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	<title>realidad Archives - Big Latino News</title>
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		<title>“Soy el dictador de mi propio país”: hay más de 100 micronaciones en el mundo que ningún Estado reconoce</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Sep 2024 07:16:26 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Kevin Baugh, fundador y autoproclamado dictador de la República de Molossia, una de las tantas...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Kevin Baugh, fundador y autoproclamado dictador de la República de Molossia, una de las tantas micronaciones que hay en el mundoLa República de Molossia está ubicada en una superficie de 5.260 metros cuadrados dentro de Dayton, en Nevada, Estados Unidos. El supuesto territorio lo fundó Kevin Baugh en 1977 y hoy tiene 40 habitantes, todos ellos familiares del autoproclamado “dictador” de un país ficticio, con moneda propia, el Volora, con una bandera azul blanca y verde, con rituales pintorescos y leyes estrafalarias.“Molossia es una dictadura y yo soy el único gobernante y el gobierno completo de nuestra nación. Tomo todas las decisiones que afectan a la nación, con el asesoramiento de mi esposa, la Primera Dama”, dijo Su Excelencia el Presidente Kevin Baugh, tal como se hace llamar, en diálogo con Infobae.A Baugh le costó unos 10.000 dólares montar Molossia en un paisaje apacible y seco, donde vive con su familia. Es una de las tantas micronaciones que hay en el mundo: pequeños territorios que se erigen como soberanos, que tienen autoridades propias y una identidad que se distingue del Estado donde están emplazadas. Estados que tienden a ignorarlos y jamás los reconocen.Molossia consta de 5.260 metros cuadrados ubicados en Dayton, Nevada, y todos sus ciudadanos son de la familia BaughMolossia en particular es más bien una broma, una burla a otras naciones dictatoriales que le sirve a la familia Baugh para sacarle provecho a los turistas que se ven atraídos por conocer su funcionamiento y concurrir a algunas de sus fechas patrias: el Día del Fundador, el Día del Emperador Norton, el Día del Tío, el Día de Boulder, el Día de las Galletas con Chispas de Chocolate.“Tenemos una cultura muy activa, distinta a la de los EEUU. Tenemos nuestros propios días festivos y nuestras propias leyes. Nunca hemos tenido problemas con el estado de Nevada ni con el gobierno de los Estados Unidos. Ellos tienden a ignorarnos y nosotros a ellos. Molossia se fundó a partir del deseo de tener nuestra propia nación y todos los días exploramos qué es lo que hace a un país y qué podemos hacer con la idea de tener nuestra propia nación”, señaló Baugh.Dentro del territorio, está terminantemente prohibidos la espinaca, el tabaco, tocar el tambor dentro del baño, las morsas y los bagres. “Se prohíbe el bagre porque nosotros íbamos a aparecer en una revista, pero en lugar de nuestra nota optaron por publicar un artículo sobre unos tipos que pescaron bagres con sus manos”, explicó el presidente, quien tiene su propia casa de gobierno, su casa de la moneda que emite los billetes Volora, sin ningún valor real, y que luce un atuendo militar extravagante, siempre con gafas de sol oscuras.Baugh junto a la &#8220;primera dama&#8221; Adrianne, su única fuente de consulta para las medidas a tomar en su país ficticioDentro de Molossia, Baugh, su fundador, es la única autoridad. Él toma todas las decisiones, propone los días festivos -que cada vez son más- y decreta las regulaciones absurdas -que también cada vez son más-. “La Primera Dama es mi sucesora designada. Como ya he dicho, es mi asesora más cercana y la opción lógica para tomar las riendas de la nación cuando yo ya no pueda gobernar”, dice con total seriedad, sin salirse del personaje.Qué son y cómo funcionan las micronacionesHarry Hobbs es profesor de Derecho en la Universidad de Sidney. Es, además, un estudioso de las micronaciones. Escribió artículos y un libro al respecto, intentando darles un marco teórico y jurídico a las más de 100 naciones autoproclamadas que identificó alrededor del mundo.Hobbs define a las micronaciones como “naciones autodeclaradas que realizan e imitan actos de soberanía y adoptan muchos de los protocolos de las naciones, pero carecen de una base en el derecho nacional e internacional para su existencia, y no son reconocidas como naciones en foros nacionales o internacionales”.La definición se centra en el estatus legal. A pesar de los esfuerzos creativos para fundamentar un intento de secesión, las micronaciones no son Estados. Son, por defecto, “ilegales” y se establecen por distintas razones, según el experto: por pretensiones libertarias, por protesta política, por razones ambientales, por turismo (¿qué mejor manera de alentar a los turistas que organizando un desfile del Día de la Independencia?) e incluso por mera diversión, para hacer amigos y forjar una comunidad.<br />
.responsive Micronaciones hay de todo tipo y objetivos. El Reino Gay y Lésbico de las Islas del Mar de Coral, por caso, visibilizó una protesta política contra las leyes que discriminaban al colectivo LGBTQI en Australia. El Estado Independiente de Aramoana se formó para proteger al entorno de una región en la Isla Sur de Nueva Zelanda de una fundición de aluminio. La República Libre de Liberland parece un intento de crear realmente un nuevo país en una tierra que ningún estado reclama. Y después están los que son más bien “performativos”. La ya mencionada República de Molossia, El Principado de Wy en Sydney y el Reino de Lovely en Londres son intentos de divertirse un poco y, ¿por qué no?, ganar dinero con la atracción de turistas.一¿Qué postura suelen adoptar los Estados ante el surgimiento de una micronación?一Los Estados pueden adoptar diferentes enfoques 一respondió Hobbs a Infobae一. Puede que vean a la micronación no como algo divertido o tonto, sino como un verdadero intento de secesión. En estos casos, el Estado suele enviar a la policía o al ejército para detenerla, como sucedió en la República de Minerva. Sin embargo, lo más habitual es que el Estado ignore lo que está sucediendo. Razonan, con bastante razón en mi opinión, que la micronación depende de la atención de los medios de comunicación y que cualquier esfuerzo por detenerla solo atraerá más atención y entonces la gente empezará a apoyar a la micronación en una batalla del tipo David contra Goliat.一¿Alguna vez un Estado reconoció formalmente a una micronación?一Nunca ha habido un caso en el que un Estado acepte la micronación como legal. De hecho, una de las características fundadoras de una micronación es que no es legal. Incluso, más allá de que el Estado tolere la existencia de una micronación, sigue actuando para garantizar que el fundador pague impuestos, respete las normas de circulación y cumpla todas las leyes ordinarias.La mayoría de las micronaciones son muy abiertas y están felices de que la gente se convierta en ciudadana. En algunos casos hasta ofrecen la ciudadanía a través de un formulario online. El problema radica en que, a veces, una persona en una situación desesperada puede asumir que se trata de una ciudadanía real, que le permite viajar a algún lugar en el mundo, cuando en realidad no atañen ningún derecho.Kevin Baugh, en su despacho presidencial, durante el Día de las Galletas con Chispas de ChocolateSegún Nicholas Middleton, geógrafo de la Universidad de Oxford, es difícil determinar cuántas micronaciones existen. En la década de 1980, repasa, se declararon muchas en el norte de Japón, al punto de alcanzar las 150 solo en el país nipón. La mayoría de ellas eran pequeñas empresas rurales que intentaban atraer turistas, aunque muchas desaparecieron en los ‘90, cuando la economía japonesa se desplomó.“Los gobiernos centrales suelen ignorar a las micronaciones con la esperanza de que desaparezcan. Si se les presiona, se niegan a reconocerlas insistiendo en que sus ciudadanos siguen pagando sus impuestos a las autoridades centrales”, advirtió el autor del libro Atlas de países que no existen.Solo una vez se ofreció una concesión de parte del Estado. El Principado de Hutt River, disuelto en 2020 tras cincuenta años de existencia, tuvo una larga disputa con el gobierno australiano en Canberra. En cierto sentido, Hutt River fue reconocida (aunque esa palabra nunca se utilizó) como soberana porque se consideraba que sus líderes no eran residentes de Australia y, por lo tanto, no tenían que pagar impuestos australianos. “Si no vivían en Australia, ¿dónde vivían?”, se pregunta Middleton. “¡En la provincia de Hutt River!”.Una monarquía preocupada por el medioambienteEl Gran Ducado de Flandrensis surgió en 2008. El belga Niels Vermeersch la fundó con el objetivo de concientizar sobre la conservación del medioambiente y estableció un gobierno monárquico que hasta hoy lo tiene a él como máxima autoridad o, más bien, como Gran Duque.Flandrensis está compuesta por cinco islas situadas frente a las costas de la Antártida Occidental: la Isla Siple, Isla Cherry, Isla Maher, Isla Pranke y la Isla Carney. En lugar de aspirar a la gobernanza o al asentamiento real, sus reclamos territoriales son puramente simbólicos.Flandrensis está compuesta por cinco islas situadas frente a las costas de la Antártida Occidental“Flandrensis es única entre las micronaciones en el sentido de que no reclama ninguna masa de tierra tradicionalmente habitada por personas. En cambio, reclamamos territorios en la Antártida, que están destinados a ser una declaración simbólica para la conservación del medioambiente y la defensa del clima. Nos centramos intensamente en promover la conciencia ambiental y defender la acción climática”, expresó Omar Cisneros, que ostenta el título de canciller.Su sistema monárquico está encabezado por Vermeersch, el Gran Duque. Como líder simbólico y ejecutivo, guía la visión y misión de su país ficticio, “manteniéndose firmemente comprometido con sus objetivos medioambientales”. Bajo su dirección, se disemina una estructura gubernamental que incluye un gabinete, ministerios específicos como el de Asuntos Antárticos y el de Medio Ambiente, y un Consejo Privado, todos ellos compuestos por voluntarios de distintas partes del mundo que operan principalmente en línea.Cisneros, el canciller, es el líder del gabinete. Se encarga de implementar las políticas y supervisar las operaciones diarias de la micronación. El equipo de gobierno se reúne de tanto en tanto para discutir y definir “asuntos de Estado” pese a sus recursos limitados. A modo de recompensa, otorgan títulos honorarios a quienes participan activamente en la comunidad.El belga Niels Vermeersch, fundador y Gran Duque de Flandrensis, junto a la bandera de la micronaciónComo todo micronación, Flandrensis tiene una identidad propia. Su bandera, con su escudo que simula ser una monarquía con siglos de antigüedad, su himno y sus días de celebración. Incluso tiene un equipo nacional de fútbol que participa en torneos con otros países no reconocidos.“Como nos consideramos un proyecto ambiental y cultural, que crea conciencia sobre el cambio climático a través del micronacionalismo, tenemos muy pocos problemas o interacciones con los gobiernos nacionales”, comentó Cisneros. “No tenemos intenciones reales de provocar ninguna ruptura con ningún gobierno. Nuestras reivindicaciones sobre la Antártida son puramente ceremoniales. No buscamos reclamarlas legalmente en ninguna esfera internacional”.La tierra de la libertadLiberland tiene más de mil ciudadanos y 750 mil interesados en obtener la ciudadanía“Vivir y dejar vivir” es su lema. La República Libre de Liberland es una micronación ubicada en la península de los Balcanes, en un pequeño territorio de 7 kilómetros cuadrados que se encuentra en la frontera entre Croacia y Serbia. Esa superficie quedó “vacante” después de la Guerra de Yugoslavia; ni Serbia ni Croacia la reclamaron como propia y Vit Jedlicka, un político checo, aprovechó esa “tierra de nadie” para fundar su propio país en 2015.Liberland aspira a convertirse en el país “más libre del mundo”. “Liberland es un lugar al que acuden las personas que quieren vivir libremente y perseguir sus sueños para escapar de la sobrecarga regulatoria que muchos experimentan actualmente en sus países de origen. Es una nación nacida a partir de la libertad. Los amantes de la libertad del mundo se sienten privados de sus derechos y nosotros buscamos darles una patria”, dijo a Infobae su presidente y fundador Jedlicka.Lo curioso de esta micronación es que casi nadie vive en el territorio, pero se jacta de tener más de mil ciudadanos, que pagan una membresía en una criptomoneda llamada Mérito, y 750 mil peticiones que están en análisis. Liberland es, quizás, la nación ficticia que más ha escalado en el mundo, con más de cincuenta oficinas distribuidas en distintos puntos del planeta, entre ellos Argentina. Incluso aseguran que el presidente Javier Milei es un admirador de su concepción liberal.“Hemos establecido comunicación con el partido libertario del presidente Millei y seguimos en contacto. Estamos orgullosos de esta relación estratégica, ya que compartimos los mismos valores. Sin embargo, por el momento no puedo dar más detalles sobre asuntos que aún no están resueltos”, deslizó Samuela Davidova, portavoz de Liberland.Liberland está en un territorio ubicado en la frontera de Serbia y CroaciaSu organigrama se compone de un presidente y cuatro ministros que gestionan las funciones esenciales. Ahora están en transición hacia una “meritocracia constitucional” como pretendían desde el principio. En este sistema, los ciudadanos votan directamente sobre las políticas en lugar de limitarse a elegir a sus representantes. Según explican, la votación no seguirá el sistema tradicional de una persona, un voto. En su lugar, se utilizarán instrumentos de votación obtenidos por tener una participación a largo plazo en el sistema.“Estos instrumentos se pueden canjear, pero solo después de un tiempo determinado, lo que demuestra un compromiso sostenido con la nación. Este sistema protege a Liberland de los riesgos de la plutocracia, donde los ricos podrían, de otro modo, comprar influencia y dominar la toma de decisiones”, explicó Michal Ptacnik, su ministro de Justicia.El papel del presidente evolucionará hacia un puesto ceremonial, con el gobierno al mando de un Primer Ministro que es nominado -y que también puede ser destituido- por el Congreso. Y, más aún, apuntan a una estructura que definen como “gobierno corporativo”: quienes logran los acuerdos más significativos con la nación se convierten en senadores. El Senado tiene poderes de supervisión de los presupuestos y puede derogar disposiciones legales, pero no tiene autoridad legislativa ya que no es elegido por voto popular.Vit Jedlicka, presidente y fundador de la República Libre de Liberland (Nadir Price/)Las reacciones de Serbia y Croacia fueron muy dispares. Desde la fundación de Liberland, el gobierno serbio no opuso resistencia, les permitió reunirse y hacer uso del territorio sin inconvenientes. En cambio, el gobierno croata se mostró reticente e intentó impedir el avance de la micronación en pos de la seguridad nacional.“En 2023, logramos un avance significativo cuando se aseguró el acceso total a la tierra, lo que nos permitió establecer un asentamiento permanente. Desde entonces, hemos estado desarrollando activamente nuestra comunidad. En los casos en que surgen desafíos, buscamos vías legales, políticas y diplomáticas para resolverlos. Mientras tanto, construimos, prosperamos y crecemos, y de ese modo demostramos diariamente a las autoridades croatas que Liberland no representa ninguna amenaza. Por el contrario, nuestra presencia representa una oportunidad importante para el desarrollo de una región que necesita más negocios, turismo y empleos”, indicó Thomas Walls, ministro de Asuntos Exteriores.¿Cuál es el objetivo final de Liberland? Convertirse en un micro estado europeo o, como ellos dicen, en “una pequeña Singapur en el corazón de Europa”. A largo plazo, pretenden que en esos 7 kilómetros cuadrados de difícil acceso puedan convivir unos 120 mil habitantes y entonces transformar esa tierra, que era de nadie, en un área pujante. En este caso, micronación sí rima con ambición.</p>
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		<title>Población argentina: ¿somos pocos o estamos mal distribuidos?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Sep 2023 06:16:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hinchas argentinos se aprestan a darle la bienvenida a la selección después de lograr el Mundial. (Foto AP/Gustavo Garello) (Gustavo Garello/)Toda la población mundial cabe en la Argentina. El enunciado suena exagerado, pero con la ingeniería necesaria, elevando a tope la densidad de algunas provincias despobladas, se podría lograr. De acuerdo al último censo, 46.044.703 personas viven en el país, en el octavo territorio más grande del mundo. La inquietud se presenta con frecuencia: ¿somos pocos? O, más bien, ¿estamos mal distribuidos?El científico de datos Alejandro Gregori se propuso en 2017 un ejercicio con fines teóricos. Se preguntó si cabría toda la población mundial, por entonces 7.130.000.000 personas, en la Argentina. De ser así, indagó cómo se podrían ubicar en el territorio nacional.Para ello, calculó la densidad poblacional de cada distrito del país. La densidad refleja la cantidad de habitantes que hay en determinado espacio, en general se toma 1km² de referencia. En la Argentina hay una disparidad evidente. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires viven 14.450 personas por km², en Santa Cruz tan solo vive una persona por km².<br />
.responsive Según los cálculos de Datos Argentinos, la mitad de los argentinos vive en un radio de 400 kilómetros, tomando como centro la Plaza Moreno frente al Congreso de la Nación. La Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y las provincias aledañas aglutinan más de 20 millones de argentinos. El sitio de mayor densidad poblacional, donde viven 2.764 personas en un área de 3.385 m², se encuentra en Tapiales, localidad del partido de La Matanza.Hoy el mundo lo habitan poco más de 8 mil millones de personas. No obstante, según el ejercicio que hizo Gregori, si se decidiera replicar la enorme densidad poblacional de CABA, se podrían ubicar a todos los habitantes del planeta dentro de Río Negro, Chubut y Neuquén. Claro que para ello, esas provincias deberían convertirse en grandes centros urbanos plagados de edificios altos.Entonces, ¿tan pocos somos?Con los resultados del último censo, la pregunta respecto de si somos pocos se volvió recurrente en el debate público. Para muchos, era esperable un crecimiento mayor de la población desde el anterior registro en 2010.“A veces se señala que la población es demasiado alta y otras, que es demasiado baja. Sin embargo, no existe una relación unívoca entre nivel de población y desarrollo, ni creemos que exista un número deseable de acuerdo al territorio”, señaló Juan Camisassa, coordinador de Protección Social de CIPPEC, en diálogo con Infobae.Para Camisassa lo que realmente importa son las tendencias demográficas que se presentan. Por ejemplo: en los próximos años, el número de niños en edad escolar será un 33% menor al de un lustro atrás. Otro ejemplo puede pensarse para las discusiones previsionales. En 2020, el número de personas mayores de 65 años era equivalente a un 18% de la población en edad de trabajar. Mientras que dentro de 35 años este porcentaje se duplicará: habrá 36 mayores de 65 años por cada 100 habitantes en edad activa.A su vez, entre 2014 y 2021, la tasa global de fecundidad bajó un 34%, el descenso más pronunciado desde que existen registros en Argentina, y la tendencia a la baja fue aún más acelerada en niñas y adolescentes (-59%). “Las oportunidades que genera la reducción en la fecundidad no sólo refieren a la situación individual de miles de mujeres, también son relevantes en términos macroeconómicos y de oportunidades de desarrollo. En la actualidad, el país se encuentra atravesando una etapa conocida como ‘bono demográfico’, caracterizada por una elevada proporción de personas en edad de trabajar con respecto a quienes se encuentran en edades dependientes (niños, niñas y personas mayores)”, explicó.Los especialistas coinciden en la mirada sobre la supuesta escasez de población. Al respecto, Nicolás Sacco, profesor de Sociología y Demografía en la Universidad Estatal de Pensilvania, Estados Unidos, indicó: “No hay un número deseable de personas de acuerdo con un territorio. Si bien Argentina es un país extenso, con un territorio vasto, y tiene una densidad de población relativamente baja en comparación con otros países, esto no necesariamente significa que la población sea escasa en términos absolutos. Si la población es adecuada o no (de acuerdo con su tamaño) depende de la distribución de la población dentro del país y de la capacidad del gobierno para proporcionar derechos, servicios y oportunidades a todos los que habitan su territorio, sean o no ciudadanos”.Por su parte, Rafael Rofman, demógrafo y economista, advirtió: “Hay países muy poblados ricos, países muy poblados pobres y, por supuesto, países con poca población ricos y pobres. La población es un dato, no una variable, y la estrategia de desarrollo se debe adaptar a ese dato. Argentina es un país de relativa baja densidad, fundamentalmente porque su historia económica y social así lo determinó, y ninguno de nuestros serios problemas económicos y sociales se solucionarían con más (o menos) población”.Un poco de historia demográficaCamisassa hizo un repaso breve por la historia demográfica argentina. Según su mirada, hay que mirar tres variables clave para comprender la composición actual de la población: cuánto viven las personas (esperanza de vida), cuántos hijos tienen (fecundidad) y cuántas personas entran y salen (migraciones).Desde fines del siglo XIX hasta hoy, la esperanza de vida al nacer mostró una tendencia ascendente, con niveles cercanos a la de los países desarrollados. Este indicador pasó de 33 años de edad en 1883 a casi los 60 años en 1950 y a más de 73 años a partir de los 2000, alcanzando un nivel superior a los 77 años en 2019. “El descenso de los niveles de mortalidad en Argentina se vincula con la temprana modernización de su sociedad (a diferencia de los demás países de la región), sus altos niveles de urbanización y la expansión de la educación formal”, explicó.La fecundidad, en tanto, muestra una trayectoria muy particular. La tendencia descendente desde fines del siglo XIX se estancó desde mediados del siglo XX, y sólo se reinició, aunque con poca intensidad, en la década del 90. En 1950, entre 49 países de América Latina y el Caribe, Argentina (con 3,15 hijos por mujer) era el segundo país con más baja tasa de fecundidad (detrás de Uruguay) mientras que en 2015 se ubicaba por detrás de 33 países de la región. Desde 1950 hasta 1990, la fecundidad se mantuvo estable en un nivel de alrededor de tres hijos por mujer. De hecho, el país tuvo un pequeño “baby boom” en la segunda mitad de la década de los 70, a contramano de lo que sucedía en el resto del mundo.La fecundidad, en especial de niñas y adolescentes, cayó abruptamente en los últimos años (Foto : Cuartoscuro/Fernando Carranza García) (Fernando Carranza Garcia./)A partir de los 90, la tasa de fecundidad retomó su descenso, aunque a un ritmo suave, lo que llevó a que en la primera década de los 2000 el país tenga una tasa de fecundidad mayor que el promedio de Latinoamérica (2,37 hijos vs. 2,26 de promedio). La dinámica cambió en forma abrupta a partir del 2014: la tasa global de fecundidad bajó un 34% y el descenso, afortunadamente, fue aún más pronunciado en el rango adolescente (59%).Por último, en lo que respecta a migraciones, desde mediados del siglo XIX Argentina es uno de los principales receptores de la región. “Si bien en la evolución histórica se registra una caída en la participación de la población nacida en el extranjero respecto al total de la población censada, hoy Argentina cuenta con más de 3 millones de personas migrantes, erigiéndose como un país receptor y atrayente de población”, consideró Camisassa.Alta concentración poblacionalLa densidad de la Ciudad de Buenos Aires -14.450 personas por km²- es elevadísima incluso para países con grandes ciudades capitales. Si bien la distribución de la población no es homogénea ni pareja en ningún país, según Rofman, hay concentraciones más “ventajosas”. Por clima, por ejemplo, como en Canadá, por el acceso al comercio en las costas este y oeste de Estados Unidos o por calidad de la tierra y acceso a los puertos como sucede en Argentina y Uruguay.“En Argentina la concentración es alta porque el modelo de desarrollo agropecuario con baja intensidad en la producción agraria y exportación llevó a que los puertos -primero Buenos Aires, luego también Rosario- se conviertan en los principales polos de desarrollo”, explicó el experto.No hay que olvidar, claro, que Argentina tiene regiones geográficas que pueden ser resultar inhóspitas por su clima y topografía. Una buena parte del territorio se compone de regiones semiáridas o desérticas, por lo que no se puede pretender que en esas áreas haya grandes concentraciones de habitantes.“La población de la ciudad capital, Buenos Aires, históricamente consiguió -a veces hasta por la fuerza- la concentración económica y del poder político que impidió, paralizó, o no promovió el desarrollo persistente de otras regiones del país y su crecimiento poblacional”, advirtió Sacco.Por su parte, Nicolás Ferme, coordinador de Ciudades de CIPPEC, cree que el aglutinamiento de gente en grandes centros urbanos es un fenómeno recurrente en buena parte de Latinoamérica. Santiago en Chile y Bogotá en Colombia son ejemplos de ello. La primacía de estas ciudades está ligada a los procesos de desarrollo económico e industrialización desde la década de 1950 en adelante. De hecho, la Ciudad de Buenos Aires, Santiago y Bogotá concentran entre un quinto y dos quintos del total del producto bruto interno nacional.El crecimiento exponencial de esas ciudades se debe también a fuertes procesos migratorios internos, así como internacionales, atraídos por las oportunidades laborales y bienestar. No obstante, precisó Ferme, el ritmo de crecimiento se ralentizó a raíz de cambios en la matriz productiva. Desde entonces, emergieron ciudades “intermedias” como motores del progreso nacional, en las que residen un tercio de los habitantes urbanos de la región. Estas urbes, cuyas poblaciones van desde 100 mil hasta el millón de habitantes, concentran casi el 17% del PBI.Ciudades emergentesPor su proximidad con Vaca Muerto, Añelo, Neuquén, fue una de las ciudades que más creció en población REUTERS/Martin Cossarini (STRINGER/)A pesar de su alta concentración, el AMBA muestra menor crecimiento que otras regiones del país y los expertos creen que es esperable que la tendencia se profundice.“Para Argentina, el ritmo de crecimiento de las ciudades emergentes e intermedias se vislumbra fuertemente en los últimos datos censales. Estos crecimientos siguen estando asociados a elementos vinculados a la atracción económica o la búsqueda de mejores condiciones de vida”, explicó Ferme.Para tomar algunos ejemplos, agregó, San Vicente y General Rodríguez, también dentro del Gran Buenos Aires, son de las ciudades que más crecieron entre los últimos dos censos, con un 66 y 64 por ciento respectivamente. Los motivos radican en el crecimiento de los barrios privados y la desconcentración de actividades industriales.Por su parte, Añelo, en Neuquén, reporta un crecimiento del 66% entre censo y censo. Ese avance, no caben dudas, está signado por su proximidad con los yacimientos de Vaca Muerta.Para Rofman, urge destrabar las ventajas competitivas de las economías regionales y para ello se necesita desarmar los aparatos clientelísticos estatales y reemplazarlos por modelos productivos. En casi todas las provincias hay ventajas importantes, cree, pero se pierden oportunidades por malas políticas macroeconómicas y proteccionismo, lo que deriva, por ejemplo, en altísimos costos de logística.“Ha seguido habiendo migraciones hacia ciudades intermedias y, por supuesto, a lugares que cuentan con un atractivo particular, como Tierra del Fuego, por los beneficios impositivos, o Neuquén, por el petróleo y el gas. Creo que lo esperable es que, con excepciones como estas últimas, los grandes movimientos migratorios van a disminuir aún más, aunque eso no implica que no haya movilidad. De hecho, hay mucha gente que migra dentro del país y fuera de él, pero son movimientos en ambas direcciones y tienden a compensarse”, planteó.</p>
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