Ediciones Niña Pez).La primera Navidad juntasLo de la ternura no es el único estereotipo: “Son angelitos de Dios”, “una bendición”, “seres de luz”, “si te tocó un hijo con discapacidad es porque tenés algo que aprender”, “debés ser una mamá especial”, “esto solo le pasa a las que realmente pueden”.Cuando Pamela tenía 3 años la escena original, con algunos nuevos matices, se repitió. “Yo la veía progresar. Nosotros, sus tías, sus hermanos la estimulábamos mucho, y a mí me apareció la idea así clarita: ‘Qué lindo sería que Pame pudiera compartir todo eso que tiene adentro con un hermanito’”.Pamela iba a un jardín común y Coca quería que tuviera a alguien de su edad para jugar, compartir, y que no solo se criara con adultos. Se lo propuso a su marido, y pensaron que incluso podían adoptar a un chico más grande para no pasar de nuevo por todo el trabajo que demanda un bebé.Cuando Sabrina llegó a la familia“Y una noche vemos en la tele con mi marido un aviso, la diferencia fue que esta vez lo vimos completo. Buscaban una familia para una beba con síndrome de Down, tenía 8 meses, hasta vimos una foto. Nos miramos y le dije: ‘¿Nos anotamos?’. José me contestó: ‘Vamos’”.Ya solo quedaban en casa dos de las hijas del primer matrimonio de Coca, así que las llamaron, les contaron y les preguntaron: “¿No les parece demasiada coincidencia?”. Las chicas dijeron “sí”.Fueron a inscribirse creyendo que iba a ser como la primera vez, pero cuando llegaron se encontraron con que había más de 100 matrimonios anotados.Sabrina llegó a la familia a los 8 meses“Nos contaron que cuando sus padres se enteraron de que tenía síndrome de down no pudieron o no quisieron hacerle frente a la situación y la dieron en adopción. No soy quién para juzgarlos, repito lo que nos informaron. Sabrina era una bebé de 8 meses y vivía con una familia sustituta”.Coca pensó que haber adoptado antes le iba a jugar en contra, precisamente porque iban a darle la oportunidad a otra familia. Pero durante el mes que siguió les hicieron varias entrevistas, fueron a su casa, armaron un informe socio ambiental y el juez -que tenía un hermano con el mismo síndrome-, los citó: quería conocer a la familia completa.“Pame tenía 3 años, fue la estrellita del encuentro”, se ríe Coca. Todos los profesionales estuvieron de acuerdo. La beba, con ellos, podía integrarse a una familia que ya tenía las herramientas para estimularla. Además, las dos nenas iban a poder crecer con alguien en quien poder verse al espejo.Juntas“Y nos eligieron”, se emociona.Ningún hijo, en general, es igual a otro, y tampoco ellas por tener el mismo cromosoma de más tuvieron caminos calcados. Pamela fue a un jardín común, hoy tiene 32 años y trabaja de auxiliar en una escuela pública. Sabrina, que tiene 29, no llegó a desarrollar la lectoescritura y va a un Centro de Día en el que tiene amigos con los que hace yoga, manualidades, cocinan y toman clases de baile.“A veces creo que el problema más grande son las expectativas que tenemos cuando tenemos hijos. Estamos preparados para ‘mi hijo el dotor’ pero no para ‘mi hijo con discapacidad”, piensa ella.&#8221;Nos eligieron&#8221;, dice ella con emociónEs un mediodía gris oscuro en Villa Gesell pero Coca está radiante. De fondo -sobre el modular, colgados en la pared, más chiquitos, más tirando a cuadros- sólo se ven portarretratos con fotos de niños. Coca tiene ahora siete hijos, 17 nietos, 18 bisnietos y dos más en camino.“¿Qué siento? Que las dos nacieron en un mundo muy difícil pero pudieron tener una familia que las ama. Yo llevo acá adentro eso-, dice, y se apoya las dos palmas en el pecho-. Les dimos una familia, bien, mal, con defectos, con virtudes, pero no tuvieron que pasar sus vidas en un instituto. No fue sólo lo que nosotros les dimos, también ellas nos dieron a nosotros la familia con la que soñábamos”.Seguir leyendo:Decidió ser madre soltera, se hizo una fertilización con un donante anónimo y tuvo una nena con síndrome de downLa enfermera que se convirtió en mamá de un bebé con Síndrome de Down que sus padres rechazaronEl embarazo no llegó pero la maternidad sí: adoptó a una nena que había sido abandonada a la intemperie cuando era bebé</p>
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		<title>Los crímenes del “carnicero panadero”, el asesino serial que cazaba a sus víctimas como a animales en el bosque</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Aug 2023 04:16:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[ALASKA]]></category>
		<category><![CDATA[asesino serial]]></category>
		<category><![CDATA[Cazador de mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Hansen]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Robert Hansen era panadero, tenía dos hijos y practicaba caza. Pero detrás del buen vecino se escondía un monstruoLa noche del 13 de junio de 1983, el transportista Robert Yount, que circulaba por una ruta de las afueras de Anchorage, en Alaska, vio a una chica joven que le hacía señas desesperada para que parara. Se detuvo y le ofreció llevarla a la comisaría, pero la chica le rogó que no, que la dejara en el Big Timber Motel, que desde allí llamaría a su novio para que fuera a buscarla.El conductor aceptó para evitar problemas con la chica, que traía unas esposas colgando de una mano y la ropa hecha pedazos como si hubieran intentado arrancársela, pero inmediatamente después le avisó a la policía. Cuando el oficial Gregg Baker llegó al Big Timber Motel, la mujer aún llevaba las esposas puestas y, después de algunas evasivas, le contó una historia casi imposible de creer.La chica se llamaba Cindy Paulson, tenía 17 años, y dijo que había sido abordada en la calle por un tipo bajo, flaco y pelirrojo que le ofreció 200 dólares para que le hiciera sexo oral en un rincón oscuro. Contó que estaban en eso cuando el tipo la esposó y la amenazó con una pistola. La obligó a subir a un auto y la llevó a una casa en el barrio de Muldoon. Ahí, la violó y en un momento dado le introdujo el mango de un martillo por la vagina.Hasta ese momento, el oficial Baker no había escuchado nada extraño: un caso más de violación de una prostituta en Alaska, donde si había cosas que abundaban eran las prostitutas, los mineros violentos y las violaciones.Pero, de pronto, la historia de Cindy empezó a transitar un camino extraño. Después de violarla, el tipo la obligó a subir de nuevo al auto y la llevó a un descampado donde había una avioneta. Le dijo que volarían hasta su cabaña, en medio del bosque.Te puede interesar: “Sólo huelo a sangre y eso que me he duchado”: los terribles mensajes del joven que mató y descuartizó a su familiaPero el pelirrojo se descuidó un momento y Cindy pudo escapar corriendo hasta el camino más cercano, donde la había encontrado el camionero. En la parte de atrás del auto de su secuestrador había dejado un zapato azul, que se le había salido del pie al escapar.Esa misma noche la policía encontró la avioneta y averiguó que pertenecía a un tal Robert Hansen, panadero de Anchorage, casado y con dos hijos.Cuando Hansen fue interrogado por los oficiales, negó las acusaciones, y dijo que la chica estaba tratando de meterlo en un lío porque se negó a pagarle lo que ella le pedía.Entre el panadero y la pequeña prostituta, eligieron creerle al hombre.Así se les escapó de la mano el asesino en serie que buscaban desesperadamente, responsable de la muerte de por lo menos 17 y probablemente a más de treinta mujeres en los bosques de Alaska.Había empezado a matar en 1973 y 13 años después seguían sin identificarlo.Cindy Paulson era prostituta y tenía 17 años cuando escapó del múltiple asesino. Lo denunció a la policía, pero no le creyeronUn cadáver en el bosqueNadie relacionó a Hansen con la serie de desapariciones de mujeres – casi todas trabajadoras sexuales – que desde hacía tiempo venía ocurriendo en la región. No era un tema importante: las prostitutas iban y venían y la hipótesis es que se habían ido a probar mejor suerte a otros lugares. Nadie las buscaba.Tampoco pensaron que Hansen tuviera que ver con un cadáver que había aparecido en medio del bosque unos meses antes.El 12 de septiembre de 1982, los policías John Daily y Audi Holloway tenían franco de servicio y, como hacían habitualmente, fueron a cazar al valle del río Knik, en cuyo bosque solían cobrar buenas piezas porque allí abundaban los venados, los ciervos, los osos y las cabras salvajes.Ya anochecía y los policías volvían frustrados porque no habían podido matar siquiera una ardilla cuando, en un atajo poco transitado cerca de la orilla del río, vieron una bota semienterrada. Se acercaron y comprobaron que la bota calzaba un pie en estado de descomposición y que, siguiendo más abajo, había un cadáver completo, un cuerpo de mujer.La investigación quedó a cargo del sargento Rollie Port, un experimentado veterano que analizó meticulosamente la escena del crimen hasta que descubrió un cartucho percutido calibre .223 de uso común en rifles de alto poder como el M16, la AR15 y el Mini-14, armas que son de uso exclusivo de las fuerzas del estado, aunque en la salvaje Alaska las podía tener cualquiera.El cadáver fue analizado en Anchorage y se determinó que había muerto por las heridas de 3 disparos de ese calibre. La víctima se llamaba Sherry Morrow, de 24 años, bailarina de caño y llevaba seis meses muerta. La habían visto por última vez en el Wild Cherry Bar, donde comentó que un hombre le había ofrecido 300 dólares por posar para algunas fotos.El hallazgo del cadáver de Sherry hizo que, por primera vez, la policía se preocupara por las otras prostitutas desaparecidas, que se contaban por decenas.Robert Hansen, cercado por las pruebas, admitió haber asesinado a 17 mujeres a lo largo de diez años y enterrar sus cadáveres en distintos puntos de Alaska (AP Photo/Alaska Daily News) BEST QUALITY AVAILABLEEl sargento Lyle Haugsven fue el encargado de investigar los nexos entre ellas, el cadáver de Sherry y un par de casos sin resolver. El primero de esos casos databa de hacía mucho tiempo y se trataba de un cadáver de una mujer, a la que se llamó Eklutna Annie por el lugar donde fue hallado. En 1980 unos obreros, habían encontrado los restos de una mujer en una tumba al ras del suelo cerca de un camino llamado Eklutna. Jamás pudo ser identificado por su avanzado estado de descomposición y a que los animales salvajes se habían comido buena parte de él.Ese mismo año apareció muy cerca de Eklutna otro cuerpo semienterrado en un pozo de arena. Igualmente estaba en avanzado estado de descomposición, pero se pudo identificar como Joanne Messina, bailarina topless del lugar. En los dos casos, las balas eran del mismo calibre.Había muchas desapariciones y por lo menos tres cadáveres, pero ni una pista, salvo las balas.Te puede interesar: Placer al matar: asesinaba con “el golpe del legionario”, violaba los cadáveres y confesó el crimen de 48 personasUn perfilador del FBIComo la policía no daba pie con bola, se requirieron los servicios de un legendario perfilador del FBI, el agente especial John E. Douglas, que se trasladó a Alaska para analizar la evidencia que le ofrecía la policía. Douglas estableció que el asesino elegía prostitutas y bailarinas topless porque son muy proclives a moverse de ciudad en ciudad y la súbita desaparición de alguna no levantaría mayor preocupación.Y fue Douglas quien reparó en la acusación de Cindy a Hansen a la que nadie le había dado crédito. Cuando estudió el perfil del panadero, les dijo a los policías que su baja estatura, el hecho de que tuviera muchas cicatrices producto del acné y su evidente tartamudeo lo hacían pensar que de joven había sido objeto de burlas de sus semejantes y que con toda probabilidad había sido rechazado varias veces por las mujeres a quienes deseaba acercarse.De ese modo era seguro que tenía una autoestima muy baja y que vivía en un lugar apartado como Alaska era para aplacar un poco de su malestar personal. Atacar prostitutas podía ser una manera de cobrarse venganza por las humillaciones vividas durante la adolescencia.Por otra parte, algunos policías que conocían a Hansen le dijeron que era un gran tirador, que había ganado premios de tiro al blanco y que solía jactarse de las piezas que cazaba en el bosque.Con una sonrisa, Douglas les contestó: “Tal vez se cansó de cazar venados y osos y se dedicó a piezas más interesantes”.Un mural de la policía con las fotos de las prostitutas y bailarinas asesinadas por Robert HansenDetenido en su casaCon el informe del perfilador del FBI, la policía consiguió una orden judicial para allanar la casa de Hansen, pero en una primera inspección no encontraron nada que pudiera incriminarlo.Estaban a punto de terminar y marcharse cuando un oficial descubrió un escondite en el ático. Ahí encontraron diversos rifles de alto poder, así como pistolas, un mapa de navegación marcado en varios sitios, identificaciones de las víctimas, recortes de periódico y algunas piezas de joyería. Al fondo había un rifle Mini-14 calibre .223, que coincidía con la munición que había matado a las víctimas. Y también un zapato azul, el que había perdido Cindy al escaparse del auto.En la comisaría, Hansen negó cualquier relación con los homicidios, pero abrumado por las pruebas se dio por vencido y pidió un abogado. Lo detuvieron acusado de fraude, asalto agravado, secuestro, portación ilegal de armas y robo.El 3 de noviembre de 1983 el jurado de Anchorage acusó formalmente a Hansen de portación indebida de armas, robo en segundo grado y secuestro, guardándose el cargo de homicidio hasta no recibir las pruebas de balística. Hansen se declaró inocente de todos los cargos.El juez le impuso una fianza de medio millón de dólares, así que debió esperar el juicio en la cárcel.El resultado de las pruebas de balística llegó procedente de los laboratorios del FBI en Washington el 20 de noviembre de 1983 y demostraron que los casquillos hallados habían sido disparados con el rifle Mini-14 incautado en la casa de Hansen.Acorralado por las pruebas, Hansen buscó llegar a un arreglo: confesaría detalladamente sus crímenes a cambio de ser condenado únicamente por los cuatro homicidios que se conocían hasta el momento. Además, purgaría su sentencia de cadena perpetua en un recinto federal, en vez de una prisión de máxima seguridad.Robert Hansen las secuestraba, violaba y mataba como si estuviera cazando un animal: soltaba a sus víctimas y luego les disparaba con su rifle en medio del bosqueEl carnicero panaderoEn su confesión, relató que su modus operandi consistía en contratar a las prostitutas y secuestrarlas. Después las subía a la avioneta y las llevaba al bosque, donde tenía una cabaña.“Me gustaba ver cómo se congelaban de miedo. En la cabaña las violaba y después las soltaba en el bosque y les daba la oportunidad de escaparse. Esperaba a que se alejaran y después practicaba tiro al blanco con ellas. Nunca erré un disparo”, dijo.Los interrogadores le mostraron un mapa del bosque y señaló unos treinta lugares donde, dijo, había enterrado los cadáveres. Al día siguiente se hizo una expedición en un helicóptero militar y Hansen los condujo a 12 sitios diferentes. Se recuperaron únicamente 7 cuerpos.Para entonces, los medios ya lo llamaban “The butcher baker”, un apodo que combinaba su hobby sangriento y su oficio de panadero.El 18 de febrero de 1984 Robert Hansen se declaró culpable de los cuatro homicidios acordados y recibió sentencia de 461 años de cárcel sin derecho a libertad condicional. Inicialmente fue enviado a una penitenciaria en Pennsylvania, pero en 1988 regresó a Alaska a ser uno de los presos fundadores del centro correccional Spring Creek.El carnicero panadero murió a los 75 años, el 21 de agosto de 2014 en el Complejo Correccional de Anchorage, donde había sido trasladado unos meses antes. Estaba enfermo, pero no arrependido.Seguir leyendo:El brillante graduado de criminología que fue detenido y es el único sospechoso del cuádruple asesinato de IdahoUna casa de universitarios, un cuádruple homicidio y un brutal asesino suelto que creen que está entre ellos</p>
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		<title>La hermana de Hitler: las “cartas de Adolf”, el amor por un criminal nazi y su muerte en soledad y con una identidad falsa</title>
		<link>https://biglatinonews.com/2023/08/02/la-hermana-de-hitler-las-cartas-de-adolf-el-amor-por-un-criminal-nazi-y-su-muerte-en-soledad-y-con-una-identidad-falsa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Aug 2023 04:16:16 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Según algunas fuentes, la única hermana que le quedaba a Hitler desconocía los crímenes de su hermano, mientras otras aseguran que era imposible que no estuviera al tanto del exterminio de judíos y disidentesCuando el 2 de agosto de 1934, tras la muerte del presidente Paul von Hindenburg, Adolf Hitler se convirtió en el Führer alemán al unificar en su persona las funciones del muerto con las suya de canciller del Reich, su hermana Paula estaba en su departamento de Viena y se enteró por las noticias en la radio.Más de una década después, interrogada por los aliados luego de la derrota nazi, confesaría que no se alegró y dio sus razones.“Debo confesar honestamente que hubiera preferido que él siguiera su ambición original y se convirtiera en arquitecto”, le dijo a su interrogador.Te puede interesar: El secreto sobre la Solución Final que Hitler escondió: ¿cuándo supieron los jerarcas nazis del exterminio?Contó que entre 1929 y 1941 lo vio apenas una vez al año y que después no volvió a reunirse con él. Además, aseguró, la ascendente carrera de su hermano mayor hacia el poder le había traído más problemas que beneficios.Por ejemplo, explicó, en 1930 la habían echado de su trabajo como secretaria en una compañía de seguros vienesa por el solo hecho de ser pariente del líder del Partido Nacionalsocialista. Aclaró, eso sí, que desde entonces y hasta su muerte, Adolf la había ayudado con una mensualidad que primero fue de 250 y después de 500 marcos.A 89 años del día en que Adolf Hitler logró acumular la suma del poder en Alemania, la verdadera historia de su hermana Paula -que más tarde pasó a llamarse Paula Wolf por sugerencia del líder nazi (Getty)Según algunas fuentes, la única hermana que le quedaba a Hitler desconocía los crímenes de su hermano, mientras otras aseguran que era imposible que no estuviera al tanto del exterminio de judíos y disidentes.Te puede interesar: La historia del primer judío que escapó de Auschwitz en “El maestro de la fuga”, el nuevo libro de Jonathan FreedlandTambién se discute cuál fue su patrimonio y cómo lo obtuvo durante el nazismo. Paula aseguró siempre que vivió en forma austera, pero hay investigaciones que le adjudican por lo menos dos propiedades, una de ellas de valor inalcanzable para una persona común y corriente.A 89 años del día en que Adolf Hitler logró acumular la suma del poder en Alemania, la verdadera historia de su hermana Paula -que más tarde pasó a llamarse Paula Wolf por sugerencia del líder nazi- es todavía un enigma no resuelto.La hermanita menorPaula Hitler nació el 21 de enero de 1896 en la pequeña comunidad agrícola de Hafeld, Austria. Fue la última de los seis hijos de Alois Hitler y su tercera esposa, Klara. Además, Paula y Adolf fueron los únicos de estos seis hermanos que alcanzaron la mayoría de edad.Era siete años menor que Adolf y cuando nació su madre tenía 36 años y su padre más de 60. “Mis padres eran muy felices pese a tener caracteres muy distintos. Ella era muy cariñosa, mi padre más rudo, especialmente con Adolf. No se llevaban nada bien. Mi padre hasta le pegaba”, relató Paula en la única entrevista que concedió a lo largo de su vida.La relación entre ellos empeoró en 1908, cuando Paula le escribió una carta pidiéndole que no se enrolara en el Ejército. Como toda respuesta, Adolf cortó el diálogo, para retomarla recién cuando su hermana ya era una mujer de 25 años (Grosby)Cuando Paula tenía 6 años, Alois murió, el 3 de enero de 1903, y su madre se hizo cargo de la familia, que se mudó a un modesto apartamento en Linz, Austria. Durante varios años, sobrevivieron gracias a la pensión de Alois.Klara decidió no trabajar para dedicar su vida a sus hijos, pero cinco años después de la muerte de su esposo, le descubrieron un cáncer de mama incurable y murió a los 47 años. Paula tenía 11 años y Adolf estaba por cumplir 18.El hermano mayor se asfixiaba en Linz y tenía aspiraciones artísticas que allí no podía concretar, de modo que mientras Paula quedaba al cuidado de unos familiares, él se mudó a Viena.Pasarían 13 años sin verse, apenas intercambiando cartas. “Cuando escribía era para recomendarme libros. Una vez me envió El Quijote porque pensaba que me divertiría mucho”, contó en esa entrevista.La relación entre ellos empeoró en 1908, cuando Paula le escribió una carta pidiéndole que no se enrolara en el Ejército. Como toda respuesta, Adolf cortó el diálogo, para retomarla recién cuando su hermana ya era una mujer de 25 años.“Dejó de escribirme y sólo le volví a ver, 13 años después en Viena, adonde me trasladé. Me contó que se había ido a vivir a Múnich, persiguiendo el sueño de convertirse en pintor, me habló de sus experiencias durante la guerra, de sus camaradas, de sus heridas y me hacía regalos, lo que para mí, que vivía muy modestamente, era un lujo. Él ya era líder del Partido Nacionalsocialista. Me alegré de que le fuera bien. Luego volvió a Múnich y yo me quedé en Viena ganándome la vida como secretaria en una oficina insignificante”, relató.Trabajó como ama de llaves, en la limpieza de un hospital militar, en un alojamiento judío y finalmente consiguió empleo en una compañía de seguros.Hitler junto a Eva Braun (Grosby)“Frau Wolf”Según Paula, la carrera política de Adolf no demoró en perjudicarla. Por ser la hermana del líder nacionalsocialista en ascenso, la echaron del trabajo. Se defendió diciendo que a ella la política interesaba y que, aunque era hermana de Hitler, no estaba afiliada al partido nazi. La despidieron igual.Entonces le pidió ayuda a Adolf. “Ante las dificultades por las que estaba pasando fui a Múnich a hablar con mi hermano. Me prometió que se ocuparía de mí y, hasta su muerte, recibí 500 marcos mensuales y 3.000 por Navidad”, dijo en la entrevista.Tal vez debido a una verdadera preocupación por Paula o, quizás, para no dejar un flanco débil a sus enemigos políticos, en 1936, cuando ya estaba en la cima del poder Hitler, le propuso que cambiara su nombre, que él mismo se ocuparía de conseguirle los documentos.Le sugirió que adoptara el apellido “Wolf” (Lobo) y no fue una elección caprichosa. El líder nazi creía en el poder del hombre para transformarse en lobo y su preferencia por esa palabra se vería claramente durante la guerra: su primer cuartel en el frente oriental se llamó Wolfsschaze (guarida del lobo), en Bélgica utilizó el nombre en clave Wolfsschlucht (barranco del lobo) y en Ucrania Werwolf (hombre lobo).Paula aceptó, pero con la condición de conservar su nombre de pila y presentarse como Frau Wolf, como si fuera su apellido de casada, para no llamar la atención con el cambio entre sus conocidos.Pronto recibió un pasaporte fue expedido a nombre de “Paula Wolf”, pero con una fecha errónea de nacimiento, ya que figuraba como nacida el 12 de noviembre de 1896 cuando en realidad había nacido en enero de ese año.Según Paula, la carrera política de Adolf no demoró en perjudicarla. Por ser la hermana del líder nacionalsocialista en ascenso, la echaron del trabajo (Grosby)¿Sabía o no sabía?Cuando recibió su nuevo nombre, Paula llevaba dos años en pareja, pero no con un señor de apellido Wolf sino con el psiquiatra y neurólogo vienés Erwin Jekellius.Fue esa relación la que, después de la guerra, hizo sospechar que Paula Hitler – alias Paula Wolf – no era tan inocente como aseguraba y que estaba al tanto de los crímenes del Holocausto.La hermana de Hitler dijo hasta su muerte que conoció a Erwin Jekellius gracias a relaciones sociales que estaban totalmente al margen del ámbito en que se movían los nazis, pero lo cierto es que, a partir de su noviazgo con Paula, la carrera del psiquiatra se disparó.Con el inicio de la guerra se enroló en la Wehrmatch, el ejército alemán, y en 1940 fue nombrado director de una unidad que se ocupaba –al estilo nazi– de niños con discapacidades mentales, desde donde se encargó de provocar la muerte a más de 4.000 discapacitados.Un informe soviético redactado al final de las Segunda Guerra Mundial reproduce una carta supuestamente escrita por Jekellius a sus superiores: “1941, empezamos en nuestra clínica (en Viena) con el exterminio de los niños (&#8230;) mi ayudante, el Dr. Gross, había completado un curso práctico sobre matar niños. Cada mes matábamos entre 6 y 10 niños (&#8230;) el Dr. Gross trabajaba bajo mi dirección. Matamos a los niños según su experiencia e instrucciones. Después de la introducción de Luminal, a través del ano, en el organismo del niño, el niño se dormía inmediatamente y quedaba en este estado durante 20-24 horas. Después, inevitablemente se producía la muerte (&#8230;). En algunos casos, la dosis era insuficiente, entonces el Dr. Gross, siempre después de consultármelo, inyectaba un cóctel mortal a base de morfina para conseguir el objetivo final”, decía.Por alguna razón, el médico perdió la confianza de Hitler, que poco después lo envió al Frente Oriental, donde fue capturado por los soviéticos.Hitler en los balcones de la Cancillería del Reich (Getty) (Historical/)Otro hecho que despertó sospechas sobre Paula fue su patrimonio. Al final de la guerra era dueña de una villa en Weitten, Wachau, restaurada a todo lujo y de un departamento en Viena. Tras la caída de Alemania, las dos propiedades fueron confiscadas –una por los soviéticos y otra por los norteamericanos– y nunca le fueron devueltas.Interrogada por los aliadosLa documentación que la identificaba como Paula Wolf no le sirvió a la hermana de Hitler para escapar de los Aliados. Mientras estuvo detenida, fue sometida a dos interrogatorios por oficiales de inteligencia norteamericanos, el 15 de julio de 1945 y el 5 de junio del año siguiente.En uno de ellos, no solo dijo que no sabía nada del Holocausto, sino que no creía que su hermano lo hubiera ordenado.“No creo que mi hermano ordenara el crimen cometido a innumerables seres humanos en los campos de concentración o que incluso supiera de estos crímenes. Sin embargo, es posible que que en los duros años de su juventud le hayan provocado una actitud antijudía. Pasaba hambre Viena y creía que su fracaso en la pintura se debía al hecho de que el comercio de obras de arte estaba en manos judías”, dijo.La hermana de Hitler dijo hasta su muerte que conoció a Erwin Jekellius gracias a relaciones sociales que estaban totalmente al margen del ámbito en que se movían los nazis, pero lo cierto es que, a partir de su noviazgo con Paula, la carrera del psiquiatra se disparó (Grosby)También lamentó la muerte de Adolf: “El destino personal de mi hermano me afectó mucho. Él seguía siendo mi hermano, sin importar lo que pasara. Su fin me produjo un dolor indescriptible”, declaró y, según un apunte del oficial que la interrogaba, debió interrumpir la entrevista porque estalló en un llanto imposible de detener.Pese a las sospechas, Paula fue finalmente liberada y volvió a Viena, donde sobrevivió con la ayuda de algunos amigos hasta que consiguió trabajo en una galería de arte.En diciembre de 1952 se mudó a Berchtesgaden, donde vivió en un pequeño departamento de dos habitaciones, y luego se mudó a Hamburgo, donde falleció el 1 de junio de 1960.Paula Hitler –alias Paula Wolf– fue enterrada en el Cementerio de Bergfriedhof, pero su tumba ya no existe. Sus restos fueron levantados en 2005 y se desconoce su destino.Seguir leyendo:El infierno cotidiano de los soldados en la Segunda Guerra Mundial: qué comían, el sexo y sus temoresEl “milagro” de Dunkerque: la caótica retirada de 338.226 soldados encerrados por los nazis y el enigma de la orden que Hitler no dioEl día que Mengele llegó a Auschwitz y los siniestros “experimentos científicos” que lo llevaron a ser “el ángel de la muerte”</p>
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		<title>Los últimos días de Cristóbal Colón: enfermo, casi olvidado y obsesionado en reclamar las tierras conquistadas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 May 2023 05:16:15 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[América]]></category>
		<category><![CDATA[Conquista de América]]></category>
		<category><![CDATA[Cristóbal Colón]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cristóbal Colón, el navegante que debió trabajar mucho para convencer a la corte española de que había otra ruta a lo que él creía eran las indiasCuando el lunes 7 de noviembre de 1504 Cristóbal Colón llegó al puerto de Sanlúcar de Barrameda, era un hombre enfermo. Regresaba de lo que sería su último viaje al nuevo continente. Debieron ayudarlo a desembarcar por los dolores insoportables que le provocaban la gota y la artritis.Luego de acomodarse en una casa alquilada en Sevilla, juntó fuerzas para su última misión: reclamar ante la corte sus derechos y privilegios sobre las tierras que había conquistado.Ya poco quedaba de ese hombre corpulento y macizo, de cabellos rojizos, ojos claros, tez blanca y nariz aguileña, del que no se conoce retrato que le hayan hecho en vida. Las imágenes que se conservan son aproximaciones de acuerdo a las descripciones de quienes lo trataron. Estudios forenses realizados en 2007 aseguraban que sus últimos tres años de vida padeció el síndrome de Reiter, o artritis reactiva, que provoca quemazón al orinar, dolor, hinchazón en las rodillas y conjuntivitis.Fernando e Isabel, el matrimonio real español. La reina fue una impulsora clave de los viajes de ColónColón era un genovés nacido en 1451 aunque no se le conoce un solo documento suyo escrito en italiano. Por eso las sospechas de que fuera portugués o español.En 1479 conoció a Felipa Moniz en el monasterio de Santos, donde él iba a escuchar misa y ella se alojaba. Hija del reconocido navegante portugués Bartolomeu Perestrelo, se casaron ese mismo año y tuvieron un hijo, Diego.Fueron muchas las reticencias y las dudas que Colón debió sortear para poner proa a su proyectoSu suegra Isabel fue clave en sus proyectos, ya que le facilitó cartas de navegación, mapas y documentos que habían pertenecido a su marido. Su esposa Felipa falleció en una fecha imprecisa, entre 1484 y 1485, que coincide con la partida de Colón de Portugal a España.El 12 de octubre de 1492 Colón llegó a la isla de Watling, a la que dio el nombre de San Salvador. Pasó a Cuba, luego a Haití (o Isla Española) y emprendió el regreso. En su segundo viaje recorrió las pequeñas Antillas y al llegar a La Española halló el fuerte destruido y sus habitantes masacrados por los indígenas. Luego de fundar la ciudad de La Isabela, exploró Cuba y Jamaica. Regresó enfermo a La Española, donde el gobierno de su hermano Bartolomé estaba sospechado de oscuros manejos, que motivaron que la Corte enviase a un comisionado. Colón regresó a España con él. En su tercer viaje llegó a las bocas del Orinoco. Por la anarquía reinante en La Española, los reyes enviaron a Francisco de Bobadilla -que no tenía una buena relación con el navegante- quien remitió detenidos a España a Colón y a sus hermanos. Declarado inocente, encaró su cuarto y último viaje, en el que llegó hasta Panamá y, luego de privaciones y de serios contrastes en el viaje, fue rescatado y llevado a Jamaica de donde emprendió el regreso a España. No volvería más a las tierras que él creyó eran las indias. Fueron 12 años de viajes.En el momento de su muerte, estuvo acompañado por sus hijos y un par de allegados. Su hijo y luego su nieto continuaron con los reclamos por los derechosPara 1504 ya estaba muy enfermo para trasladarse de Sevilla. Le pidió a su hijo Diego, empleado en el Cuerpo de Guardia de la Reina y luego del Rey, que iniciase el reclamo.Colón sufrió ese invierno. En mayo de 1505 partió a Segovia, donde residía la corte. Fueron 500 kilómetros recorridos a lomo de mula. Cuando arribó, se enteró que el 26 de noviembre del año anterior la reina Isabel I La Católica, la que había apostado por él ganándole al escepticismo de su marido Fernando, había fallecido en Medina del Campo. Debió discutir con el rey sus asuntos. Si bien lo recibió cortésmente, le recomendó que hablase con el padre Diego de Deza y Tavera para que lo defendiese en sus reclamos.El dominico Deza no le era extraño. Se habían conocido en Salamanca cuando Colón intentaba convencer a la corte de Castilla de la travesía que quería emprender. Deza y los demás frailes se entusiasmaron con sus planes y el apoyo que le brindaron al navegante fue clave. Además, el religioso tenía influencia en la corte y la reina lo había mencionado en su testamento.Las cuestiones de las rentas y las propiedades que les fueron concedidas le aseguraban un buen pasar económico. Sin embargo, Colón reclamaba los cargos hereditarios de virrey y gobernador. La Corte se negó y hasta le ofreció un título nobiliario en León si desistía en sus reclamos.12 de octubre de 1492, un día clave en la historia de América. Colón llega a sus costasEl almirante empeoraba día a día. Debió dejar la fría Segovia y se trasladó a Valladolid, distante unos 100 kilómetros.Le había confiado a su hijo Diego el cuidado de Beatriz Enríquez, madre de Fernando, “proveyendo a que pueda vivir con decoro como persona que pesa mucho en mi conciencia. No me es lícito escribir aquí la razón para ello”. Colón había conocido a esta mujer de familia campesina por el año 1486 mientras buscaba apoyo y nunca se habían casado. El 15 de agosto de 1488, fruto de esa relación, tuvieron un hijo. Cuando zarpó en 1492 sus vástagos quedaron al cuidado de ella.El 20 de mayo de 1506, en la habitación de la modesta casa de piedra de una planta que ya no existe más de la calle de la Magdalena de Valladolid, rodeaban a Cristóbal Colón en su lecho de enfermo sus hijos Diego y Fernando y un par de allegados. No había ningún representante de la Corte, ni siquiera su amada Beatriz, a la que tuvo en cuenta en sus últimos momentos. “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”, fueron sus últimas palabras.Como la Corte no reconocía los derechos que reclamaba, su hijo Diego inició en 1508 lo que se llamaron los pleitos colombinos, que finalizaron en 1563 con su nieto Luis. El rey se negaba a otorgar los amplios dominios descubiertos a una sola persona. Luis terminaría aceptando los títulos de Duque de Veragua, Marqués de Jamaica y Almirante de la Mar Océana.Fue enterrado en el convento de San Francisco de Valladolid. Tres años después sus restos fueron trasladados al Monasterio La Cartuja, en Sevilla. Años después, junto a los de su hijo Diego -fallecido en 1526- fueron llevados a la isla La Española, y depositados en la catedral de Santo Domingo. En 1795 terminarían en la catedral de La Habana, donde estuvieron hasta 1898, año que la isla se independizó. Entonces, nuevamente fueron enterrados en la catedral de Sevilla. República Dominicana asegura que es depositaria de los restos del gran almirante, y que los huesos que fueron llevados a Cuba pertenecen a un familiar.En el solar donde se supone se levantaba la casa donde falleció, hoy lo ocupa un museo inspirado en la casa virreinal que habitaba Diego Colón en Santo Domingo. En él se recuerda la vida y la epopeya del ilustre navegante, que aún se discute su lugar de nacimiento. La única certeza fue que este hombre, que nunca había encargado en vida un retrato, murió reclamando sus derechos en una modesta casa de piedra que ya no existe.Seguir leyendo:El misterioso y trágico destino de los restos de la Santa María, la carabela con la que Colón descubrió AméricaLa odisea de Magallanes alrededor del mundo: la obsesión por llegar a las islas de las Especias y su trágica muerte</p>
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		<title>Mary Austin, el gran amor de Freddie Mercury que guardó sus cenizas, heredó su fortuna y ahora subastará 1.500 tesoros del artista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 May 2023 13:19:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[Amor de mi vida]]></category>
		<category><![CDATA[Freddie Mercury]]></category>
		<category><![CDATA[Heredera]]></category>
		<category><![CDATA[Love of my life]]></category>
		<category><![CDATA[Mary Austin]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Freddie Mercury y Mary Austin cuando todavía vivían juntos (Photo by Terence Spencer/The LIFE Images...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Freddie Mercury y Mary Austin cuando todavía vivían juntos (Photo by Terence Spencer/The LIFE Images Collection/Getty Images) (The LIFE Images Collection/Getty/)La última obra de arte que Freddie Mercury compró es un retrato que el pintor francés James Jacques Tissot hizo de su musa Kathleen Newton en 1880. Le designó una posición privilegiada: enfrente del sofá, en su casa conocida como Garden Lodge, ubicada en el oeste de Londres. El lienzo está valuado en 500 mil dólares. Es uno de los 1.500 artículos que Mary Austin, su novia durante seis años y según su propio juicio “su única amiga verdadera”, subastará en la sede de Sotheby’s en la capital británica. Será una galería dedicada a sus treinta años de carrera, “una colección de objetos que te llevan a los más profundo del individuo famoso y el hombre que yo conocí”, tal como reveló Austin a la BBC.La selección presume de piezas únicas. Hay un manuscrito de nueve páginas conserva la letra, los acordes y armonías de We Are The Champions que tiene un pronóstico de remate de 250 mil dólares. Hay un escrito a mano en una hoja de papel escrita con lapicero de la canción Killer Queen, el teléfono que estaba al lado de su cama, una peineta para bigote de color plateado marca Tiffany &amp; Co, servilletas de cóctler con una F verde bordada, la mítica corona inspirada en que usará el rey Carlos en su próxima coronación, una capa de acompañamiento hecha de terciopelo rojo, piel sintética y pedrería que utilizó para la versión final de God Save the Queen, que puso fin a la última presentación en vivo de la banda en Knebworth en 1986, una lujosa chaqueta ceremonial de estilo militar con medallas de imitación, un kimono de manga larga y su chaleco favorito, el que usó en el último video que grabó, meses antes de su muerte, que pertenecía a la canción These are the Days of Our Lives. Pintados a mano se distinguen las siluetas de sus seis gatos: Lily, Romeo, Oscar, Goliat, Miko y Delilah. Otros artículos de la colección incluyen once acuarelas del artista art déco ruso Erté, la guitarra acústica Martin D-35 de Mercury de 1975 en su estuche original, un reloj de escritorio Fabergé con gemas engastadas, nefrita y esmalte, y un teléfono de disco antiguo de baquelita.Austin dijo que es una colección “inteligente y sofisticada” en la que se puede advertir el espectro del gusto de Mercury. Lo recaudado, que se prevé superará los siete millones de dólares, será donado (en parte) a organizaciones benéficas como Mercury Phoenix Trust y Elton John Aids Foundation. “Estás mirando el proceso de un artista. Las frases, el repensar, el volver a empezar”, describió quien decidió poner a la venta la colección que había heredado porque, tal como explicó, “necesita poner sus asuntos en orden”. “El tiempo ha llegado para mí de tomar la difícil decisión de cerrar este capítulo tan especial de mi vida. Me di cuenta de que no era apropiado quedarme con cosas. Si iba a venderlas, tendría que ser lo suficientemente valiente de venderlo todo”, señaló.Hay excepciones: conservará regalos personales y fotografías en las que están juntos. Se habían conocido a los 19 años. Hay quienes aseguran que la balada Love of my Life la escribió pensando en ella, su novia eterna. En su testamento, Mercury la designó como su albacea: en ella confió su patrimonio, su mansión y su legado. A su madre y a su hermana, en cambio, les cedió los derechos de sus canciones y su obra. Fue Mary Austin el gran amor y la gran amiga de Freddie Mercury.Freddie con Mary Austin, su ex novia que lo acompañó hasta el finalQuería envejecer con ella. Mucho antes de saber que la potencia electrizante de su voz se apagaría apenas a los 45 años, prometió en una entrevista que iba a amar a Mary Austin “hasta el último suspiro”. Era 1985, y el cantante no dudó: “Si muero antes que ella –dijo–, le voy a dejar todo lo que tengo. Nadie más va a ver un centavo, salvo mis gatos”.Por entonces estaba convencido de que sólo Austin –y tal vez Jerry, el gato que compartieron en sus seis años de convivencia, entre 1970 y 1976– lo habían correspondido por completo en el amor. Y lo explicaba sin vueltas: “Podés ser la persona más sola del mundo aunque seas amado por miles, y la frustración es aún más grande, porque es difícil para los demás entender tu soledad. Todos aman a la estrella pop, nadie ama al verdadero Freddie Mercury”.Pero ella lo conocía de verdad y lo quería. En el pico de popularidad de Queen, Mary era la única que se atrevía a decirle la verdad y hasta a mandonear a ese rockstar caprichoso y rodeado siempre de un entorno adulador en el que lo habían convertido la fama y los multitudinarios shows. Y para él era evidente: decía que sólo ella lo hacía realmente feliz. “Puedo tener todos los problemas del mundo –repetía–, pero si tengo a Mary, sé que puedo atravesarlos”.Freddie Mercury y Mary Austin durante el cumpleaños número 38 del cantante (Grosby)Lo cuenta la escritora Lesley-Ann Jones, que participó de varias giras de la banda en los ochenta, cuando Mary ya era la asistente personal del músico. Fue la manera en que Freddie se aseguró de tenerla cerca cuando su noviazgo terminó. Esa y otra más, mucho más literal: se mudó a una casa en Stafford Terrace, desde donde podía ver su departamento por la ventana, como muestra Bohemian Rhapsody, la biopic de 2018 por la que Austin ganó más de 51 millones de dólares en regalías. La película, que echa luz sobre la historia de la lealtad inclaudicable entre músico y la mujer a la que le dedicó ese himno de los amantes que es Love of my life (1975), fue acusada de hacer straight-washing, es decir, de centrarse en esa relación heterosexual cuando, si bien Mercury nunca habló de su sexualidad, fue un ícono gay de su tiempo. De hecho, vivió hasta sus últimos días con su novio Jim Hutton, con quien mantuvo una relación desde 1985.Ni eso ni los dos matrimonios de Mary –tuvo tres hijos, y Freddie fue el padrino del mayor– impidió que siguiera llamándola siempre su “esposa legal”. Se habían separado quince años antes y jamás llegaron a casarse, pero, hasta su último suspiro, el 24 de noviembre de 1991, él dejó en claro que nadie iba a ocupar nunca el lugar de Austin: “Todos mis amantes me preguntan por qué no pueden reemplazar a Mary, pero es simplemente imposible. Es la única amiga que tengo, y no quiero a nadie más. Para mí es mi esposa. Para mí fue un matrimonio. Creemos el uno en la otra, y eso es suficiente para mí.” Y esa confianza trascendió su muerte. Como había anticipado siempre, le dejó a la mujer de su vida toda su fortuna; también su mayor secreto póstumo: dónde sería enterrado.Se habían conocido en 1969, cuando Austin tenía 19 años y era vendedora en la mítica boutique Biba, epicentro del Swinging London. Freddie tenía 24, y aún en ascenso, solía ir al local con el guitarrista Brian May, que salió un par de veces con Mary antes de que su compañero le confesara que se había enamorado de ella, y le pidiera permiso para invitarla. “Al principio, la mayoría de las veces venía con alguien. Sonreía, decía ‘hola’ y pasaba –cuenta ella en el documental Freddie Mercury -The untold story–. Pero sus visitas se hicieron cada vez más frecuentes. Habrán sido cinco o seis meses hasta que finalmente me preguntó si quería salir con él. Cinco meses después estábamos viviendo juntos y seguimos así durante unos seis años”.Freddie y Mary en los comienzos de la relación. Al principio ella era su asistente personal. Luego fue el amor de su vida (BM)Mary era de origen humilde y su vida cambió por completo cuando empezó su romance con el músico. Lo acompañó en los primeros años de éxito de su carrera: “Crecimos juntos”, dijo en una entrevista al Daily Mail en 2013. Eran días felices: ella lo acompañaba a las grabaciones y en las largas noches que pasaba componiendo. Una Navidad le propuso casamiento con un anillo de jade, y Mary aceptó. Pero pasaron los meses, y aunque ella se ilusionó con un vestido, la propuesta se diluyó. “Nunca lo cuestioné, pero él sí había empezado a cuestionarse a sí mismo. Probablemente quería casarse, pero empezó a preguntarse si eso iba a ser justo para mí”, contó Austin sobre el final del noviazgo, cuando Mercury le reveló que era bisexual. “No creo que seas bisexual. Creo que sos gay”, le dijo ella.Fue el final de la convivencia, pero también el momento en el que se selló la confianza infinita y la certeza de que en ella iba a encontrar una voz capaz de hablarle con la verdad y de igual a igual, si era necesario como si no fuera un rockstar. No pensaba que ella iba a apoyarlo, pero se encontró con la forma del amor más sincera: “Mientras me lo decía, lo vi más feliz y relajado. Y me hacía feliz verlo feliz, porque ser gay también era parte de lo que yo amaba en él. No podía negarle eso porque el nuestro era amor en serio, y el verdadero amor entiende y acepta”.Ese día, Freddie la abrazó y le dijo que, sin importar lo que pasara, quería que fuera parte de su vida para siempre. “Creamos una rutina de una vida fuera de lo convencional. Si había una comida yo me sentaba junto a él, de un lado, y su último novio, del otro”, recordó Mary.Mary Austin, Jim Hutton -el último novio del cantante- y Freddie Mercury. Ella siempre estuvo junto al líder de Queen. Y él la convirtió en su principal herederaAustin fue la primera en saber que el cantante de Queen tenía VIH, el médico la llamó a ella para darle los resultados, porque Mercury, que sospechaba lo que tenía, se negaba a atender el teléfono. Mary fue un apoyo incondicional en sus últimos días, cuando se turnaba con Hutton y otros tres amigos cercanos para acostarse en su cama y acompañarlo. Una tarde, se despertó se despertó de un sueño de morfina y al verla sentada a su lado, sonrió: “Ahí estás, mi amiga más vieja e incondicional”. Por esos días fue cuando Mercury le reveló que tenía pensado dejarle el 50 por ciento de los derechos por las futuras ganancias de su imagen y sus discos, y la mansión Garden Lodge, en West Kensington –valuada en US$22 millones–, en la que Mary vive hasta hoy, a sus 72 años. “Si las cosas hubiesen sido distintas, vos serías mi esposa y todo esto sería tuyo de todas formas”, le aseguró cuando ella intentó convencerlo de que era demasiado. También le advirtió que no iba a ser fácil, y que los demás no iban a entenderlo. “Y me alegro de que lo hiciera, porque los celos y la envidia me golpearon como un tren bala japonés –dijo Mary en aquella entrevista de 2013–. Fue muy doloroso. Me había dejado tanto y, a la vez, ¡tanto de qué ocuparme! Llegué a pensar que no iba a poder”.Tras la desaparición de Mercury, Hutton, un peluquero irlandés que solo recibió 600 mil dólares (un vuelto en comparación con la fortuna que el músico le legó a Mary), denunció que había sido echado de Garden Lodge aún pese a que el cantante quería que siguiera viviendo ahí. Usó la herencia para volver a Irlanda, donde escribió un libro sobre su relación con Freddie. Le había tocado compartir con el ídolo sus años más dolorosos y una viudez menos reconocida que la de aquella primera novia que Freddie eligió para que fuera el amor de su vida hasta después de su muerte. El mismo era seropositivo, aunque los avances en el tratamiento del virus evitaron que muriera de sida como Mercury: murió de cáncer de pulmón, en 2010.Pero el desafío más grande para Mary fue ser la guardiana del destino final de las cenizas de su amigo. “No quería que nadie intentara desenterrarlo, como había sucedido con otras personas famosas. Los fanáticos pueden ser profundamente obsesivos. Él quería que fuera un secreto y seguirá siéndolo”, dijo Mary al Daily Mail.Freddie junto a Austin en los premios Ivor Novello de 1987 (Grosby)Los dos primeros años, mantuvo el cofre con los restos de Freddie en su cuarto de la mansión de Kensington. “Fue difícil encontrar el momento. No quería que nadie sospechara que estaba haciendo algo fuera de lo normal. Una mañana simplemente me escabullí de la casa con la urna. Tenía que parecer un día normal para que nadie sospechara”, contó. Unos días antes había llamado a sus padres, Bomi y Jer Bulsara, a una ceremonia íntima en Garden Lodge en memoria de Mercury. Pero ni siquiera ellos supieron cuál sería el lugar en el que iba a descansar para siempre su hijo.Se especuló con que habrían regresado a su Zanzibar natal, con que habrían sido enterradas bajo un cerezo en el jardín japonés de la misma Garden Lodge, y con que estaban en el cementerio de Kensal Green bajo otra identidad. Austin desmintió cada versión y se mantuvo fiel a su promesa: “Nadie nunca sabrá dónde están enterradas porque ese fue su deseo”. En la docuserie Freddie Mercury: A Life in Ten Pictures, que la BBC presentó para homenajear los treinta años de su muerte, le preguntan por él a Mary: “Me dejó mucho, pero perdí lo más importante, porque él era mi familia, mi vida. Aparte de mis hijos, Freddie era todo para mí. No se parece a nadie que haya conocido y a nadie que pueda llegar a conocer. Fue mi gran amor, hubiera preferido irme antes que él”.Seguir leyendo:A 31 años de la muerte de Freddie Mercury: la traición de su amante y el verdadero amor de su vidaEl documental sobre Freddie Mercury en el último capítulo de su vida</p>
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		<title>Operación Pato: cómo Stalin mandó a asesinar a Trotsky, el hombre que podía amenazar a su brutal régimen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Mar 2022 05:17:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[Ramón Mercader del Río]]></category>
		<category><![CDATA[undefined]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un policía mexicano sostiene el piolet usado por Ramón Mercader para herir mortalmente a León...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un policía mexicano sostiene el piolet usado por Ramón Mercader para herir mortalmente a León Trotsky, en Ciudad de México, el 20 de agosto de 1940. Mercader, también conocido como Jacques Mornard y Frank Jackson, era considerado un “amigo de la familia” por Trostky (AP)Ramón Mercader del Río nació el 7 de febrero de 1913 en Barcelona, España. Hijo de un empleado textil, creció en el seno de una familia burguesa afiliada a intereses conservadores y nacionalistas. Nada que vislumbrara su causa futura. Caridad, su madre, se involucró en encuentros anarquistas que fueron inoculando una concepción de vida disímil a su estilo de crianza.Ramón Mercader la siguió. Enamorado ya de la ideología marxista y preso en las filas comunistas, luego de participar en los albores de la Guerra Civil Española, se unió a los servicios secretos soviéticos que le tenían resguardado un plan maestro: asesinar a León Trotsky, exiliado por Joseph Stalin tras su ascenso al poder de la Unión Soviética.Se convirtió en la pieza de ejecución de la Operación Utka (Operación Pato) que suponía la eliminación de la principal amenaza al régimen stalinista, radicado en México, donde rodeado de intelectuales y artistas seguía ejerciendo su liderazgo ideológico aún desde el ostracismo. Se infiltró en los círculos trotskistas con la identidad de Jacques Mornard, supuesto militante belga y uno de sus tantos seudónimos. Se había hecho amigo en París, Francia, de Sylvia Ageloff, una militante trotskista estadounidense que intentará suicidarse cuando descubra la verdad.Se ganó la confianza del círculo íntimo del fundador del Ejército Rojo, que en enero de 1928 había sido deportado a Kazajistán para un año perder su ciudadanía y ser expulsado de la Unión Soviética por una persecución declarada del estalinismo. El propósito era encontrarlo solo e indefenso. El 20 de agosto de 1940 fue el día: se dirigió a la casa de Trotsky con la excusa de entregarle unos documentos, sumido en el personaje de un estudiante de Letras.Pero mientras el arquitecto de la Revolución Permanente recorre las primeras líneas, Mercader le hunde en la cabeza un pico de mango corto. La herida, de siete centímetros de profundidad, es letal. Trotsky muere en un hospital doce horas después, el 21 de agosto de 1940 en la ciudad de México. En Moscú, a casi once mil kilómetros del crimen y al enterarse, José Stalin celebra con champagne, bebida que prefiere por sobre el vodka.Se ha cumplido su orden.León Trotrsky y Iosef StalinNo mucho antes, y después del largo exilio de Trotsky por medio mundo, le ha dicho a Pável Sudoplátov, el número dos de la Sección Exterior del Politburó, máxima fortaleza del poder político: “Ha hecho bien en huir. Su fracción ya no tiene ninguna figura relevante. Muerto él, se acabó el problema”. No sólo lo condena a muerte: la ordena sin palabras directas, y su interlocutor pone en marcha el mecanismo.Stalin, “el maravilloso georgiano”, como lo llamó Lenin antes de advertir su infinita ambición, ya no tiene límites. Es el amo absoluto, y a precio de sangre –millones de muertos– más grande y uno de los más ricos del planeta.Cuando Lenin, padre indiscutido de la Revolución de 1917, lanza su desafío, es demasiado tarde. Ha dicho que “Stalin es demasiado brutal, y ese defecto, perfectamente aceptable en nuestro medio y entre comunistas, es inaceptable en un secretario general. Por lo tanto, propongo a los camaradas que encuentren un modo de revocarlo, y de nombrar en su lugar a un hombre que no se le parezca en nada”.Palabras al viento…Pero la rivalidad, el odio, el desprecio entre Trotsky y Stalin es una de las salvajes contradicciones del comunismo: esa dictadura asfixiante que reinó en Rusia y sus satélites -la URSS- durante siete décadas, hasta que el hartazgo y las piquetas derribaron el Muro de Berlín: la última e insostenible cárcel a cielo abierto que fue el sector alemán del Este…Porque ambos hombres, a pesar de sus diferencias de cuna, de carácter, de cultura, de acción, querían lo mismo: el derrumbe del zarismo y su criminal régimen de aristócratas millonarios y campesinos muertos de hambre.Ramón Mercader no había posado voluntariamente para una fotografía desde que fue sentenciado. Pagaba por una celda privada a través de su abogado y no mostraba signos de querer abandonar la prisión (AP)Lev Davídovich Bronstein (Trotsky era el nombre que adoptó de uno de sus carceleros) nació en Iankova el octubre de 1879.Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin significa &#8220;hombre de acero&#8221;), en Georgia, apenas un año después.Trotsky era hijo de ricos terratenientes judíos. Stalin, hijo de un zapatero pobre, violento y borracho. Trotsky lo tenía todo: gran planta física, distinción, elegancia, mujeriego con éxito sin par… y los necesarios fanatismo y crueldad para liderar a las masas a pesar de la duda de Stalin: “¿Cómo un hombre así puede atraer al pueblo?”.Stalin, en cambio, no tenía nada. Fue un chico de la calle forjado a golpes: peleas callejeras, y hambre muchas veces. ¿Su aspecto?: en las antípodas de Trotsky. Corpulento, de andar pesado, el brazo izquierdo más corto que el derecho, cara picada de viruela, piel grisácea, ojos amarillos (como de gato), y habla lenta y monótona: el peor enemigo de la persuasión. Sin embargo, muy inteligente -brillante alumno del exigente Seminario de Tiflis-, y seductor de damas mucho más exitoso de lo imaginable.En cuanto a la acción, también agua y aceite. Trotsky era un hombre volcánico, irreflexivo a veces, que jugaba muy fuerte todas sus barajas. Stalin, por oposición, un paciente fumador de pipa, reflexivo, metódico, ensimismado, distante… Una fiera agazapada esperando el momento de saltar sobre su presa…Y en el centro de ambos, la piedra basal de la revolución: Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), el Rey Sol de la Revolución. De aquellos diez días que conmovieron al mundo, como tituló el periodista norteamericano John Reed su inmortal crónica de esa explosión que dividió en dos al mundo, y en más de un sentido, lo cambió, más allá del derrumbe final. Murió demasiado joven: en 1924, a los 58 años, y ya muy deteriorado por un par de ataques cerebrales. De haber vivido más, acaso hubiera podido cambiar en algo el rumbo de la historia…Lev Davídovich Bronstein (Trotsky) era hijo de ricos terratenientes judíosDesde luego, Trotsky y Stalin abrevaron –como antes Lenin– en “El Capital”, la obra mayor de Karl Marx. Pero la lucha por el poder los dividió en tirios y troyanos, en Montescos y Capuletos.Aquella frase de Lenin (“¡Todo el poder a los soviets”), que englobaba a campesinos, soldados, trabajadores de todas las ramas, lejos de unirlos, los dividió para siempre. La lucha por el poder pudo más. Stalin se erigió en líder absoluto de los bolcheviques, y Trotsky en su igual de los mencheviques.Más allá de los infinitos matices y complejidades del proceso revolucionario, Stalin quería revolucionarios profesionales disciplinados por y para Rusia: la dictadura del proletariado. Trotsky, en cambio, un partido de masas no demasiado organizado, y el triunfo de la Revolución Permanente. Según él, una acción del proletariado no limitada a un país sino internacional, porque &#8220;sólo sobrevivirá si triunfa en las naciones más avanzadas&#8221;, escribió.Los dos sufrieron cárceles, deportaciones y largos exilios. Los dos lograron escaparse de sus cárceles. Los dos abandonaron a sus mujeres y a sus hijos en aras de la revolución.A pesar de que el PC (b) -Partido Comunista bolchevique- no termina de digerir el poder de Stalin, lo juzga un hombre tosco y de pocas luces, y no comprende el apoyo de Lenin. Stalin va urdiendo su poder -que será omnímodo- con actos cada vez más violentos. Por ejemplos, las expropiaciones en masa de tierras, que Lenin -siempre atento a la alcancía del partido bolchevique- aplaude…Y más aun. A la manera de las juventudes hitlerianas, arma una banda de matones, amigos suyos desde la infancia, e imponen un régimen de terror: robos a mano armada, asesinatos, saqueos de comercios, destrucción de bienes, atesoramiento de rublos…, mientras Trotsky empieza a ser una sombra. Un ave solitaria en el mapa del marxismo leninismo.Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin significa &#8220;hombre de acero&#8221;) nació en Georgia en 1880. Era hijo de un zapatero pobre, violento y borrachoAl hombre de la eterna pipa sólo le faltaba la última y gran oportunidad… ¡y la tuvo! La Segunda Guerra Mundial. Su unión con los aliados. El invierno ruso, golpe mortal para un nazismo sin destino, y hasta el lujo del soldado soviético que izó la bandera roja de la hoz y el martillo en lo más alto del Parlamento Alemán.Stalin murió de hemorragia cerebral el 5 de marzo de 1953, a los 74 años. Una teoría asegura que fue envenenado.En sus casi cuarenta años de reinado absoluto, Rusia pasó de país agrario a segunda potencia industrial del mundo. A precio altísimo. Entre deportaciones, fusilamientos, purgas, confinamientos en gulags, cárceles de las que nadie volvía, su paranoia –ver enemigos en cada rincón– mató a más de diez millones de almas. Otros juran que a veinte…Sus defensores argumentan que &#8220;Stalin recibió un país que trabajaba con arados de madera, y que en 1961 puso al primer hombre en el espacio: Yuri Gagarin&#8221;.¿El fin justifica los medios?La más conmovedora respuesta a ese dilema la dio el gigantesco escritor Fiodor Dostoyevski. Caminaba junto a un amigo y vio a unos chicos jugando en la calle. El amigo le preguntó: “Si para que triunfara esa revolución de la que tanto hablas tuviera que morir uno de esos niños, ¿lo aceptarías?”. “¡Jamás!”, respondió.* El artículo original de Alfredo Serra se publicó el 17 de junio de 2018.SEGUIR LEYENDO:Infancia y tiranía de Iósif Stalin: el niño golpeado y enfermo que se convirtió en un cruel dictadorSolo, abandonado y aterrado: así murió Stalin, el sangriento dictador al que Putin quiere imitar</p>
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		<title>El trágico final de una secta liderada por un perverso que tenía 140 esposas y decía ser la reencarnación de Dios</title>
		<link>https://biglatinonews.com/2022/02/28/el-tragico-final-de-una-secta-liderada-por-un-perverso-que-tenia-140-esposas-y-decia-ser-la-reencarnacion-de-dios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Feb 2022 05:15:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[David Koresh]]></category>
		<category><![CDATA[Líder religioso]]></category>
		<category><![CDATA[Masacre de Waco]]></category>
		<category><![CDATA[Secta]]></category>
		<category><![CDATA[Waco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una foto del ex líder de la rama davidiana David Koresh cuelga en una pared...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Una foto del ex líder de la rama davidiana David Koresh cuelga en una pared en la capilla de una habitación en el sitio del Complejo de la Rama Davidiana cerca de Waco, Texas, el lunes 9 de abril de 2007 (AP Photo/Rod Aydelotte)Su vida, desastrada, terminó como estaba marcada: en un desastre. Nació de una pareja de adolescentes que se ocuparon nada de él, el padre huyó pronto y jamás volvió a verlo; la madre lo dejó en custodia con algún familiar. A los ocho años fue abusado sexualmente por una banda de chicos más grandes. Tuvo problemas de aprendizaje debido a su constante distracción y a una dislexia que no le impidió, a los once años, saberse de memoria, y repetirlo, el Nuevo Testamento. A los diecinueve años repitió la historia de sus padres: embarazó a una chica de quince años con quien tuvo un hijo. Creyó ser la encarnación de Dios en la Tierra. O su profeta. O su algo. Dijo que había recibido de Él, el don de la profecía. Mezcló el poder de la fe con el de la sexualidad. Se unió a una secta, capitaneó una de sus divisiones, armó un fortín inexpugnable y llevó a todos sus fieles a la muerte. Ese era David Koresh y así transcurrió su corta vida. Murió a los treinta y tres años, junto a todos sus fieles.Cómo nadie lo frenó a tiempo, si hubo alguna vez un tiempo para frenarlo, es un misterio encerrado en el fenómeno cultural de las sectas, tan en boga entre los años 70 y 90 del pasado siglo. No hace tanto. Cuando intentaron poner fin al delirio de los davidianos, después de decenas de denuncias sobre abuso sexual de menores en el interior de la secta, sobre el harén que rodeaba a Koresh que se había arrogado el derecho de tener ciento cuarenta esposas, y después de más denuncias sobre posesión ilegal de armas en manos de los miembros de la secta, la policía de Texas, el FBI y el departamento de Drogas, Alcohol y Tabaco sitió el rancho de Koresh, llamado Centro Monte Carmelo en honor al Monte Carmelo bíblico, la colina israelí donde apareció la Virgen del Carmen. El sitio empezó el 28 de febrero de 1993, hace veintinueve años, y un poco tarde, las fuerzas policiales, un pequeño ejército con cierta falta de coordinación, se dieron cuenta de que enfrentaban a otro ejército, el de los seguidores de Koresh, que tenían un arsenal. El tiroteo inicial dejó a cuatro agentes federales y cinco davidianos muertos.Todo duró cincuenta y un días: cuando por fin se decidió el ataque final, un enorme incendio consumió el Monte Carmelo con todos los davidianos dentro. Murieron setenta y seis personas: diecinueve hombres, treinta y cuatro mujeres y veintitrés chicos, uno de ellos, de una puñalada en el pecho. No es un dato menor. Indica que hubo padres que mataron a sus hijos antes de inmolarse en aquel infierno. Una conducta parecida a la que Jim Jones usó en Guyana en 1978 con los miembros de su “Templo del Pueblo”, cuando se suicidaron en masa novecientas dieciocho personas. Para el pensamiento de aquellas sectas, era imprescindible aislarse del mundo, vivir en comunidad, seguir los dictados de un único líder después de haberle entregado todos sus bienes, con la esperanza de llegar a Dios. Y, si era imprescindible, la muerte traería la salvación, serían los elegidos antes de que el mundo fuese destruido por el apocalipsis. Siéntense, mientras mueren, y esperen a ver a Jesús.David Koresh era el líder de la secta de los davidianos. Lanzaba profecías apocalítpticas, abusaba de menores y había acumulado un arsenal en Waco, donde llevó a un final suicida a 76 seguidores (AP Photo/Waco Tribune Herald)David Koresh nació en Houston, Texas, como Vernon Wayne Howell el 17 de agosto de 1959. Su mamá, Bonnie Sue Clark, tenía quince años y su papá, Bobby Howell, veinte, y dejó a Bonnie inmediatamente después del nacimiento del hijo. Ella inició una nueva vida, por así decirlo, con un tipo alcohólico y violento al que dejó en 1963: puso a su hijo de cuatro años en manos de su madre Earline Clark, y volvió a verlo tres años después, casada con un carpintero, Roy Haldeman, con quien tuvo un hijo en 1968.Como era previsible, Koresh, que adoptó ese apellido y su nuevo nombre, David, en abril de 1990, describió su infancia como la de un chico solitario. Se volcó de lleno a la religión. La leyenda asegura que, a los ocho años, fue violado por una pandilla de chicos mayores. Dejó la escuela secundaria en el penúltimo año, acosado por sus limitaciones de aprendizaje y por una dislexia que no le impidió, o acaso le facilitó, aprender de memoria el Nuevo Testamento. Su fe se había convertido en fanatismo.Después del Nacimiento de su primer hijo, con una muchacha de quince años, un calco de su vida personal, Koresh dijo que había nacido de nuevo como cristiano en la Convención Bautista del Sur y se unió a su madre en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Allí enamoró a la hija del pastor y, según reveló años más tarde, el azar le deparó la lectura del Libro de Isaías 34 que afirmaba que a nadie le debe faltar una compañera. El Libro de Isaías no dice eso, pero nadie chequea los libros sagrados. Koresh vio en esa visión un guiño de Dios para que tomara como esposa a la hija de su pastor. El pastor no pensaba lo mismo, ni del Libro de Isaías, ni de los guiños del Señor, ni de Koresh: lo expulsó de su comunidad en 1981.Koresh entonces se mudó a Waco, que sería el escenario de la tragedia. Se unió a los Davidianos, un grupo religioso escindido de La Vara del Pastor, que habían sido expulsados a su vez de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Los Davidianos se habían establecido en 1955 en un gran rancho, a quince kilómetros de Waco, al que llamaron Centro Monte Carmelo en homenaje a la Virgen. Allí empezó entonces una dura lucha por el poder de la secta.David Koresh con su esposa Rachel y su pequeño hijo Cyrus. Koresh decía que era el nuevo Mesías y que su semilla era &#8220;pura&#8221;, por lo que mantuvo un harem de 15 mujeres con quienes tuvo hijos (AP Photo)En 1983 Koresh dijo haber recibido el don de la profecía, que como ambición y en los postulados, no está nada mal. Pero en verdad había iniciado una relación sexual con la líder de la secta, y profetisa, Lois Roden, que tenía setenta y seis años. Para justificar esa relación, que en apariencia necesitaba ser justificada, Koresh dijo que Dios lo había elegido para engendrar un hijo con ella: el chico sería el Elegido.La profecía encerraba un pequeño drama: el hijo de Lois Roden, George Roden, aspiraba a heredar la secta de manos de su madre y denunció a Koresh ante una corte federal, como violador de la anciana. Además de la instancia judicial, Roden optó por una metodología más pragmática: echó a Koresh y a sus seguidores del Centro Monte Carmelo a punta de pistola.Para entonces Koresh ya había establecido el sexo, y el sexo con menores, como uno de los pilares de su movimiento. Tras la muerte de Lois Roden, en 1986 y mientras proclamaba que él era “hijo de Dios, el Cordero que abriría los siete sellos”, inició una relación sexual con Karen Doyle, de catorce años, a quien tomó como segunda esposa, se había casado, o algo así, con Rachel Jones, también de catorce años, hija de un dirigente de la secta. En agosto de ese año empezó otra relación sexual, secreta, con Michele Jones, de doce años, hermana menor de Rachel, su primera mujer entre los davidianos. En septiembre, Koresh, que antes había proclamado la monogamia, empezó a predicar su derecho a tener ciento cuarenta esposas: sesenta mujeres como “reinas” y ochenta como concubinas, según su interpretación del bíblico “Cantar de los Cantares”.Expulsado de la secta por Roden hijo, Koresh y sus fieles, unas veinticinco personas, se mudaron a Palestine, a ciento cuarenta kilómetros de Waco y vivieron unos años durísimos en tiendas de campaña y hasta en camiones, mientras reclutaban a más fieles en California, Gran Bretaña, Israel y Australia. En 1985 Koresh viajó a Israel y dijo haber tenido una visión que lo colocaba como al sucesor de Ciro el Grande, fundador del imperio persa. Hasta 1990, Koresh imaginó que el sitio de su martirio, previó su muerte, sería Israel. Pero ya en 1991 lo pensó mejor y decidió que ese sitio sería Estados Unidos, Waco y el Centro Monte Carmelo.La policía rodeó la sede de los davidianos en Texas- tenían una orden de allanamiento por abuso de menores y tenencia de armas ilegales. Su líder se negó y comenzó el infierno (AP Photo/Waco Tribune Herald)En noviembre de 1987 Koresh regresó a Monte Carmelo con siete seguidores armados hasta los dientes y vestidos con ropas de camuflaje, Recuperó el rancho a balazos, hirió a Roden en pecho y las manos, fue llevado a juicio por intento de asesinato, el juicio fue declarado nulo, Roden ya fuera de Monte Carmelo, asesinó a hachazos dos años más tarde a un compañero de habitación porque lo creyó un enviado de Koresh, fue declarado insano y encerrado en un psiquiátrico. Koresh quedó como amo del rancho de Waco. Pensó también que su “semilla” era pura y engendró al menos quince hijos, con diferentes “esposas” muchas de ellas menores, porque esos chicos estarían destinados a “manejar el mundo”. También invirtió doscientos cincuenta mil dólares en armas para combatir al “mal”, cuando se presentara.Para la secta, el “mal” llegó el domingo 28 de febrero de 1993, cuando arreciaban las denuncias contra los davidianos por abuso de menores, tenencia ilegal de armas y por impedir a quien quisiera abandonar la secta. Después del tiroteo inicial, de las muertes de los agentes federales y de cinco davidianos, el sitio se prolongó con varios intentos, todos fallidos, de una salida negociada. No Koresh ni sus seguidores tenían intención de negociar. Amenazaron con la destrucción total si el FBI pretendía entrar a Monte Carmelo. Y, según testimonios de quienes pudieron escapar durante ese sitio, mientras mantenían la farsa del diálogo, en el interior de la secta se discutía si la mejor manera de suicidarse era de un balazo o con cianuro.El 19 de abril, después de cincuenta y un días de asedio, las fuerzas federales intentaron tomar por asalto Monte Carmelo. Estalló entonces un incendio que alcanzó todos los rincones del rancho. Los bomberos que quisieron combatirlo no hallaron agua, que había sido cortada por los sitiadores. Las autoridades informaron después del desastre que el fuego había sido iniciado por los davidianos en tres focos diferentes. Escucharon a los miembros de la secta decir “empiecen el fuego”, o “derramen el combustible” porque habían ocultado micrófonos en los cartones de leche enviados para alimentar a los chicos durante el sitio.Las autoridades decidieron cortar el agua para intentar convencerlos de que abandonaran el lugar. Sobrevolaron con helicópteros, recurrieron a poner música a todo volumen, durante horas, para privarlos del sueño. Nada resultó (AP Photo/Susan Weems, File)Los davidianos murieron de muy diferentes formas. Muchos abrasado por las llamas porque Koresh les dijo: “Sentaos y esperad sencillamente hasta ver a Dios”, mientras el fuego lo devoraba todo. Otros murieron a balazos, asesinados por los davidianos cuando intentaron huir del aquel infierno. A muchos chicos los mataron los padres; otros muchos chicos murieron asfixiados: los hallaron cubiertos por toallas, presumiblemente empapadas, en un último intento de salvarles la vida.Entre los cuerpos calcinados que pudieron ser identificados, estaba el de David Koresh: tenía un disparo de arma corta en el cráneo. No se determinó si se disparó, o fue asesinado, tal como había ocurrido con Jim Jones en Guyana quince años antes.El círculo tuvo dos trágicos cierres. El 19 de abril de 1995, dos años después de Waco, el terrorista Timothy McVeigh voló el edificio federal Alfred P. Murrah de Oklahoma, que albergaba a la división local de la agencia de Alcohol, Drogas y Tabaco. Así quiso McVeigh conmemorar a los davidianos. Murieron ciento sesenta y ocho personas.El 23 de enero de 2009, Bonnie Clark Haldeman, la madre que a los quince años parió al monstruo David Koresh, fue asesinada en su casa de Chandler, a unos trescientos kilómetros de Houston, Texas. Tenía sesenta y cuatro años. La mató a puñaladas su hermana menor.SEGUIR LEYENDO:Un líder desquiciado, una estrella masacrada y un culto satánico: los sangrientos crímenes del Clan MansonJim Jones, locura y muerte: cómo se gestó el mayor suicidio colectivo de la historia</p>
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		<title>A 10 años de la muerte de Amalita Fortabat: amores, poder y caprichos de una vida tormentosa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 05:16:13 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La fortuna de Amalita llegó a ser de 1.800 millones de dólares. Era una de las tres mayores de Argentina. Y según Forbes estaba entre las 500 más importantes del mundo REUTERS/Stringer/Files Alfredo Fortabat era 28 años más grande que ella. Y era, también, millonario. Amalita era una mujer joven, decidida y de gran belleza. Amalita reconoció que su segundo marido no era buen mozo. Era algo muy superior a eso, algo a lo que pocos pueden aspirar y menos todavía alcanzar. Era, según ella, espléndido.La primera vez que se vieron fue en un teatro. Algunos dicen que en el Colón; otros, en el Odeón. Lo cierto es que ambos estaban con sus parejas. Alfredo Fortabat con su esposa, La Negra Corti Maderna. Amalia Lacroze con su prometido, Hernán de Lafuente Sáenz Valiente. Alfredo, desde el mejor palco del teatro que haya sido, descubrió a esa chica deslumbrante de 21 años. No le importó que estuviera con un hombre. Le hizo llegar (algunos afirman que se las entregó él mismo) una caja de cerezas recubiertas de chocolate. La chica rió con el coraje de ese hombre mayor, creyó que sólo se trataba de un gesto exagerado de galantería. Al poco tiempo la joven pareja de novios fue invitada a pasar un día en el campo del empresario del cemento. Aceptaron. Y hasta se dice que Lafuente ese día regresó a su casa con varios negocios entre manos, como aliciente para que esos encuentros no se interrumpieran. El asedio de Fortabat continuó. Pero eran principios de la década del cuarenta y ni un compromiso ni un matrimonio se rompían tan fácil. Amalita y Hernán se casaron. Invitaron a Fortabat que desistió de concurrir: “No podría soportarlo”, le dijo a la novia. Pero sí envió un regalo de bodas. Una despampanante pulsera de oro. Un regalo que sólo era para la novia.Amalita con su madre, Amalia Reyes. Su padre era el médico Alberto Daniel Lacroze Gowland Tres años después, Amalita y su marido viajaron a Europa con Inés, su hija de un año. Alfredo Fortabat los encontró en París. Los habría seguido, obsesionado por la mujer. En un baile le declaró su amor.Al regresar a Argentina, Amalita se separó. También Fortabat. Aunque tardó bastante en saberse. Había que mantener las formas. De Lafuente aceptó la situación (después estaría en pareja con el mayor mito femenino porteño durante décadas: Nélida Roca; era el hombre que podía alcanzar las mujeres inalcanzables). Fortabat se encargó de compensarlo y de todos los trámites de divorcio vía Uruguay. La Negra Corti Maderna intentó que se le reconociera, como corresponde, la mitad de los bienes de la sociedad conyugal. Pero unas maniobras del millonario habían hecho desaparecer los múltiples bienes.La relación entre Amalita y Alfredo, clandestina al principio para acallar las críticas sociales, se volvió oficial en 1948. En 1954 con la efímera ley de divorcio de Perón, fueron la sexta pareja en casarse con el flamante régimen.Amalita a los veinte años. Cuando estaba comprometida con quién luego sería su primer marido, Hernán Lafuente. Y cuando la conoció y quedó deslumbrado Alfredo Fortabat (Wikipedia)Él la llenaba de regalos y de atenciones. De agasajos y viajes por el mundo. Encuentros con divas de Hollywood, el Sha de Persia, el Agha Khan, nobles. Siempre había una joya oculta en la servilleta de una cena.Ella quedó fascinada con ese hombre. Con su elegante desparpajo, con la seguridad, con el mundo sofisticado que representaba. Pero fundamentalmente con la atención que le prodigaba, con el amor que le demostraba. “Nunca me enamoré de un hombre que antes no se hubiera enamorado de mí”, dijo mucho después. Niña rica que necesitaba atención, que se enamoraba (durante toda su vida fue así) de la devoción que le prodigaban.Amalita empezó a trabajar en Loma Negra. Organizó la guardería y el jardín de infantes para los empleados. Hasta ahí lo previsible. La esposa del dueño dedicada al trabajo asistencial, social. Pero siempre permaneció cerca de Alfredo. Mirando sus modos, viendo de qué manera tomaba decisiones y, con el tiempo, aconsejando y opinando.El 10 de enero de 1976, Alfredo Fortabat murió a causa de un ACV. Tenía 81 años. En ese momento nació la Amalita pública, la que conocimos, la que se fijó en el inconsciente colectivo.Cuando todos pensaban que la heredera se limitaría a vivir la vida (tenía joviales y activos 55 años) y a ocupar algún sitio protocolar, de inmediato, vestida de luto riguroso, se puso al frente de la empresa. Escuchaba, opinaba, decidía. Quería saber qué ocurría. A los cinco meses abandonó el luto y esa pareció ser la señal de partida de su carrera empresarial. A partir de ese momento, ya a nadie le quedaron dudas de quién era la que mandaba. No se apoyaría sólo en los hombres de confianza de su esposo. Iría modelando la plana directiva a su medida. Y, como Alfredo, se encargó de aceitar las relaciones con el poder. Acompañó al Proceso. Fue el mayor proveedor de las obras pública más importantes: autopistas, estadios para el Mundial, lo que luego sería ATC, y muchas más. Esas relaciones continuarían mientras estuvo al frente de la empresa. Fue alfonsinista; así se identificó en entrevistas, integró delegaciones oficiales a Estados Unidos y hasta le ofrecieron ser candidata a vice gobernadora de la Provincia de Buenos Aires en las elecciones de 1983: ella desistió porque creía que podía ser más útil desde el sector privado que en la función pública. Con Menem desarrolló una relación personal. Más allá de la cercanía y la amistad, fue nombrada Presidenta del Fondo Nacional de las Artes y Embajadora Plenipotenciaria. Ya la apodaban La Dama de Cemento.Argentina&#8217;s businessman Fortunato Fortabat with his wife, Amalia Lacroze de Fortabat in Buenos Aires, Argentina, March 20,1965. ( AP Photo )Cuando su cercanía al menemismo era total, los periodistas la indagaban sobre esta nueva filiación partidaria, algo impensado para alguien de su clase social. Ella, muy suelta de cuerpo, divertida, respondió: “Pero si yo siempre fui peronista”. Y podemos decir que no mentía. O que sólo le faltó una pequeña aclaración. La frase podía haber sido: “Yo siempre fui peronista cada vez que fueron gobierno”.Otra muestra de su contacto con el poder: una de las últimas audiencias oficiales que brindó De la Rua como presidente, el 19 de diciembre de 2001, fue a Amalita que estaba preocupada por las deudas que su empresa acumulaba por la crisis económica: hasta el final trataba de mover la lapicera del presidente de turno para que firmara decretos y resoluciones en su favor.Al frente de la empresa, aprendió de negocios a una velocidad extraordinaria. Su estilo fue agresivo, expansivo. Las inversiones de la empresa (del grupo sería más preciso decir) se diversificaron y su influencia fue cada vez mayor. También fue una de las artífices de la cartelización del cemento que afectó al mercado argentino durante décadas.Retrato de Amalita por Andy WarholSu fortuna llegó a ser de 1.800 millones de dólares, una de las tres más importantes de la Argentina y según Forbes, entre las 500 más abultadas del mundo.Una frase de ella se viralizó. Es la que Soledad Vallejos y Marina Abiuso rescataron como epígrafe para su magnífica biografía Amalita (un libro que hace que el personaje sea mirado de manera diferente, que obliga, como las grandes biografías, que cuando se hable de Amalita se parta de la visión de las autoras). Una frase indudablemente graciosa y efectiva: “Una vez me pregunté si todo esto tenía sentido, si mi misión en el mundo no era otra. Pensé muy seriamente en dejar todo e ir a trabajar con los pobres de África. Al final no fui por el calor. Yo sufro mucho el calor”.La frase muestra algunos aspectos de esa Amalita post años ochenta, la que daba entrevistas con frecuencia a las revistas de actualidad y salía fotografiada comiendo con diversos hombres, en eventos o grandes galas. Algo de frivolidad, una pizca de impunidad para decir lo que quisiera, afán de reescribir su historia personal a su gusto, una cierta gracia y hasta humor involuntario.Amalia Lacroze de Fortabat tuve cercanía con todos los gobiernos de turno. Desde el Proceso hasta De la Rúa. Durante el menemismo esa proximidad se incrementó gracias a la relación personal con el presidentePor otro lado, también, es injusto que quede fijado ese dicho porque su actividad filantrópica y social fue muy activa durante toda su vida. En Olavarría, tanto con los empleados de la fábrica, como con el resto de los habitantes de la ciudad, los Fortabat fueron generosos y muy atentos a cubrir las necesidades puntuales. Más allá de grandes donaciones o de la construcción de edificios de uso público, los Fortabat durante décadas colaboraron con los gastos médicos de las familias ante situaciones de emergencia o extremas, consiguiendo los mejores médicos del país, prótesis del extranjero o afrontando costosas tratamientos. También repartieron numerosas becas para que los empleados y sus hijos pudieran formarse en distintas universidades e institutos.En 1980 tras una gran inundación que causó serios destrozos en Olavarría, la acción de Amalita fue decidida y muy fructífera. No sólo en el rescate de las familias que habían quedado desconectadas sino en la reconstrucción posterior. Muchos de sus actos solidarios no se dieron a conocer.Otra de sus características era aparecer con grandes donaciones en las emergencias nacionales, poniéndose a la cabeza de esas campañas para arrastrar con su ejemplo otras voluntades. En la Guerra de Malvinas sus aportes y apoyos fueron varios y estentóreos. Por ejemplo durante el teletón Las 24 hs de Malvinas se presentó en horario central ante Pinky y Cacho Fontana y compró un millón de flores de las que se estaban vendiendo en la calle para alimentar el Fondo Patriótico Nacional.Amalia Fortabat en 1999 jurando como embajadora plenipotenciaria de ArgentinaCon Alfredo Fortabat, según ella, tuvo treinta años de profunda felicidad. Aunque también tuvieron sus problemas. En algún momento a principios de los setenta pasaron un tiempo separados y hasta se dijo que ella pensó en escaparse con un diplomático español. La leyenda dice que Alfredo la llamó y le dijo: “Las joyas que te llevaste son copias. Yo tengo los originales”. Y que ese mensaje bastó para que Amalita regresara: no era sólo el amor a las joyas, ella entendió lo que escondía la frase: se quedaría sin nada.Durante su matrimonio, Amalita consiguió no dejar de ser ella. No desapareció tras el hombre importante, de carácter, acostumbrado a que todo el mundo hiciera lo que él quisiera. No se convirtió en una sombra de su marido. A partir de la viudez resplandeció. Fue la dueña de Loma Negra, más allá de un cargo y de la posesión accionaria. Tomó decisiones, se puso a la cabeza de los proyectos, se convirtió en la cara y la cabeza de la empresa: impuso, fundamentalmente, su visión.Tras la muerte de Fortabat no se volvió a casar. Se le adjudicaron varios romances. La relación más larga la mantuvo con el Coronel Luis Prémoli, un militar que participó del derrocamiento de Illia y que ejerció funciones ejecutivas en Loma Negra. Pero las revistas y los programas de chimentos difundieron otros más escandalosos y divertidos: con Palito Ortega (fue fotografiada caminando abrazados por las calles de Roma en 1987), con el actor Juan José Camero y hasta con Carlos Menem.Amalita en el vestuario del Club Loma Negra luego del partido ante la URSS. A su izquierda, el capitán Luis Alberto Barbieri y Armando Husillos; a su derecha, Osvaldo Rinaldi (de rulos), Osvaldo Mazo y Jorge Pellegrini. Olavarría, 17 de abril de 1982 (Foto: Prensa Penguin Random House)Fue también una gran coleccionista de arte. En 1980 compró un Turner y batió un récord: 7 millones de dólares. Nunca se había pagado tanto por una obra de arte. A principios del nuevo milenio, vendió algunas decenas de cuadros para pagar deudas de la empresa. Sin embargo, su colección siguió siendo de las mejores de América Latina. El Museo Fortabat, ubicado en el Dique 4 de Puerto Madero, lo atestigua. Allí se exhiben cientos de obras que pertenecieron a Amalita.Su labor como mecenas cultural también fue múltiple y polémica. Actuaba con generosidad y con arbitrariedad. En un premio de plástica, al ver que la obra de Marta Minujín no había sido premiada, le otorgó una distinción por fuera del reglamento. El caso más famoso fue el de El Anatomista y Federico Andahazi en el que se negó a respetar el fallo del jurado del Premio Fortabat (aunque pagó el premio en dólares) por considerar pornográfica a la novela. El Efecto Streissand provocó que El Anatomista se convirtiera en un best seller inmediato.A principios de los ochenta, Amalita incursionó en un nuevo rubro. Poco rentable pero de una exposición pública sideral: el fútbol. La fábrica tenía desde hacía décadas un equipo que participaba en el torneo de la ciudad. Pero la apuesta fue ambiciosa. Llegar a primera división. Para ello hubo un tsunami de contrataciones. Valentín Suárez, ex presidente de Banfield, ex interventor de la AFA y hombre fuerte del fútbol argentino en la década del sesenta, era la pata dirigencial. Rogelio Domínguez primero y después Roberto Saporiti como técnicos. Y grandes nombres para conformar el equipo. Carlos Squeo, Mario Husillos, Félix Orte, la Pepona Reinaldi, Osvaldo Rinaldi y muchos más. Ganaron el Regional y clasificaron al Torneo Nacional. Superaron la fase inicial pero fueron eliminados por Racing. Unos meses después le quitó un invicto de 18 partidos a la Selección de la Unión Soviética. La experiencia fue breve pero en ese corto lapso se convirtió en un fenómeno. Luego los números no cerraban y el entusiasmo se diluyó.A mediados de los noventa, trató de montar su propio multimedios. Tenía algunos en Olavarría, la propiedad de Radio El Mundo y de FM Horizonte. A eso le agregó un diario nacional tradicional, La Prensa. Al frente puso a Marcos Cytrynblum, el artífice de la explosión de Clarín en los setenta. La experiencia no fue exitosa.La última audiencia oficial del presidente De La Rua, el 19 de diciembre de 2001, fue con Amalita FortabatEn la última década de su vida tuvo diversos problemas de salud. Tras varias crisis económicas, vendió Loma Negra en 2005. El comprador, la empresa brasileña Camargo Correa, pagó 1025 millones de dólares por la cementera. El dinero de la venta fue manejado por Alfonso Prat Gay.Murió el 18 de febrero de 2012, hace diez años. Tenía 90 años y hacía unos meses que estaba postrada.Amalia Lacroze de Fortabat, Amalita, atravesó el siglo XX. No estudió medicina pese a sus deseos de seguir la vocación de su padre porque en su casa se escandalizaron de sólo pensar en la posibilidad que una chica joven tuviera que estar ante un cadáver desnudo, expuesta a tanta sangre o desenvolverse en un universo eminentemente masculino. Luego se casó con su primer novio, aunque estuviera claro que no había amor entre ellos, aunque su deseo estuviera depositado en otro hombre. Pero luego logró romper con los mandatos sociales. Se divorció, se volvió a casar, disfrutó de la vida, tomó lugares de decisión, que antes sólo estaban reservados a hombres, se sentó en la cabecera de todas las mesas, ya sean sociales o de negocios.Nadie sabe si es cierto. Los rumores de su existencia se imponen, aunque algunos se preocupen en desmentirlo con fervor. Dicen, tan sólo dicen, que Amalita llevó un diario personal durante décadas y que escribió varias páginas de sus memorias. Si fuera cierto, a nadie le pueden caber dudas, que esas páginas estarían repletas de misterios develados, de revelaciones sorprendentes. Sería, en fin, un libro fascinante.SEGUIR LEYENDO:Amalia Fortabat: la apasionante vida de la mujer más rica de la ArgentinaPoder, política y glamour: la historia de Amalita Fortabat en 22 fotos</p>
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