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	<title>Comunidad Archives - Big Latino News</title>
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		<title>Una empresa de publicidad empezó a contratar a personas en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires: “Es una experiencia muy buena”</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Dec 2023 14:16:43 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escuchar>LA NACION>ComunidadSensibilizado por la situación social, Grupo Via ya incorporó a dos personas; Gastón tiene 44 años, es ingeniero electrónico y en la pandemia perdió todo; Jonatan, de 27, tomó la otra vacante y pudo retomar el secundario28 de diciembre de 202310:41Teresa Sofía BuscagliaPARA LA NACIONescuchar“Yo perdí mi mundo. Un día estás sentado en una plaza y ya no sos nadie, no conocés a nadie y no te interesa más la vida”, dice Gastón Gutiérrez, que tiene 44 años y es ingeniero electrónico. En un cambio doloroso que no pudo ni supo detener, pasó de trabajar en un grupo empresario a perderlo todo al final de la pandemia y pasar día y noche en la calle, con lo puesto.La historia de Gastón tiene varios sobresaltos. De niño, fue abandonado y pasó su infancia y adolescencia en diferentes hogares. “A los 18 años, el Estado me dio un bolso y me mandó a la calle”, recuerda y cuenta que un matrimonio que lo conocía, lo adoptó y se fue a vivir con ellos a Mendoza. Allí empezó a estudiar Ingeniería Electrónica en la UTN, pero a los 21 años, volvió a vivir una tragedia: sus padres adoptivos murieron en un accidente automovilístico. Quedó solo otra vez.Gastón regresó a Buenos Aires, donde empezó a trabajar en un restaurante y pudo terminar su carrera. Durante muchos años brindó servicios de instalaciones eléctricas y redes para un grupo empresario y eso le permitió construir una solidez económica. Pero en la pandemia, el grupo quebró. Vivió de sus ahorros hasta finales de 2021, cuando se quedó literalmente sin un peso. No tenía casa propia ni trabajo y terminó en la calle. “Hacía changas, pero cuando se me acaba la plata, de nuevo me quedaba en la calle”, recuerda. Así estuvo casi dos años.Hace tres meses, su vida cambió por completo cuando consiguió un empleo gracias a Cultura de Trabajo, una fundación que se dedica a la reinserción laboral de personas en situación de extrema vulnerabilidad sociohabitacional: personas en situación de calle o que vivan en paradores, pensionados y hoteles familiares. La empresa de publicidad Grupo Vía ofreció a Cultura de Trabajo dos vacantes que se abrieron en el área operativa y Gastón fue seleccionado luego de competir en igualdad de condiciones con otros candidatos.En la pandemia, la empresa donde trabajaba Gastó quebró y él vivió de sus ahorros hasta finales de 2021, cuando quedó literalmente en la calleNOELIA MARCIA GUEVARA/ AFV “Gastón estaba sobrecalificado”“En verdad, Gastón estaba sobrecalificado para las vacantes que se abrieron en el área operativa”, explica Silvia Marino, CEO de la empresa. “Al leer su curriculum, nos sorprendió su formación universitaria y decidimos que ingrese al área de Tecnología, donde se está desempeñando en forma impecable”, agrega. Marino es economista y, luego de un fuerte cimbronazo económico y de una reestructuración de la empresa hecha al final de la pandemia, se propuso iniciar un proyecto de inclusión social desde la empresa y sumó a Cultura de Trabajo entre sus colaboradores para desarrollar ese compromiso.“Era un pendiente y estoy muy orgullosa de lo que hacemos. Podés cumplir el objetivo comercial de una compañía, tener rentabilidad, y al mismo tiempo compatibilizar esto otro también. En la medida de las necesidades de la compañía, vamos a seguir contratando más personas en situación de calle porque es una experiencia muy buena”.En la Argentina hay por lo menos 9440 personas durmiendo en la calle, de las cuales 8028 fueron identificadas en la Ciudad de Buenos Aires. La mayor parte de ellos están en edad económicamente activa, según un reciente relevamiento hecho por el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).CUÁL ES LA MEJOR FORMA DE AYUDAR A UNA PERSONA EN SITUACIÓN DE CALLE“El primer paso fue hacer alianzas con otras organizaciones y trabajar en forma integral”, subraya Alexandra Carballo, directora ejecutiva de Cultura de Trabajo y cofundadora hace 10 años de esa fundación junto a Eugenia Sconfienza. “El hecho de que esta fundación sea fruto de una investigación de campo que hicimos con Eugenia para una maestría, hizo que no partiéramos de una premisa sino que escucháramos las necesidades de esas personas para poder identificarlas y darles una solución”, explica.El resultado de las entrevistas realizadas para esa investigación las sorprendió: la gente en esa situación pedía trabajo, por encima de ropa, alimentos o dinero. Observaron y analizaron qué se hacía en otros países para resolver estas problemáticas, teniendo en cuenta las diferencias culturales y económicas que las separan de Argentina, y concluyeron que había que empezar tomando contacto con empresas y preparar capacitaciones cortas en entrevistas laborales y otras herramientas, para las personas que se acercaran.Jonatan Delgado, de 27 años, estuvo en situación de calle, pero hace unos meses empezó a trabajar en Grupo Via como operario en el turno noche y ahora vive con su mamáNOELIA MARCIA GUEVARA/ AFVDel simulacro al trabajo real“El simulacro de entrevistas de trabajo me sirvió mucho para llegar a la instancia real con el ingeniero que hoy es mi supervisor”, dice Gastón y agrega que al llegar a Cultura de Trabajo lo “atendieron con todos los honores, me preguntaron si había desayunado, cómo era mi historia y se interesaron muchísimo por mis necesidades, tanto sociales como económicas”. Destaca que le ofrecieron comida, una ducha (“fui cada vez que pude”) y ropa para cambiarse, además de un celular y una tarjeta SUBE, que le recargaban cada semana.En su sede del barrio de Flores, Cultura de Trabajo funciona con la colaboración de 85 voluntarios de distintas profesiones, mayormente relacionadas con Recursos Humanos, Trabajo Social y Psicología. A lo largo de estos años, lograron 360 incorporaciones laborales entre los casi 700 participantes que asistieron a una entrevista. Eligen llamarlos “participantes” en vez de beneficiarios porque destacan que la misión de la fundación no es sólo conseguirles un trabajo sino acompañarlos y empoderarlos desde la motivación y la igualdad de oportunidades.“Las historias como la de Gastón demuestran que hay muchos prejuicios a la hora de pensar en la gente en situación de calle: que están ahí porque quieren, porque son vagos o porque tienen una adicción. Es difícil salir de ese lugar sin que nadie te dé una mano. No pueden poner una dirección en el CV, no tienen ropa, están mal alimentados, mal dormidos, no están higienizados, perdieron las redes de contacto que les permitirían conseguir un trabajo”, explica Carballo.“Sigo en modo supervivencia”Gastón entró a trabajar en Grupo Via, una empresa de publicidad en subtes, trenes, shoppings y la vía pública. Le ofrecieron adelantarle el primer sueldo para que pueda alquilar un departamento, que hoy le permite vivir en el barrio de Once. Aún le quedan muchas necesidades que cubrir, pero dice que necesita tiempo. “No puedo dormir, casi no me acuerdo de ir a comer. No he tenido el tiempo de ir a buscar ayuda terapéutica, sigo en el modo supervivencia”, confiesa, mostrando su vulnerabilidad.Junto a Gastón, Cultura de Trabajo presentó también a Jonatan Delgado, de 27 años, un joven del barrio de San Telmo, con estudios secundarios en proceso de finalización. Ingresó a Grupo Via como operario en el turno noche, para la colocación de publicidad en la calle. Jonatan vive con su mamá, pero a principios de este año, pasó un período en situación de calle “por una torpeza de pendejo boludo”, confiesa. Sin dar mayores detalles, esa experiencia lo marcó e hizo que buscara diferentes maneras de ganarse la vida para sobrevivir. Tiene una hija de 10 años de la que habla con mucho amor y quiere darle una buena crianza, bienestar y tranquilidad. “La llevo todos los mediodías al colegio y estoy con ella fin de semana por medio”, detalla.Durante la pandemia, Jonatan perdió su trabajo y empezó a cortarle el pelo a sus amigos. Descubrió en eso una vocación que hoy perfecciona en un trabajo diurno que quiere convertir en emprendimiento personal. “Cuando estaba en la calle, me contactaron con Cultura de Trabajo y me acerqué. Me entrevistaron y justo mi perfil coincidió con una búsqueda que hacía Grupo Via, la empresa donde estoy trabajando ahora”, explica Jonatan.Varios colaboradores del Grupo Via junto a Gastón y Jonatan, ubicados en el centro de la fotoNOELIA MARCIA GUEVARAEl 90% sostiene el trabajo al que aplicóDuerme pocas horas, entre las 6 y las 10 de la mañana, cuando abre la barbería. “Siempre voy a estar muy agradecido por esta oportunidad que me dieron en la empresa. Me ofrecieron una SUBE cuando llegué pero no la necesité. Son muy amables y el ambiente de trabajo es muy bueno”, dice con una sonrisa joven y añade que no sabe aún qué hará en el futuro: “Me gusta mucho lo de la barbería y quizás pueda tener mi propio local para no estar ganando sólo un sueldo. Ya aprendí y quiero seguir sumando cosas”.Gastón y Jonatan llevan menos de tres meses trabajando y el período de prueba está por terminar. “Me encantaría seguir”, dice Jonatan y lo mismo dice Gastón. Ambos sienten que el trabajo les devolvió confianza, seguridad y un ambiente de gente buena que los trata muy bien. “Estoy en modo supervivencia. La única calma que tengo en el día es acá, me dan mucha libertad y en poco tiempo he arreglado muchas cosas. Acá disfruto”, dice Gastón al hablar de su trabajo.Cultura de Trabajo cuenta con un equipo de psicólogos y trabajadores sociales para darles herramientas a los participantes y a las empresas, si aparecen dificultades. El 90% de los participantes permanecen en los puestos de trabajo “porque hay un acompañamiento muy cercano para que eso suceda”, explica Carballo.Silvia Marino, CEO de Grupo Via e impulsora de la política de responsabilidad social para incorporar personas en situación de calle confirma que pidieron “un soporte de los psicólogos de la fundación porque pensamos que la vulnerabilidad de las personas que vivieron en la calle no termina de un día para otro”.Grupo Via ofrece su SUM, participa de campañas de frío y contacta a Cultura de Trabajo con sus clientes en desayunos de trabajo, para que se replique este modelo de alianza entre empresas y organizaciones. Marino aclara que es de las economistas “que creen que el factor humano no está medido en ninguna fórmula” y concluye: “Para mí, lo humano está sobre cualquier otra situación. Creo que si los empresarios y las organizaciones de la sociedad civil no nos ponemos eso al hombro, no vamos a llegar a ningún lugar”.Cómo ayudarSi tenés una empresa o comercio y creés que podés ofrecer un empleo para una persona que estuvo en situación de calle, podés comunicarte con Cultura de Trabajo por WhatsApp al 11-6573-5096 o a través de su cuenta de Instagram.Cuál es la mejor forma de ayudar a quienes están en situación de calle: La Nación armó una guía con 50 maneras de solidarizarse con las personas que duermen a la intemperie. Podés entrar haciendo click aquí.Teresa Sofía BuscagliaConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectTemaspersonas en situación de calleSituación de callePobrezaMás notas de Personas en situación de calleDónde se concentran. Por lo menos 1104 adolescentes y niños duermen en plazas, veredas y bancos“En la facultad no le conté a nadie”. Dormía en la calle y estudiaba en una plaza, pero no abandonó el sueño de ser médicoTaylor Swift. La carpa que se infiltró en el campamento que armaron las fanáticas</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/una-empresa-de-publicidad-empezo-a-contratar-a-personas-en-situacion-de-calle-en-la-ciudad-de-buenos-nid28122023/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>Familias de tres countries de Pilar se unieron para que sus vecinos del barrio popular Los Grillos puedan progresar</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Dec 2023 16:17:14 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escuchar>LA NACION>ComunidadVarias parejas de Pilará, Estancias del Pilar y Chacras del ocho crearon una serie de proyectos para que los vecinos del barrio lindero tengan baños dignos, aprendan oficios y los chicos puedan tener clases de apoyo escolar12 de diciembre de 202312:31Gabriela VigoPARA LA NACIONescucharEn la enorme cocina donde se dictan las clases de Arte Culinario, siete alumnas se preparan para dar el examen final de primer año. Con sus cofias, chaquetas y delantales blancos, dejan las mesadas de granito impecables y se preparan para cortar cebollas, rúcula y zanahorias.El proyecto se llama Escuela Profesional de Cocina San Francisco de Asís y se desarrolla en el comedor comunitario del barrio Los Grillos, en San Francisco, justo al lado de la gran huerta. El menú que van a preparar consta de bruschetta con rúcula, palta y tomates cherry como entrada, carne o pescado al horno mediterráneo con timbal de arroz como plato principal y arrollado de vainilla con chantilly, frutillas y moras de postre.Todas las alumnas viven en Los Grillos, donde las casas son pequeñas y están construidas con ladrillos, techos de chapa y rejas detrás de las que ladran perros y crecen muchas plantas y flores. Desde 2017, el lugar forma parte de la localidad de San Francisco –una de las 14 que conforman Pilar, junto con varios countries como San Jorge, La Cañada y Pilará–, cerca del campo de la Asociación Argentina de Polo.Seis parejas que viven en Pilará, Estancias del Pilar y Chacras del Ocho crearon Unidos x San Francisco hace tres años, con el objetivo de lograr una comunidad unida, solidaria y organizada para autoabastecerse. Hoy suman un equipo de más de 100 voluntarios, personas que ponen al servicio de Los Grillos lo que cada una sabe hacer. Su lema es: “San Francisco, más que una localidad, una comunidad”.La Escuela Profesional de Cocina San Francisco de Asís funciona en el comedor comunitario del barrio Los GrillosSantiago Cichero/AFV El primer paso fue organizar una encuesta sobre las necesidades de sus vecinos de Los Grillos, realizada durante las prácticas de voluntariado de Responsabilidad Social por alumnos del último año de la Universidad Austral. Los principales problemas que encontraron fueron que muchas casas no tenían baños, que un gran porcentaje de los chicos no podía terminar la escuela por falta de apoyo, y que los adultos mayores se quedaban solos durante todo el día. Así nacieron varios proyectos que ya cobraron vida, gracias al trabajo conjunto de todos y al apoyo de varias empresas, y otros muchos que se están generando.La escuela profesional de cocina“La idea de brindar clases de cocina surgió cuando encontramos muchas madres que habían dejado sus trabajos para cuidar a sus hijos. Por eso, mientras ellos están en la escuela, les enseñamos todo lo que necesitan para trabajar como cocineras”, cuenta Mechi Figoli, que es contadora pero estudió cocina y pastelería, y fue la primera en llegar desde su casa en Estancias del Pilar. Después de lavarse las manos y ponerse el delantal y la cofia, dejó el lugar prolijo y ordenado.La gran cocina, reconstruida y equipada con artefactos donados por vecinos y empresas, con un hermoso mural de un cocinero pintado en el exterior, empezó a funcionar este año en el fondo de la casa de Humberto y Susana, en el corazón de Los Grillos, conformado por unas 18 enormes manzanas. Allí Humberto había armado un comedor junto a su hija Mariela y sus nietos, con el apoyo de Unidos x San Francisco, donde los vecinos retiraban sus viandas durante la pandemia. El hombre quiso cumplir el sueño trunco de su esposa Susana, que había fallecido poco antes.Los Grillos forma parte de la localidad de San Francisco, una de las 14 que conforman Pilar, junto con varios countries, como San Jorge, La Cañada y PilaráSantiago Cichero/AFV Este año, la profesora de Cocina Marcela Donati armó allí mismo la Capacitación de Cocina Profesional, de tres años de duración, con la ayuda de Mechi. La escuela es sustentable, ya que allí mismo –fuera del horario de las clases– las alumnas y las voluntarias preparan unos deliciosos alfajores de dulce de leche que se venden en hermosas cajitas en el country cercano Estancias del Pilar y ayudan a comprar los productos que ellas necesitan para cocinar.Mary Ayala es ama de casa en Los Grillos y desde el primer momento colaboró con el comedor, cocinando para sus vecinos. “Me encantó la oportunidad de aprender a cocinar y también me sumé para hacer los alfajores para vender, aunque soy diabética y no los puedo probar… Mi objetivo es empezar a hacer alfajores, budines y pan dulce para vender en mi casa”, cuenta mientras lava zanahorias y rúcula.“Además, el curso me sirve porque siempre comíamos pastas o fritos, todo muy parecido. Y acá me enseñaron cosas fáciles pero distintas, con mucha técnica. El otro día preparé ratatouille con berenjenas, morrones y zapallitos. Para mí era una película, pero aprendí que es un plato simple que se hace con ingredientes que ya tenía en mi casa. Mi marido, Ismael, está feliz”, agrega con una gran sonrisa.Roxana Correa también vive en Los Grillos y llegó a la escuela con el objetivo de empezar un microemprendimiento. Le encanta cocinar carne al horno con verduras y cosas dulces, pero quiere preparar tartas, empanadas y sándwiches gourmet para vender en el barrio.También está concentrada en el examen final, que ya llega, pero cuenta que las dividieron en dos grupos por sorteo, para que el escenario sea tal como “si estuvieran cocinando en un restaurante o un hotel”. A un grupo le tocó carne vacuna y al otro, pescado, que quedaron deliciosos y sirvieron en mesas bellamente armadas y decoradas.La profesora Marcela, que vino desde su casa en el Mayling Club de Campo, está segura de que todas van a aprobar –lo que finalmente ocurrió–, porque lograron el objetivo del primer año: ayudar a un chef con la preparación de cinco litros de bechamel o lo que sea necesario, y preparar sus propias comidas con los ingredientes que estén disponibles y las técnicas apropiadas.        View this post on Instagram            A post shared by Unidos x San Francisco (@unidosxsanfrancisco)<br />
El primer bañoSoledad Inurrigarro tiene una alegría y una energía que desbordan y contagian. Es dueña de una empresa de etiquetado industrial y vive en Pilará, pero desde hace un año trabaja voluntariamente para el proyecto del primer baño en varias casas de Los Grillos. Ya los instalaron en 37 casas, donde cambió para mejor la vida de sus habitantes.“Encontramos que la mayoría de los hogares tenían un inodoro y un tacho para tirar agua, sin cadena, botón ni ducha, por eso hicimos un relevamiento con ayuda de voluntarios de la Universidad Austral y la Universidad de El Salvador coordinados por Josefina Seresi, para decidir a quiénes se ayudaba primero. La prioridad es de quienes están enfermos o tienen necesidades especiales”, relata.El trabajo es en equipo, con una enorme ayuda de la fundación Hábitat para la Humanidad, que entrega los kits con las mochilas de los inodoros, los tanquecitos con ducha y los caños. Además, la empresa Rotoplas dona los tanques de agua e Ilva regala los cerámicos, mientras los vecinos deben instalarlos después de terminar una capacitación.Horacio Núñez es albañil y tiene diabetes, por lo que fue uno de los primeros vecinos a los que les mejoraron el baño y las instalaciones sanitariasSantiago Cichero/AFV Horacio Núñez vive con su esposa Gladys en una de las casas más espaciosas de Los Grillos, justo enfrente del gran salón donde se dictan las clases de apoyo escolar de Unidos x San Francisco. Es albañil y tiene diabetes, por eso fue uno de los primeros en recibir el kit y ya tiene el baño casi listo. “Nos cambió la vida. Teníamos una pileta para llenar el tachito y hacer correr el agua del inodoro, pero era muy difícil bañarse”, cuenta mientras muestra las instalaciones, orgulloso.A dos cuadras de allí, Noelia Prieto también tiene su baño terminado, gracias a la ayuda de su mamá Miguela (de 55 años, que trabaja como empleada doméstica en Estancias del Pilar) y su hermano Silvio. Ella tiene 41 años y seis hijos, pero muchas veces también cuida a sus seis sobrinos. Antes, cargaba el pequeño tanquecito con una manguera para bañarlos, pero se inundaba la casa. Ahora están los tanques en el techo, el kit de baño y los caños instalados, y ya no tienen problemas.Noelia Prieto es vecina de Los Grillos y trabaja como empleada doméstica en un countrie de la zona. Es otras de las que pudo tener un baño digno gracias al trabajo de Unidos x San FranciscoSantiago Cichero/AFV Además, gracias a que los chicos van a apoyo escolar los lunes, miércoles y sábados, finalmente aprendieron a leer y ella cree que van a pasar de grado.Pero el sueño de Sole va mucho más allá. Orgullosa porque se quebró el paradigma de que “solamente los hombres pueden construir”, ya se conectó con la empresa que fabrica los carísimos biodigestores que permitirán transformar las aguas servidas para que puedan usarse para el riego. “Ahora, como no hay cloacas, esas aguas servidas van al pozo y generan contaminación. Además forman charcos verdes en las zanjas que rodean las casas, que cuando hace mucho calor largan mal olor y son criaderos de mosquitos”, se lamentó la empresaria.Los sueños para 2024Unidos x San Francisco tiene muchos más sueños. El director ejecutivo de la asociación civil, Guillermo Caro, es publicitario y creador de “Publicitarios sin fronteras” y “Buenas causas”. Llega desde el barrio Champagnat, del otro lado de la Panamericana, y afirma: “En Unidos x San Francisco creemos en un futuro diferente, con más oportunidades para todos”.Mary Ayala y Roxana Correa viven en Los Grillos y van a la escuela de cocinaSantiago Cichero/AFV Además, explica que por ahora ofrecen un taller de arte donde pintan platos de cerámica, brindan clases de apoyo escolar para 40 chicos, tienen una escuela de taekwondo y organizan actividades para los abuelos que se quedan solos durante el día.También están construyendo un enorme Centro Comunitario en dos lotes donados y, para el año próximo, quieren sumar nuevas actividades. Entre ellas, una escuela de oficios, un coro en donde los chicos aprendan a tocar instrumentos musicales, un taller de informática y robótica, programas para mejorar la salud y la calidad de vida, y eventos solidarios para recaudar fondos para apoyar los proyectos y ser una de las fuentes de sostenibilidad.Cómo colaborarSi querés colaborar con dinero, alimentos, ropa, útiles u otros elementos, podés ingresar al sitió web de Unidos x San Francisco.Si querés sumarte como voluntario de Unidos x San Francisco, podés ponerte en contacto con la organización ingresando a este link.Si tenés una empresa y creés que podés promover una alianza para colaborar con el progreso del barrio Los Grillos, podés ingresar a este enlace.Gabriela VigoConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectTemasbarrios popularesInclusión socialMás notas de Inclusión social&#8221;Cambió la forma en la que nos miran&#8221;. El oficio que empieza a ser considerado central en todo el mundo&#8221;Mi hijo quedó en lista de espera&#8221;. El Gobierno porteño reconoció ante la Justicia que hay más de 12.000 niños que no van al jardínCómo son sus prendas. Creció en una villa, era costurera en un taller informal y su colección llegó a las principales pasarelas</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/familias-de-tres-countries-de-pilar-se-unieron-para-que-sus-vecinos-del-barrio-popular-los-grillos-nid12122023/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>Durmió en la calle, estudiaba en una plaza y ahora sueña con ser médico para ayudar a otros: “En la facultad no conté nada”.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Nov 2023 20:15:34 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escuchar>LA NACION>ComunidadMaximiliano tiene 22 años y junto a su mamá y un hermano menor pasaron 30 noches en una plaza; tuvieron que dejar la pensión en la que vivían y no consiguieron otro lugar a dónde ir; mientras su mamá buscaba trabajo o pedía comida, él nunca dejó de ir a la universidad17 de noviembre de 202316:55Ana Paula QuirogaLa NACIONescucharLa primera noche que Maximiliano Jara durmió en la calle estaba preocupado por tres cosas. La primera, asegurarse de que a Gabriela, su mamá, y a William, su hermano de 10 años, no les pasara nada. La segunda, despertarse a tiempo para llevar a William a la escuela. La tercera, llegar a tiempo a su clase de Sociedad y Estado en la sede de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, donde estudia Medicina.“Esa noche fue la peor del mes que pasamos en la calle. Hacía frío y no dormí por el miedo que tenía de que nos hicieran algo o que mi hermano, sin razón alguna, se muriera mientras dormía. Al otro día me levanté, lo llevé a la escuela mientras mi mamá salía a pedir ayuda en la calle y me fui a cursar”, le cuenta a LA NACION Maximiliano, que tiene 22 años y ahora vive, con su mamá y su hermano, en un hotel en el barrio porteño de Balvanera. En un rato tiene que ir a buscar a William al colegio.En marzo pasado, de un día para otro, él y su familia pasaron de dormir en el cuarto de una pensión en Mataderos a tener que refugiarse en lugares públicos porque el hijo de la dueña de la pensión intentó abusar de Gabriela. Se fueron con muy pocas cosas y no tenían un ingreso como para alquilar enseguida un lugar donde quedarse.Mientras Gabriela buscaba desesperadamente trabajo, durante todo ese mes que pasaron en situación de calle a unas cuadras de la pensión, Maximiliano nunca pensó que dejar la facultad era una opción. Por eso siguió yendo a la facultad. Espera, en un futuro, convertirse en médico. “Lo más difícil fue abandonar un lugar donde pasábamos la noche tranquilos. Ahora solo espero tener mi título y conseguir un trabajo para vivir en paz”, asegura.Maximiliano cuenta que cuando durmió en la calle pasó frío o calor y tuvo que ir a baños públicos para higienizarseSantiago Cichero/AFV “Empecé con el CBC recién este año”, cuenta Maximiliano y explica que por “varios problemas”, cree que va retrasarse un poco con la carrera. Lo que llama “varios problemas” fueron el hecho de dormir en la calle, con frío y calor; tener que ir a baños públicos para higienizarse; estudiar en plazas y comer en comedores comunitarios.Maximiliano no le contó a nadie de la facultad lo que vivió. Ni en aquel momento ni ahora. “A mí me cuesta mucho socializar y no tenía muchos amigos”, explica y sigue: “Tampoco me gusta meter a los demás en mis problemas. Además, me da vergüenza contar lo que nos pasó. No es fácil expresar lo que uno siente, pero ahora que estamos mejor y que lo peor ya pasó, en algún momento me gustaría contarles a mis compañeros”.En ese mes que pasaron a la deriva y mientras que su mamá pasaba el día buscando trabajo y pidiendo ayuda en la calle, Maximiliano se encargaba de llevar e ir a buscar a su hermano al colegio. Cuando William estaba en clases, él cursaba en la facultad. Iba y volvía en colectivo y aprovechaba el viaje para estudiar Biofísica o Biología. Y cuando le tocaba esperar que William saliera, repasaba los apuntes universitarios en un parque cercano al colegio.En la facultad, Maxi no pudo hablar con ningún compañero o profesor sobre lo que estaba viviendo: &#8220;Me daba vergüenza&#8221;Santiago Cichero/AFV Cuando él, su mamá y su hermano tuvieron que dejar la habitación que compartían en una pensión del barrio de Mataderos, no se les ocurrió que existía la posibilidad de acercarse a un parador, pedir ayuda en una iglesia o incluso tratar de localizar una fundación que los ayudara. Como Gabriela no tenía ningún trabajo estable y no quería que su hijo mayor trabajara, conseguir otra pensión en la que les cobrarían mucho más tampoco era una opción posible.Finalmente decidieron pasar los días, las tardes y las noches en el Parque Santojanni, que estaba a unas cuadras de la pensión de la que escaparon. “Yo le dije a mi mamá que no importaba a dónde pero teníamos que irnos de ahí porque era muy peligroso”, recuerda. Lo único que tenían para dormir eran unas cuantas frazadas y unos aislantes que Gabriela había rescatado cuando vio que estaban a punto de desecharlos en el Hospital Santojanni.Ahora Maximiliano comparte la habitación de un hotel con su familia gracias a que su mamá pudo conseguir un trabajo y recibir una ayuda habitacionalSantiago Cichero/AFV “Sabíamos que no podíamos seguir en la calle pero no sabíamos a dónde ir y un chico de una parroquia se nos acercó y nos sugirió que llamáramos al 108 del Gobierno porteño”, cuenta Gabriela. La línea brinda asistencia social inmediata a las personas que se encuentren en situación de calle.Con un teléfono que les prestó un guardia de seguridad del hospital, llamaron y consiguieron quedarse en un Centro de Inclusión Social (CIS), los espacios que tiene el Gobierno de la Ciudad para asistir a las personas en situación de calle. Ahí estuvieron ocho meses. “La primera semana en el parador estábamos exhaustos y ni siquiera queríamos comer, lo único que hacíamos era dormir todo el día”, explica.La historia de Maximiliano y la de su familia no es un hecho aislado: este año, la cantidad de personas en situación de calle aumentó un 34% en la ciudad de Buenos Aires en relación a 2022: de 2611 personas que estaban en esa situación se pasó a 3511, según datos oficiales del Gobierno porteño. Y ocurre en un contexto en donde la pobreza ya afecta al 40% de las personas del país y la indigencia al 10% de la población.MÁS DE 50 FORMAS DE AYUDAR A LAS PERSONAS QUE ESTÁN EN SITUACIÓN DE CALLEGabriela, que tiene 43 años, vino hace 16 a vivir a Buenos Aires desde Misiones en busca de oportunidades laborales: trabajó en un comedor comunitario, vendió ropa, helados y durante ocho años fue empleada doméstica. Pero nunca logró tener un trabajo formal con el que pudiera lograr estabilidad económica.Al octavo mes, en el CIS, recibieron una oportunidad: Cultura de Trabajo, una fundación que busca la salida de la pobreza de las personas a través de la inclusión laboral, los ayudó y hoy Gabriela trabaja en un restaurante. A los días de empezar a trabajar, consiguió quedarse en la habitación de el hotel en el que viven en el barrio porteño de Balvanera. Logra pagarlo gracias a su nuevo empleo y la Asistencia Habitacional que recibe de parte del Gobierno de la Ciudad.LA CARPA QUE SE INFILTRÓ EN EL CAMPAMENTO QUE ARMARON LAS FANÁTICAS DE TAYLOR SWIFTFue en segundo año de la secundaria cuando Maxi decidió que quería ser médico. “Me gustaba la idea de ayudar a las personas. Cuando alguien sufre, un doctor puede ayudarlo. Yo quiero hacer eso”, explica. “Además lo pienso desde la salida laboral y me parece un sueño tener un trabajo en blanco asegurado”, añade. En esas noches en la plaza, cuidando el carrito que tenían para guardar las pocas pertenencias que lograron rescatar de la pensión de la que escaparon (unas frazadas, útiles, un par de platos y algunos bolsos con ropa) pensaba más que nunca en este sueño.Cuando a Gabriela le preguntan por qué no hizo que su hijo trabajara, responde siempre igual: “Él quiere estudiar y yo quiero que lo haga, así no vive lo mismo que viví yo”Santiago Cichero/AFV Mucha gente le pregunta a Gabriela por qué no hizo que su hijo trabajara y ella siempre responde lo mismo: “La pasamos mal y hacerlo trabajar quizá hubiese ayudado, pero él quiere estudiar y yo quiero que lo haga, así no vive lo mismo que viví yo”. Actualmente, además de trabajar, Gabriela está terminando el segundo año de secundaria. “Es algo que hago por mí, pero sobre todo lo hago por ellos, para que estudien y no sean marginados de la sociedad como lo fui yo”.Ahora, en el hotel y con un ingreso fijo, Maximiliano se siente mucho más tranquilo. “Llego a casa y tengo una cama”, asegura contento, mientras recuerda que en breve debería recibir las notas de un examen de Biofísica que rindió esta semana. “Por suerte ahora es más fácil estudiar y espero en unos años poder recibirme y empezar a trabajar”.Más informaciónSi querés colaborar con alguna de las organizaciones que asisten a personas en situación de calle, podés ponerte en contacto a través de las redes sociales con las organizaciones Cultura de Trabajo, Amigos en el Camino, Asociación Civil Puente, Fundación Multipolar, Vientos de Libertad y Amigues por las Calles.Cuál es la mejor forma de ayudar a quienes están en situación de calle: La Nación armó una guía con 50 maneras de solidarizarse con las personas que duermen a la intemperie. Podés entrar haciendo click aquí.Ana Paula QuirogaConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectTemasSituación de callePobrezapersonas en situación de calleMás notas de Situación de calleTaylor Swift. La carpa que se infiltró en el campamento que armaron las fanáticasMultas de hasta 100 mil pesos. Polémica por una propuesta para castigar a quienes agarren residuos de contenedores en CABA“Vendía cartones y pedía comida”. Vivió cuatro años en la calle, fue adoptada y acaba de ser elegida intendenta</p>
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		<title>El Gobierno porteño reconoció ante la Justicia que hay 12.000 niños que no van al jardín: “Mi hijo quedó en lista de espera”</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Oct 2023 20:15:39 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharHace un año, cuando Melina Ferraro quiso inscribir a Lucca, su hijo de 12 meses, a un jardín maternal de gestión estatal, quedó en lista de espera. Era su primer hijo y no esperaba que el sistema la rebotara. Necesitaba urgente volver a trabajar y no tenía quién cuidara al niño. Desesperada, trató de averiguar entre conocidos si había cometido algún error en el proceso de carga de los datos en el sistema online de inscripción. Pero entonces descubrió que el problema era otro: en todo Caballito, el barrio en el que vivía y en el que quería inscribir a su hijo, había apenas dos jardines maternales públicos.“Caballito es un barrio enorme, lleno de jardines privados. Pero yo no estoy en condiciones de pagar. Con mi pareja vivimos al día, dependemos de nuestros trabajos para subsistir”, explica esta mujer de 33 años, que se dedica a la artesanía y tiene un emprendimiento de venta de budines mientras su pareja hace entregas para Rappi.En 2011 el gobierno porteño se comprometió a construir más jardines de infantes para cubrir la demanda de vacantes en la CiudadEntonces alguien le habló de los Centros de Primera Infancia (CPI), unos espacios estatales de cuidado que se volvieron la opción más frecuentada por las familias que, como la suya, quedan afuera de la escuela estatal y no pueden solventar la cuota de una privada.Romina terminó inscribiendo a Lucca en un CPI de Parque Chacabuco. A la semana ya se lo habían tomado y ella pudo empezar a trabajar. “Está bueno el lugar. Además me dan bolsas con mercadería, a veces verduras y hasta la leche. Eso nos ayuda un montón. Sé que mi hijo está rebien cuidado. Pero también sé que las docentes, como las llamamos, no son docentes”, reconoce Romina.Es sabido que la educación inicial temprana tiene múltiples beneficios en la infancia. Aporta, por ejemplo, una mayor autonomía y desarrollo psicomotor y de vocabulario. Tal vez, por eso, en el artículo 24 de la Constitución porteña, sancionada en 1996, se expresa que la Ciudad asume la responsabilidad indelegable de asegurar y financiar la educación pública, estatal, laica y gratuita en todos los niveles y modalidades a partir de los 45 días de edad.Sin embargo, el Gobierno porteño reconoció recientemente ante la Justicia que, como Lucca, hay casi 12.500 niñas y niños que están por fuera del sistema educativo. Fue en el marco de una causa judicial iniciada contra el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hace 17 años por falta de vacantes en jardines de infantes.En esa causa es en donde en septiembre último, el Poder Ejecutivo porteño informó que hay 1427 niños y niñas en lista de espera para salas de bebés y de 1 año en jardines de infantes de gestión pública. Mientras que otros 11.002 asisten a Centros de Primera Infancia, espacios de cuidado que están fuera del sistema educativo y cumplen una función similar a la de una guardería.Los CPI dependen de la Dirección General de Desarrollo de Infancias y Adolescencias, que está bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat. Ese ministerio también gestiona los Centros de Desarrollo Infantil (CeDI). En total son 97 centros que trabajan con niños y niñas de entre 45 días y 3 años, con una diferencia entre sí: mientras los CeDI son manejados íntegramente por personal del ministerio, los CPI son cogestionados junto a una ONG. Ante una consulta de LA NACION, desde ese ministerio informaron que actualmente son unos 1300 los chicos y chicas que asisten a los CeDI, en tanto que los CPI reciben a otros 11.003, totalizando, entre ambos, una matrícula de 12.303 niños y niñas.En estos espacios, que funcionan de 8 a 16 entre febrero y diciembre, los chicos y chicas reciben desayuno, almuerzo y merienda. Si bien se trabaja la estimulación temprana y la adquisición de hábitos, el eje está puesto en la alimentación y la salud. Es decir, no tienen una currícula pedagógica ya que no forman parte de lo que en educación se conoce como el nivel inicial.Los Centros de Primera Infancia tienen un fuerte énfasis en la alimentación y la salud de los niños y niñas que asisten (Gentileza: Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat)“La propuesta es de naturaleza social, con un abordaje diferente al de (el ministerio de) Educación”, explicaron fuentes del ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, a cargo de Gabriel Mraida, y reconocieron que “el Ministerio de Educación tiene jardines de infantes en los que la sala de 3 años es la matrícula más insatisfecha, que es la gran demanda social que existe actualmente”.En la mayoría de los CPI, la inscripción es presencial, a diferencia de lo que ocurre en el sistema educativo, que se hace online. “La familia se acerca al establecimiento para solicitar una vacante y un equipo técnico interdisciplinario le realiza una entrevista inicial para determinar si existe algún tipo de vulnerabilidad social. En esos casos, a esos niños y niñas se les da prioridad de ingreso”, explicaron las mismas fuentes.Para el asesor tutelar de la Ciudad, Gustavo Moreno, que haya miles de chicos sin educación inicial formal es discriminatorio. “Los CPI fueron pensados para población vulnerable. Pero, justamente, son estos niños y niñas los que más necesitan de los beneficios de la educación inicial temprana. Hay que abrir escuelas, no guarderías”, se queja el funcionario, que intervino en una causa judicial iniciada por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) en 2006 contra el gobierno porteño por la demanda insatisfecha de vacantes en la educación inicial. La asesoría es parte del Ministerio Público Tutelar, que tiene entre sus misiones el respeto y protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.La causa llegó hasta el Tribunal Superior de la Ciudad y en 2011 el Ejecutivo porteño se comprometió a construir jardines e informar los avances en materia de ampliación de vacantes de manera periódica. “En aquel momento se aceptó que los niños y niñas sin vacantes asistieran a los CPI como una medida provisoria. Pero 12 años más tarde, tenemos a más de 11 mil niños y niñas asistiendo a estos centros. Lo que no está claro es por qué las familias los eligen: si lo hacen libremente o porque quedaron en lista de espera, o porque el jardín asignado no se adecua a las necesidades de la familia. Pero el gobierno porteño no informa nada al respecto”, explica Bárbara Zanino, integrante del Programa de Derechos Sociales de la Niñez de ACIJ.LA NACION se comunicó con el Ministerio de Educación porteño y le hizo llegar un cuestionario. Como única respuesta, envió un breve comunicado. Informa que, en 2020, el Tribunal Superior reafirmó que la edad de educación obligatoria es a partir de los 4 años y que el Gobierno porteño garantiza en un 100% esa matrícula.“Este año se alcanzó la cobertura del 100% de las vacantes de sala de dos y de tres años. De hecho, hoy hay 13.863 vacantes disponibles en el nivel inicial”, informaron desde el organismo. Sin embargo, no dan precisiones respecto a cuál es la cobertura para niños, niñas y bebés de menos de dos años.“La pregunta es si tienen más de 13.000 sillas vacías, por qué no adaptan los espacios para darles lugar a los más de 1400 niños y niñas que, según ellos mismos informan ante la Justicia, están en lista de espera”, opina Zanino, de ACIJ, quien remarcó que sería importante conocer las razones por las que las que las familias eligen inscribir en los CPI. “Pero el gobierno porteño no produce este tipo de información cualitativa”, lamentó.“Son muchísimas las familias que optan por inscribir a sus hijos en los CPI porque se quedaron en lista de espera para un jardín”, asegura Patricia Pines, fundadora del grupo “Vacantes para todos en las escuelas públicas”, con más de 25.000 seguidores en redes sociales. En Facebook, por ejemplo, son muchos los posteos de madres que consultan por jardines maternales tras haberse quedado en lista de espera por una vacante y la misma comunidad les sugiere inscribir a su hijo o hija en un CPI.Los Centros de Primera Infancia reciben niños y niñas desde los 45 días hasta los 3 años (Gentileza: Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat)“Cuando una mamá se quedó sin vacante y te dice, por ejemplo, que trabaja en una fábrica textil de la avenida Avellaneda y que necesita encontrar un espacio para su hijito porque, de lo contrario, lo tiene que tener en una cajita debajo de su máquina de coser, obvio que el CPI se convierte en una opción”, agrega Pines, quien rápidamente aclara que no cuestiona las buenas intenciones de los CPI, aunque considera que es necesario reconvertirlos como instituciones educativas.“No creemos que las infancias hoy estén mal cuidadas pero, de esta manera, hay diferenciación entre las trayectorias de las infancias que van al jardín de infantes y las que van a los CPI. Queremos que sigan existiendo, pero bajo la órbita del Ministerio de Educación y sin pérdida de puestos de trabajo. Que les permitan estudiar y recibirse a quienes hoy están con los niños y niñas”, puntualizaAhora que empezó octubre, Romina, la mamá de Lucca, va a volver a inscribir a su hijo para ver si le sale una vacante para el año que viene, para sala de 2. “Con el CPI resolví mi urgencia, pero pateé el problema de la vacante para más adelante. Sé que, en unos años, Lucca va a tener que ir a una escuela formal sí o sí. Ojalá le pueda conseguir vacante antes que eso, para que no haya diferencia entre él y el resto de los chicos”, concluye.Más información:El trámite de inscripción para un jardín de infantes de gestión estatal es online. Si necesitás conocer más sobre este trámite, hacé click acá. Si por algún motivo necesitás hacer la inscripción en forma presencial, en este link tenés los puntos presenciales que la realizan con turno previoLos Centros de Primera Infancia son espacios de cuidado que funcionan de lunes a viernes de 8 a 16, entre febrero y diciembre. Para más información sobre estos espacios, comunicate a mail cpi@buenosaires.gob.ar o al teléfono: 5030-9740, internos 1038 y 1039, de lunes a viernes de 9 a 16 hs.Lorena OlivaTemasEducaciónInclusión socialConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectOtras noticias de EducaciónNueva maratón de lecturaLa rebelión de los padres. Por qué extendieron los plazos para acordar las subas de las cuotas en los colegios privados&#8221;Es totalmente gratis&#8221;. Visitó una escuela pública de Estados Unidos y la comparó las de la Argentina</p>
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		<title>Recorren casa por casa para regalar libros infantiles y que todos los niños de un barrio porteño puedan tener una biblioteca familiar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Sep 2023 04:15:26 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escuchar>LA NACION>ComunidadLa movida ocurre en Saavedra; empezó como una preocupación de tres amigas para que los chicos estuviesen entretenidos durante la pandemia y sigue hasta hoy; buscan atender un déficit, ya que a 3 de cada 10 chicos que viven en hogares pobres nunca les leyeron un cuento9 de septiembre de 202300:28Teresa Sofía BuscagliaPARA LA NACIONescuchar“La chica de los libros”. Así la llamaban a Mariel Pujol cuando llegó cargada de cuentos, historietas y literatura infantil al Barrio Presidente Mitre, en Saavedra, durante la pandemia. Vive a pocas cuadras de ahí y desde 2018 daba clases de apoyo escolar en ese barrio porteño junto a las maestras del lugar. Cuando se cerraron las escuelas por el aislamiento obligatorio, recuerda que pensó en esos chicos que había conocido durante esos años y en qué iba a pasar con ellos, encerrados en sus casas, lejos de la escuela.“Se me ocurrió ir a la olla popular que organizaban todas las noches, con libros de mi hijo, que ya había crecido. De a poco, eso se convirtió en una rutina. Me acercaba a la fila que formaban en la plaza para recibir un plato de comida y les ofrecía libros. Algunos niños empezaron a ir todos los días, porque sabían que iba yo. Después, decidí tocar las puertas de las casas, para ver a los chicos que conocía del apoyo escolar”, cuenta la diseñadora gráfica de 46 años, que, junto a la bióloga Pato Pereyra y la museóloga Julieta Penedo, fundó “Libros en el barrio”, una organización que promueve la lectura, acercando libros y actividades culturales al barrio. “La llegada de ellas fue fundamental e hizo sostenible este proyecto en el tiempo”, agrega Pujol y cuenta que ya entregaron más de 5000 libros en el barrio.Al ver el interés que despertaba en los vecinos, Mariel creó una cuenta de Instagram para pedir donaciones de libros. “Fue un éxito inmediato. Me dieron alrededor de 500 libros. Yo me movía en bicicleta para ir a buscarlos. Los limpiaba, los clasificaba y el fin de semana los llevaba al barrio”, agrega Mariel, que se presentaba en las casas, golpeaba las palmas y decía: “Hola, soy Mariel, vengo a traerte un libro. Soy la que estaba en el centro comunitario y daba apoyo escolar”. Poco a poco, se ganó la confianza y la amistad de muchas familias y su presencia era esperada cada fin de semana. “La chica de los libros” se había convertido en alguien que les regalaba un rato de distracción a mucha gente que estaba muy mal, con angustia y muchas necesidades durante el aislamiento obligatorio.Mariel Pujo, Patricia Pereyra y Julieta Penedo son las fundadoras de “Libros en el barrio”, una organización que promueve la lectura, acercando libros y actividades culturales al barrio MitreGentileza: Libros en el Barrio“El Mitre”, como lo llaman los vecinos, se extiende sobre unas ocho hectáreas, a pocos metros de la General Paz, la avenida que divide la ciudad de la provincia de Buenos Aires. Ubicado entre edificios lujosos, casas residenciales y el centro comercial Dot, no deja ver sus calles angostas y laberínticas que apenas permiten filtrar la luz del sol que se entromete por las ventanas enrejadas de esas casas que van creciendo hacia arriba. Las entradas a ese barrio popular están custodiadas por dos o tres policías que charlan entre ellos y se saludan con los vecinos que ingresan y salen caminando.Miriam Chaves es una de ellas. El vínculo con la organización se fortaleció con el tiempo, a medida que la menor de sus 7 hijos, Tahina, hoy de 4 años, generó un fuerte amor por la lectura. Ocurrió desde que Mariel llegó en 2020 con hermosos libros para ella y sus hermanos. “Yo no salgo mucho de mi casa, pero cuando Mariel golpeó la puerta, me gustó charlar con ella y la relación creció con el tiempo. Escucha los gustos literarios de mis hijos y les trata de traer todo lo que le piden”, dice Miriam, que tiene 43 años y trabaja como empleada de casas particulares.Tres años después de aquella primera visita, Tahina tiene una biblioteca que es lo primero que muestra a quien entra a su casa. “Ahora, ella y mi hija de 16 años viven con libros en la mano”, agrega Miriam y cuenta que el informe de la maestra del jardín subraya el asombroso interés de la niña por la literatura. “Dice que es la que más participa y se entusiasma a la hora de los cuentos y la lectura”. Esta anécdota la repetirá más de una vez, con los ojos húmedos de emoción y orgullo, durante la entrevista con LA NACION.La familia vive en un departamento al que se llega por una escalera, luego de abrir dos rejas. Mientras su mamá habla, Tahina revisa con sus dedos pequeños que estén todos sus libros en la biblioteca. La luz de la mañana se cuela entre las rejas de la ventana y deja entrar un haz que forma un círculo en el piso donde ella elige sentarse. Con sus manos pequeñas, abre uno de los libros más grandes y empieza a señalar ilustraciones. Simula leer y repite partes que conoce de memoria, de las tantas veces que sus hermanos se las leyeron. Tahina se ríe, habla sola, se olvida de todos y comienza su viaje imaginario. Esta escena se repite muchas veces al día.Miriam Chávez comparte la lectura junto a sus hijos Tahina, Jocelyn, Natasha y GustavoGonzalo ColiniLa falta de libros retrasa la alfabetizaciónLa organización Libros en el barrio responde a una necesidad que no sólo impacta en los hogares pobres de la Argentina, sino que es un fenómeno transversal a toda la sociedad argentina, de acuerdo a un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Su autora, la socióloga e investigadora Ianina Tuñón, destaca que “la problemática no tiene una única raíz en lo económico, sino también en lo cultural. Las nuevas generaciones están alejadas del libro y esto tiene que ver con el mundo de los adultos, porque los niños crecen en hogares en donde no ven adultos leyendo”, señala. Otro reporte del Observatorio remarca que a 3 de cada 10 chicos de entre 0 y 8 años que viven en hogares pobres nunca les leyeron un cuento.El informe es alarmante, ya que arroja que más del 60% de niñas, niños y adolescentes, en el país, carece de libros en sus hogares y, más del 50%, no lee libros impresos. “La tecnología no reemplaza al libro porque el ejercicio de adquirir la lectoescritura se vincula con el libro impreso”, destaca Tuñón y agrega que “estamos ante un proceso de alfabetización muy simple y eso tiene consecuencias en las pruebas PISA, que muestran las grandes desigualdades sociales que esta carencia está generando”. La falta de libros retrasa la alfabetización de los niños, según el informe, y es más probable que las niñas y niños de 4 y 5 años no sepan escribir su nombre cuando no tienen libros infantiles en su hogar y cuando no son estimulados a través de narraciones orales.Una campaña, encabezada por Argentinos por la Educación y más de 100 organizaciones de la sociedad civil, sostiene que el 46% de los alumnos argentinos de tercer grado no comprende lo que lee y que el problema se agudiza entre los estudiantes de menor nivel socioeconómico, donde esa dificultad alcanza a 6 de cada 10 chicos. Los datos utilizados por el Observatorio se desprenden del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2019.Desde que empezaron con la movida, las voluntarias llevan distribuidos más de 5 mil librosLos abuelos, los principales aliadosLa organización Libros en el barrio fue ganando espacios y, al sumarse Pato Pereyra y Julieta Penedo, pudieron ampliar su oferta de actividades, como las narraciones orales y juegos en la plaza. Además de sus profesiones, ambas tienen amplia experiencia en promoción de la lectura y gestión cultural. Ya no recorren casa por casa, sino que van una vez por mes a encontrarse con las familias con quienes mantienen una comunicación por redes sociales. En los últimos meses, los problemas de seguridad han dificultado muchas veces estos encuentros, pero nunca se rindieron.“Las familias tenían miedo de salir y tuvimos que espaciar las visitas, pero no dejamos de hacerlo. Cada mes que volvemos, me pregunto: ¿nos darán bolilla? ¿Querrán un libro? Y la magia sigue ahí, en cada chico que nos dice: ‘Hola profe’, ‘Hola seño’. Todos los meses se renuevan las ganas de seguir haciéndolo y nos vamos adaptando al entorno como podemos”, explica Mariel Pujol.La organización también tuvo que derribar varios prejuicios que la gente tiene sobre los libros: que son sólo para estudiar, que los niños son muy chicos para leer, que no les va a interesar. “Poco a poco, pudimos ir transmitiendo la importancia de tener libros en la casa, de que los chicos los toquen y jueguen con ellos. Esto también despertó el interés de los adultos, especialmente los abuelos, nuestros principales aliados que se acercaron al centro comunitario para estudiar y, algunos, para aprender a leer junto a sus hijos o nietos”, agrega.Ese fue el caso de la abuela de Mara, una maestra que vive en el barrio junto a su hija de 11 años. Mara nació y se crió allí, donde vive toda su familia. No socializa con la gente del barrio y su hija va a una escuela fuera de allí, La visita de Mariel, durante la pandemia, era una oportunidad para hablar con alguien y era muy esperada. Su hija leía todo lo que Mariel le acercaba pero lo más llamativo no fue su entusiasmo lector, que ya estaba desarrollado, sino el de su abuela, a la que esta organización le cambió la vida.“Mi abuela es una persona que tuvo una vida muy dura y le costaba crear vínculos con cualquier persona. Mariel le ofreció una lectura y ella le dijo que no, pero al ver una revista de Patoruzito entre sus libros, se emocionó, porque le recordó su infancia. Ese recuerdo abrió algo en ella y Mariel le fue trayendo más revistas. Mi abuela es otra”, dice Mara.La falta de libros retrasa la alfabetización de los niños, advierte un reporte del Observatorio de la Deuda Social de la UCAUna asignación para armar la biblioteca familiarDesde la asociación civil Educación para todos, Irene Kit, su presidenta, también se suma a la preocupación por la falta de contacto de las niñas, niños y adolescentes con los libros y sus consecuencias en la alfabetización y comprensión lectora. De hecho, para frenar esta tendencia, tiene preparado un proyecto de ley que presentará luego de las elecciones nacionales y en el que solicitará que el Estado garantice el derecho del lector en formación, armando una biblioteca familiar con libros nuevos, elegidos desde el interés y la curiosidad.El proyecto busca instaurar una asignación anual especial, que sólo se pueda usar para comprar libros que elijan los propios niños, niñas y adolescentes, por su gusto e interés. Esa asignación, que se debe concretar a través de un código o un vale (no dinero) para canjear por libros editados en el país, se otorgará al padrón de las familias incluidas en la Asignación Universal por Hijo (AUH), los trabajadores y trabajadoras rurales, domésticos y de la economía popular. Para ello, se necesitará hacer una modificación a la ley de asignaciones familiares para fijar esta asignación anual complementaria, equivalente al 40% del monto mensual de la AUH. Esto representaría un incremento de 4.8% en la masa total de estas prestaciones.“La idea es asociar el derecho de decidir el acceso a bienes culturales a la AUH, que implica un padrón muy amplio de personas de todo el país”, explica la licenciada en Educación y consultora internacional de 60 años, con amplia experiencia en asesorar a las comisiones de Educación en el Congreso nacional durante las últimas décadas. “Estoy convencida de que la experiencia de tener libros en la casa va configurando habilidades que los chicos más pobres no están pudiendo alcanzar. Si bien la problemática es transversal en la sociedad, tenemos que empezar con los que no tienen el dinero para adquirir libros”, agrega.Destaca que la fascinación con la digitalización y la multioferta educativa desde los niveles iniciales han hecho perder el foco en la importancia de concentrarse en la lectoescritura durante los primeros grados de primaria. “En primer grado, mi nieta tenía 7 maestras: inglés, plástica, tecnología, educación física, etcétera. Eso desdibuja el soporte fundamental que es el tiempo. Primero y segundo grado es lengua, matemática y arte”, agrega Kit.En el Barrio Mitre, los libros tienen su fiesta todos los meses, gracias a la visita de Mariel, Pato y Julieta, que siguen estimulando la lectura con diversas actividades comunitarias de lectura, narración oral y juegos. Un domingo por mes, acordado previamente con la comunidad, las tres se encuentran en una esquina, llenan sus changuitos de libros y llegan a la plaza del barrio a renovar la magia.Cómo colaborarLa organización Libros en el Barrio recibe donaciones de libros infantiles y de adultos a través de sus redes sociales. Se la puede contactar por Instagram o Facebook.Teresa Sofía BuscagliaConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectTemasPobrezaEducaciónEducación inclusivaMás notas de PobrezaElijamos compartirLlegarán en primavera. Tolosa Paz hizo una millonaria compra de frazadas y costarán hasta 177% más que en el mercadoAdiós al populismo igualitario</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/recorren-casa-por-casa-para-regalar-libros-infantiles-y-que-todos-los-ninos-de-un-barrio-porteno-nid08092023/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>“No me retes, pero me siento varón”. Niños y adolescentes piden cambiar de género desde edades más tempranas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Jun 2023 02:15:33 +0000</pubDate>
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    A fondo “No me retes, pero me siento varón”Cada vez más niños y adolescentes quieren cambiar de género desde edades más tempranas    </p>
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		<title>La amenaza que pone en riesgo a los chicos más pobres: alimentos baratos y muchas calorías</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 May 2023 03:16:51 +0000</pubDate>
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		<title>Karina Verónica Chazarreta está perdida desde el 11 de enero de 2023</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Mar 2023 19:18:10 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharA Karina Verónica Chazarreta siempre le gustó Abel Pintos. Tiene 49 años, vive en San Fernando del Valle de Catamarca y las veces que el cantante se presentó en una ciudad más o menos cercana, hizo lo imposible para no perdérselo. “Se fue hasta La Rioja a verlo y todos los días lo escuchaba”, cuenta Cristian Ortega Chazarreta, que tiene 26 años, es oficial de policía y el mayor de los tres hijos de Karina.Pero desde el pasado 11 de enero, la música ya no suena en la casa del “Barrio 25 viviendas” que la mujer comparte con sus hijos. A eso de las 6.20 de la mañana, Cristian cuenta que llegó de trabajar y vio a Karina yendo hacia el baño. “Le dije que estaba llegando tarde al laburo, porque ella entra a las 6. Yo tengo un departamento al fondo de la casa y me fui a acostar. Cuando me levanté al mediodía, me encontré con el casco de su moto, pero ella no estaba. Llamé a sus amigas y al trabajo, y me dijeron que nunca se presentó, que había mandado un mensaje diciendo que ese día no iba a ir”, reconstruye Cristian.QUÉ PASÓ CON LAS 5 MIL MUJERES PERDIDAS QUE HAY EN LA ARGENTINACon sus hermanos, Nahuel (20) y Tiziano (17), salieron a buscarla “por todos lados” y a las 15 hicieron la denuncia por su desaparición.Karina con sus tres hijos. De izquierda a derecha: Cristian, Nahuel y TizianoDurante la investigación, se detuvo a dos personas que luego fueron liberadas: la expareja de Karina y padre de sus hijos, a quien ella había denunciado el 3 de diciembre por violencia y tenía una orden de restricción de acercamiento; y una de sus íntimas amigas, que además es su jefa en el vivero municipal donde trabaja. A la amiga la detuvieron por una transferencia bancaria que recibió “por una importante suma de dinero” desde la cuenta de Karina el mismo día de su desaparición. “Es muy raro: eran los ahorros de mi mamá”, sostiene Cristian.Karina y su expareja se habían separado un tiempo antes: “A mi viejo le pusieron una orden de restricción del hogar, así que yo le impedía el paso a la casa. Le dije a mi mamá que iba a estar para ella, que no le iba a pasar nada mientras yo estuviese acá”, asegura el mayor de sus hijos. También detalla que en los días previos a su desaparición, su mamá estaba “triste, anímicamente mal”.Una de las hipótesis es que Karina huyó hacia otra provincia. Eso creen sus hijos. “En los rastrillajes no se encontró nada y esperamos la mejor noticia: que solo se haya ido un tiempo, que esté luchando con sus demonios en la cabeza y que nos dé una señal”, concluye Cristian.A quién podés llamar si tenés un dato sobre ella:Podés escribirle al Ministerio de Seguridad haciendo click en este link o llamando a la línea 134.Podés llamar al 911.Podés comunicarte con la organización Personas Perdidas por whatsapp al 11.4915.9470María AyusoTemaspersonas perdidasmujeres perdidasServicio de noticiasConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectOtras noticias de Personas perdidasIrene del Carmen Tevez está perdida desde el 4 de noviembre de 2018Blanca Susana Sola está perdida desde el 17 de marzo de 1990Ramona Nicolaza “Peli” Mercado está perdida desde el 26 de abril de 2005</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/karina-veronica-chazarreta-esta-perdida-desde-el-11-de-enero-de-2023-nid11022023/" nofollow>Fuente</a></p>
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		<title>El barrio donde viven 70 mil personas y no hay ni un psiquiatra: “Hubo suicidios de adolescentes y para ver a uno de los 5 psicólogos hay seis meses de espera”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminabig]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Mar 2023 13:18:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
		<category><![CDATA[general]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>escucharescucharLas dos tragedias ocurrieron con apenas meses de diferencia. En febrero y abril de 2021,...</p>
<p>The post <a href="https://biglatinonews.com/2023/03/06/el-barrio-donde-viven-70-mil-personas-y-no-hay-ni-un-psiquiatra-hubo-suicidios-de-adolescentes-y-para-ver-a-uno-de-los-5-psicologos-hay-seis-meses-de-espera/">El barrio donde viven 70 mil personas y no hay ni un psiquiatra: “Hubo suicidios de adolescentes y para ver a uno de los 5 psicólogos hay seis meses de espera”</a> appeared first on <a href="https://biglatinonews.com">Big Latino News</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharLas dos tragedias ocurrieron con apenas meses de diferencia. En febrero y abril de 2021, dos chicos de 18 y 20 años se suicidaron en la villa 21-24, en el barrio porteño de Barracas. Ambos iban a la escuela de boxeo de la Fundación Temas, un espacio comunitario de contención y acompañamiento para adolescentes, jóvenes y mujeres adultas. Sus muertes provocaron un terremoto difícil de dimensionar tanto para sus compañeros como para el equipo de profesores.“Se dieron en un contexto de pandemia, en el que transmitir esperanzas era complicado. Además, en el barrio hubo otros suicidios de chicos que no participaban de nuestros espacios”, cuenta Paz Ochoteco, cofundadora y coordinadora de Temas. “Claramente hay que hablar sobre esta problemática, porque está invisibilizada y subregistrada. Hay un montón de sufrimientos que no se están pudiendo acompañar”.RIESGO DE SUICIDIO: DÓNDE RECURRIR EN BUSCA DE AYUDAQuienes trabajan en el territorio vienen observando esta tendencia alarmante desde hace tiempo y la muerte de los jóvenes no hizo más que exponer de forma cruda la enorme dificultad que existe para acceder a la atención de salud mental que tienen los vecinos de la villa 21-24, la más poblada de toda la ciudad de Buenos Aires.El último censo hecho en 2017 por el Instituto de Vivienda de la Ciudad contabilizó 51.000 personas en el barrio, pero las estimaciones de distintas organizaciones indican que, actualmente, serían más de 70.000, y casi la mitad son niñas, niños y adolescentes. En todo ese territorio, no hay un solo psiquiatra (ni de adultos, ni infantojuvenil), mientras que en los dos centros de salud que concentran la atención de la mayor parte de su población, los psicólogos son sólo cinco. En otras palabras, cinco profesionales de la salud mental en un espacio donde viven 70.000 habitantes, una realidad que contrasta fuertemente con la media del resto del país. Según datos de la Organización Mundial de la Salud y otras investigaciones locales, en la Argentina hay alrededor de 200 psicólogos por cada 100.000 habitantes, lo que la convierte en uno de los países con mayor cantidad de esos especialistas a nivel mundial.Celeste Almirón, trabajadora social y Felicitas Aldatz, psicóloga social, conversan con una joven en la sede de Fundación Temas. Fabian Marelli &#8211; LA NACIONEn la 21-24, para los casos graves, hay tres meses de espera para acceder a un turno con un psicólogo y muchos vecinos ni siquiera lo intentan, desalentados por un sistema colapsado y expulsivo. En ese contexto, Temas, que desde 2017 venía trabajando con un equipo de salud mental propio integrado por dos psicólogas, amplió su estrategia de alcance con dispositivos grupales de atención a los que asisten más de 100 personas por mes. Son “rondas de palabras” donde, a partir de compartir experiencias y escuchar a los demás, se van tejiendo redes de pertenencia y sostén.“No podríamos dimensionar cuánto aumentó la demanda por problemáticas de salud mental a partir de la pandemia: fue muchísimo. Siempre es desbordante. Se agudizó el consumo de alcohol, de psicofármacos, la tristeza, la depresión, la ansiedad y los ataques de pánico”, resume Ochoteco. Todo eso agravado por un contexto donde existe una marcada vulneración en el acceso a derechos.“Los profesionales están desbordados”En la zona de la villa 21-24 hay cuatro Centros de Salud y Acción Comunitaria (Cesacs), que dependen del Hospital Penna: el N° 35 y el N° 8 se encuentran en el corazón del barrio, mientras que en el área cercana pero fuera del mismo están el N° 30 (cerca del núcleo habitacional Zavaleta) y el N° 1 (sobre la Av. Vélez Sarsfield al 1200). Todos son parte del sistema de salud del Gobierno porteño.Ochoteco explica que los dos que, por su ubicación, concentran la atención de la mayor parte de su población, son el 8 y el 35. Una profesional que trabaja en uno de ellos y que pidió reservar su identidad, detalla a LA NACION: “En el Cesac 8 hay una psicóloga infantil que comparte sus horas con otro centro de salud fuera de la villa y un psicólogo de adolescentes. En el 35, hay dos psicólogos de niños y uno de adolescentes, que también comparte sus horas con otro efector”.Uno de los Cesac del a villa 21-24, donde hay varios concursos de psicólogos que esperan ser resueltos desde hace años. Fabian Marelli &#8211; LA NACIONPero en seguida señala que, si bien en total son cinco profesionales de la salud mental, si se cuentan las horas de trabajo que dedican exclusivamente a atender en el barrio, podría hablarse “de tres psicólogos y medio” para todas las niñas, niños y adolescentes de la villa 21-24. Psicólogos para adultos, no hay ninguno. Para dimensionar lo que esto implica, Ochoteco hace hincapié en la “infantilización” del barrio. Sentada frente a su computadora en la sede que Temas tiene en la villa, muestra gráficos con cifras del IVC: “En el barrio hay unos 29.400 niños, niñas y adolescentes. Mientras que en CABA 6,9% de la población son chicos menores de 6 años, en la villa 21-24 ese porcentaje trepa a 19,8%”.Volviendo a la profesional del Cesac que pidió reservar su identidad, sostiene que a la escasez de psicólogos se suma que “no hay psiquiatría ni infantojuvenil ni de adultos en ningún Cesac del barrio, y la única psiquiatra de niñas, niños y adolescentes está en el Hospital Penna: es una sola persona para todo el hospital y su área de responsabilidad”.Tampoco hay psiquiatra en el Centro de Especialidades Médicas (CEMAR) 2, que se encuentra a pocas cuadras de la villa, sobre la Av. Iriarte al 3500, y que también depende del gobierno porteño: “Es un eslabón intermedio entre el Penna y los Cesac y también tiene devastados sus equipos de salud mental de adultos. Los profesionales que ingresan colapsan y renuncian, los concursos de esos cargos tampoco salen”.En Fundación Temas crearon espacios grupales donde, mediante rondas de palabras, buscan trabajar en la prevención de problemáticas de salud mental. Fabian Marelli &#8211; LA NACIONUn ejemplo: al 3 de enero de este año, en el Cesac 35, para psicología infantil, había una lista de espera de 51 chicos. “Los tiempos de espera para casos graves son de hasta de tres meses y en moderados de hasta de seis meses. Se realizan espacios grupales como el taller de crianza con padres y eso permite resolver algunos casos más leves, pero aún así no damos abasto”, asegura la misma profesional.Con respecto a los profesionales de la salud mental que trabajan en los Cesac 1 y 30 (cercanos a la villa 21-24, pero fuera del barrio), en el primero hay tres psicólogos (dos infantojuveniles y uno de adultos) y en el segundo hay cuatro (uno infantil, dos de adolescencia y uno de adultos). Es decir, que si se suman los psicólogos de los cuatro centros de salud del área, en total son 12.La profesional que trabaja en territorio enfatiza que “hay concursos de psicología que esperan hace años”. Por ejemplo, en el Cesac 8, “está pendiente uno de psicología para adolescentes desde antes de la pandemia”. En ese sentido, agrega: “Los jefes insisten en la necesidad de más cargos para psicólogos y psiquiatras, pero no reciben respuesta por parte del Ministerio de Salud de la Ciudad, que es de quien dependemos”. LA NACION consultó en varias oportunidades a esa cartera para esta nota, pero no obtuvo respuesta.“Muchos ni siquiera intentan conseguir un turno”Los equipos de salud mental de los Cesac 1, 8 y 35 realizaron en abril del año pasado un informe titulado “La problemática de la Salud Mental del primer nivel de atención en la Villa 21-24 y NHT Zavaleta en el contexto de la pandemia: necesidades de respuestas del sistema sanitario”.En ese momento, los tres centros sumaban 12 psicólogos, dos psicopedagogas y ningún psiquiatra. Además, contabilizaron la cantidad de personas que buscaron atención psicológica y no la consiguieron durante los meses de septiembre, octubre y noviembre del 2021: fueron 136 casos, sin contar a los vecinos que no asisten porque ya saben que no van a conseguir un turno.La villa de Barracas es la más poblada de la ciudad de Buenos Aires y la mitad de su población son niñas, niños y adolescentes.Fabian Marelli &#8211; LA NACIONSi la realidad era preocupante hace un año, hoy es peor. Ochoteco explica: “En el barrio hay 20 profesionales de la atención primaria de la salud en general, menos en el último año. Muchos dejaron sus cargos porque se jubilaron, por rotación o porque se fueron al sector privado y no fueron reemplazados”.Celeste Almiron, trabajadora social y coordinadora del Área de Promoción de Derechos y Acompañamiento Social de Temas, se topa con esa realidad a diario: “Acceder a un turno en los Cesac o en el Penna es muy difícil, sobre todo si pensamos en los jóvenes. Yo acompañé a un montón a sacar turnos y cuando llegás, la situación es caótica: te encontrás con una sala pequeña repleta de gente y en la ventanilla de recepción no hay nadie. Tenés que esperar que alguien abra una puerta para, al manoteo, preguntarle. No es un sistema amigable: es expulsivo”.Una respuesta comunitariaAnte esa red sanitaria tan limitada, la Fundación Temas, que trabaja en el barrio desde 2004, amplió su propuesta de acompañamiento en salud mental con un equipo conformado por dos psicólogas que trabajan en dispositivos grupales e individuales para niños, jóvenes y adultos, todos ellos gratuitos. Como la demanda los supera ampliamente, en los individuales se prioriza los casos más graves (atienden unos 15 por mes), y el resto se canaliza en los espacios grupales.Mariano Quintana, educador social de la escuela de boxeo; Diego Gómez, entrenador; Celeste Almirón, trabajadora social; Paz Ochoteco, cofundadora y actual coordinadora general de Temas, y Felicitas Aldatz, psicóloga social. Fabian Marelli &#8211; LA NACIONSilvana Inveninato, psicóloga de Temas, cuenta que tiene pacientes de hace más de un año que no han faltado a ninguna sesión de terapia. Por otro lado, explica que si bien desde la fundación acompañan el trabajo de los centros de salud, terminan “tapando agujeros con parches, ya que es una realidad que nos excede”.A la problemáticas que muchos jóvenes de todo el país experimentan en el último tiempo, se suman las propias de vivir en un barrio atravesado por la vulneración en el acceso a derechos. Informes del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA muestran cómo el riesgo a sufrir malestar psicológico aumenta cuanto mayor es la vulnerabilidad económica, social, residencial, educativa y laboral, indicadores que están muy presentes en la 21-24.“Algunas de las problemáticas más comunes entre los jóvenes se vinculan al consumo de sustancias, ansiedad, depresión, relaciones vinculares, dificultades en el desarrollo pedagógico, trastornos alimenticios e ideas suicidas”, enumera Felicitas Aldatz, que es psicóloga social y suele trabajar en dupla con Inveninato. Pospandemia, observaron además una exacerbación de la violencia, los ataques de pánico y los problemas de socialización. Asegura que aquellos adolescentes del barrio que acceden al sistema de salud mental del Estado, son solo los que están “explotados”. “No puede ser que nuestros chicos y chicas tengan que llegar a situaciones extremas que los lleven a ir a una guardia para ser visibles”, se lamenta Ochoteco.Espacios de escuchaLa escuela de boxeo de Temas funciona en el barrio de lunes a viernes y van entre 60 y 70 chicos y chicas de entre 13 y 24 años. A partir del suicidio de los dos jóvenes, una vez por semana, en el horario de la merienda, se genera un espacio grupal donde la palabra es protagonista, y ponen sobre la mesa todo tipo de problemáticas. “Surgió como un espacio terapéutico para trabajar lo que les venía pasando con las pérdidas de sus amigos, pero después se sumaron más chicos”, cuenta Inveninato.Parte del equipo de Temas, en plena reunión laboral. Su sede está en el corazón de la 21-24, donde trabajan desde 2004.Fabian Marelli &#8211; LA NACIONEl programa de salud mental de Temas no es nuevo. Nació en 2017 para dar respuesta a situaciones que empezaron a surgir dentro de los programas que ya desarrollaba la fundación: el de aprendizaje comunitario para niñas y niños de 6 hasta 12 años (al que asisten unos 140); el de promotores comunitarios para jóvenes; la escuela de boxeo; el programa de Albañilas para mujeres y mamás del taller de aprendizaje comunitario.Hoy todos esos espacios cuentan con dispositivos grupales que funcionan como “rondas de palabras”. “Tienen que ver con una perspectiva de trabajo, somos una organización comunitaria y nuestra construcción es colectiva. Buscamos construir espacios de escucha, de compartir emociones y poner en palabras”, dice Ochoteco.Volviendo a la escuela de boxeo, Diego Gómez, su entrenador, y Mariano Quintana, educador social del espacio, cuentan que hoy, gracias a ese acompañamiento, las chicas y los chicos fueron “construyendo distintos caminos y empezaron a ver nuevos horizontes”. Y subrayan: “A veces poner en palabras lo que te pasa no es tan fácil y por eso los espacios grupales ayudan, porque otro te presta la palabra para lo que intentas transmitir”.La falta de psiquiatrasLa complejidad de que no haya psiquiatras en los Cesac del barrio ni en el Cemar es enorme. Hasta 2020, este último contaba con una psiquiatra con la que articulaban desde Temas e, incluso, le prestaban su sede para que pudiera atender pacientes.Un mural en la sede de Fundación Temas. “Hay casos en los que se necesita sí o sí un trabajo interdisciplinario con psiquiatría para abordarlos correctamente, por ejemplo en los de abuso sexual o violencia en niños y adolescentes”, subraya la psicóloga Inveninato. Fabian Marelli &#8211; LA NACION“Luego de la pandemia se fue y no volvieron a asignar a nadie. Esa falta del recurso siempre nos pone en jaque. Nosotras hemos articulado con psiquiatras del Hospital Penna y del Bonaparte, pero con mucha complejidad para conseguir turnos y darle continuidad al tratamiento”, detalla Aldatz. Su compañera Inveninato agrega que “hay casos en los que se necesita sí o sí un trabajo interdisciplinario con psiquiatría para abordarlos correctamente, por ejemplo en los de abuso sexual o violencia en niños y adolescentes”.El no poder hacer esas derivaciones le genera “indignación y una responsabilidad desmedida”. Ochoteco, concluye: “Necesitamos que desde la política pública entienda la importancia de que en los centros de salud del barrio haya más psicólogos y psiquiatras, y que se empiece a trabajar en estrategias de salud mental comunitaria en escuelas, con las familias y en los distintos espacios”.Más informaciónFundación Temas: tiene como objetivo contribuir a la promoción y el ejercicio pleno de los derechos de la comunidad de la Villa 21-24. Más información haciendo click aquí. En las guías de Fundación La Nación sobre suicidio y depresión podés encontrar más información sobre estas problemáticas, desde las señales de alerta hasta dónde pedir ayuda.*La coautora de este contenido es parte del grupo de jóvenes que fueron seleccionados por el Proyecto +Miradas, una iniciativa de Google News Initiative y el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) que se lanzó el 25 de junio del año pasado y propone sumar diversidad a las perspectivas de quienes producen las noticias. Lo hace al incorporar nuevas voces en los medios de comunicación, mediante la formación profesional de jóvenes con vocación periodística de barrios populares de Buenos Aires. Varios profesionales de LA NACION formaron parte de los talleres de formación a los que accedieron los jóvenes.María AyusoKatherine Chacón*TemasSalud mentalAdolescentes en crisisSuicidioDepresiónConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectOtras noticias de Salud mentalCerebro. Cómo cuidarlo y cinco ejercicios para estimularloAdrenalina. Qué esconde la desenfrenada necesidad de vivir al límiteBarcelona. Tras la tragedia de las gemelas argentinas, los profesores admiten estar desbordados por los casos de bullying</p>
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		<title>El caso de los Lanús-Moreno Vivot: cuánto tiempo debería estar un niño en un hogar o una familia de acogimiento y por qué muchas veces se excede</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2023 17:15:40 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>escucharescucharQué pasó. El viernes pasado, LA NACION dio a conocer la historia de la familia de Pablo Lanús y Elena Moreno Vivot, un matrimonio que lucha para que la Justicia les otorgue la adopción de un pequeño al que criaron desde que era un bebé y está por cumplir los 4 años.El niño, al que llamaremos José para preservar su identidad, llegó a su casa en 2019, después de que Pablo y Elena decidieron inscribirse como familia de acogimiento. No tenían la intención de adoptar: simplemente querían ser auxiliares del sistema. Pero José, el bebé que por ley deberían abrigar durante seis meses “o un año como mucho”, según les habían explicado, estuvo en su casa tres años y medio. En ese lapso, el matrimonio asegura que no tuvo novedades por parte de la Justicia y el vínculo que debía ser transitorio se fue solidificando: para José, Pablo y Elena se convirtieron en sus padres y sus hijos mayores, en sus hermanos.Como la legislación argentina establece que las familias de acogimiento no pueden adoptar, cuando la pareja intentó iniciar los trámites de adopción una jueza resolvió que debían restituir al niño “al sistema” y no quiso atender la excepcionalidad del caso. Aunque actualmente José sigue con los Lanús-Moreno Vivot, en cualquier momento podría ser trasladado a un hogar.Mucho más que un caso particular. La historia expone una problemática que atraviesa a cientos de niñas, niños y adolescentes de todo el país. Son aquellos que, tras pasar por distintas violencias, son separados de sus familias de origen mediante lo que se conoce como “medidas excepcionales de protección integral”.Según el Código Civil y Comercial, estas medidas deberían ser por 180 días (con la posibilidad de prorrogarse), pero en la práctica eso no suele ocurrir. Las chicas y los chicos pueden permanecer años en hogares (institucionales a las que son trasladados en la mayoría de los casos) o en familias de acogimiento (a las que acceden solo una minoría) hasta que se resuelva su situación definitiva: es decir, si regresan con su familia de origen o ampliada (tíos o abuelos, por ejemplo) o son declarados en situación de adoptabilidad.En LA NACION hemos contado varias de sus historias, como la de Tincho o Ciro, dos adolescentes que pasaron prácticamente toda su vida (más de una década) institucionalizados, hasta que finalmente se les restituyó el derecho a tener una familia.Según los especialistas, estas demoras excesivas en los tiempos, vulneran los derechos más elementales de las niñas, niños y adolescentes, incluyendo al de tener una familia.De cuántas chicas y chicos estamos hablando. De acuerdo a un relevamiento de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la Nación (Senaf) y Unicef, en el país hay 9.154 privados de cuidados parentales, de los cuales 2.199 tienen su situación de adoptabilidad decretada. Del total:El 88% (8.588) están en hogares u otras instituciones.El 12% (1.166) se encuentra en familias de acogimiento, solidarias o de tránsito (su nombre varía de acuerdo a cada jurisdicción).En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, hoy hay apenas 190 niñas, niños y adolescentes en el programa de familias solidarias, lo que representa aproximadamente el 5% de aquellos que cuentan con medidas de protección, según datos del Organismo de Niñez y Adolescencia bonaerense a los que accedió LA NACION.En la ciudad de Buenos Aires el porcentaje es similar. De los 889 niñas y niños que hay en el sistema de protección, 28 están en familias de acogimiento. “Hasta diciembre del año pasado, se priorizaba a las niñas y niños de hasta 3 años. Ahora estamos en plena etapa de cursos para preparar a familias que puedan alojar a chicos más grandes y hermanitos, que también se necesitan mucho. Todo niño debería ir a una familia en lugar de a un hogar hasta que se resuelva su situación, porque esa mirada y afecto personalizado es fundamental”, reflexiona Karina Leguizamón, presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la ciudad de Buenos Aires.En qué consiste el rol de las familias de acogimiento. Los especialistas definen a esa figura como la de un puente: deben colaborar ya sea para que las niñas y los niños puedan revincularse con sus familias de origen o ampliadas (lo que pasa en la mayoría de los casos) o bien acompañarlos para su inclusión en una nueva familia por medio de la adopción.Leguizamón, explica: “Nuestra mirada es que la familia de acogimiento debe convertirse para ese niño o niña en una familia ampliada para toda la vida. Implica armar red, teniendo en cuenta que el vínculo sano siempre suma”. “Es preferible que durante el plazo que dure la medida excepcional el alojamiento sea dentro de una familia en lugar de un hogar. En eso radican los programas de familias solidarias o de acogimiento. No son adoptivas: no se las evalúa para esto, sino para cuidar a los chicos de forma transitoria, al contrario de lo que sucede con la adopción. Tienen que saber que es por un plazo acotado y recibir asesoramiento y acompañamiento por parte del Estado para no generar un vínculo filiatorio hasta que se defina la situación definitiva de ese chico o chica”, explica Marcelo Molina, quien durante una década fue responsable del Tribunal Colegiado de Familia Nº5 de la ciudad de Rosario y hoy se desempeña en la Sala 3ª de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial, que se encarga de revisar las decisiones del fuero de familia. Además, es autor de Cuánto tiempo es un tiempito (Editorial Juris, disponible con descarga gratuita)Las familias que se anotan en estos programas deben cumplir una serie de requisitos (que pueden variar según las provincias, pero incluyen siempre el no estar anotados en registros de postulantes a guarda adoptiva) y recibir contención y seguimiento por parte del Estado. Sin embargo, el problema se da cuando esto no ocurre y los niños son “olvidados” por un sistema que debería priorizar sus tiempos e interés superior (es decir, el mayor beneficio para ellos).Cuánto deberían estar las niñas y los niños en las familias de acogimiento. Al igual que en el caso de aquellos que están en hogares, este plazo no debería superar los 180 días, con posibilidades de ser prorrogable. “Esa situación transitoria se puede extender hasta un año, dependiendo del caso, pero no debería ser más que eso”, opina Molina.Sin embargo, ese “ideal” muchas veces no se cumple. Y no hay un “plazo máximo”. Hay casos como el de José donde los chicos han permanecido en las familias de acogimiento, por ejemplo, dos o tres años. Otro ejemplo es el de “Mimi”, la niña cuya historia se hizo pública en 2021.Mientras que en los hogares, esa extensión de los tiempos suele ser mucho más frecuente e, incluso, más prolongada. Según un relevamiento realizado por la NACION entre hogares, organizaciones sociales y especialistas en la temática, los chicos suelen estar en las instituciones un promedio de entre dos y cuatro años, pero a veces pueden ser cinco, seis o más. De esa espera silenciosa, pocas veces se habla.Los datos oficiales también reflejan esa deuda del sistema. De acuerdo al mencionado informe de Unicef y la SENAF, el 83% de las jurisdicciones del país admiten que el plazo de permanencia de las chicas y los chicos en hogares o familias de acogimiento supera los 180 días.Cuáles son los motivos. Los motivos que hacen que un chico pase un tiempo excesivo en familias de tránsito u hogares son muchos. Incluyen, entre otros:Escasez de recursos y falta de capacitación ante situaciones complejas. Cuando se toma la medida de separar a un chico de su familia de origen, los equipos interdisciplinarios de los órganos administrativos y también de los juzgados cumplen un rol clave. Son psicólogos o trabajadores sociales que tienen la misión de ver si la revinculación con los padres u otros familiares de origen es posible. No es una tarea sencilla. Los casos son variados: desde mamás y papás que necesitan recuperarse de adicciones hasta algunos con problemáticas de salud mental complejas.Agotar las instancias previas antes de declarar la adoptabilidad. Desde los tribunales, subrayan lo drástico de una declaración de adoptabilidad y la necesidad de que se agoten todas las instancias previas. Para poder trabajar con las familias de origen, se necesitan muchos recursos que no siempre están. Los 24 juzgados civiles con competencia de familia de CABA, por ejemplo, tienen solo dos trabajadores sociales que no dan abasto.Poca articulación entre los diferentes actores. Además de pocos recursos, la articulación entre los actores intervinientes no siempre es aceitada. “Volvió a foja cero” es una frase que desde los hogares escuchan con frecuencia por parte de los juzgados.El derecho de la familia de origen. Si la revinculación con la familia de origen no es posible y la Justicia considera necesario declarar la situación de adoptabilidad, aquella tiene el derecho de apelar la decisión, lo que muchas veces suele prolongar los procesos.El derecho de los niños. Además de tener una familia, las chicas y los chicos tienen otro derecho fundamental: ser oídos. Pero muchas veces ni los juzgados de familia ni los otros órganos administrativos intervinientes tienen perspectiva en infancias. Esto hace que las demoras en los procesos no tengan en cuenta los tiempos subjetivos de los niños ni sus deseos.Encontrar una familia para muchas chicas y chicos. Cuando la sentencia de adoptabilidad está firme, aún queda un largo camino por recorrer. En contra de lo que se cree, no es fácil encontrar una familia adoptiva. En general se trata de preadolescentes o adolescentes, grupos numerosos de hermanos, niños con discapacidad o problemáticas de salud para los que no se encuentran postulantes en los registros de adopción.Qué pasa cuando las medidas excepcionales se mantienen por tiempo indefinido. En los casos en que los chicos se encuentren con familias de acogimiento, los especialistas consultados por LA NACION opinan que debe atenderse cada situación en particular, sin perder de vista su interés superior, es decir lo que resulta de mayor beneficio para ellos.“Hay casos en que las familias de acogimiento quedan a su suerte, sin acompañamiento del Estado ni asistencia de ningún tipo. Cuando esa situación se extiende durante años y la familia plantea que se estableció un vínculo filiatorio, que la relación ya no es de tránsito sino de hijo, si la respuesta que le da el Estado desconoce lo que ha sucedido, nos estamos equivocando mucho. El Poder Judicial no puede desoír esa situación, no puede no indagar qué pasa con ese chico. De lo contrario, estaremos reivindicando una ley por la ley misma o tapando nuestra propia ineficiencia o ineptitud”, señala Molina y agrega: “El ejercicio del derecho de familia pasa por tener las patas en el barro y las manos en la constitución. Si el interés superior del niño es permanecer con esa familia, no tengo dudas de que hay que hacerlo”.Por su parte, Agustina Díaz Cordero, a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil 23 e integrante del Consejo de la Magistratura, opinó en una entrevista días atrás con LA NACION en referencia al caso de “José”: “Las imperfecciones del sistema no las puede pagar un niño inocente. Hay que pensar qué es lo mejor para el niño y tener en cuenta que tiene derecho a ser oído. El juez tiene que escucharlo, no importa la edad que tenga. Los chicos siempre se manifiestan”. En línea con Molina, la jueza agregó que, en ocasiones, no se pueden tomar decisiones solo “porque lo dice la ley”. “Esa es una concepción legalista y hoy hay que tener una visión más amplia, resguardando todos los derechos”.Por su parte, Fabiana Isa, psicóloga y reconocida especialista en adopción, reflexiona: “La Justicia tiene que poder rodearse de otros profesionales para poder leer la complejidad de estas situaciones. No basta solo con el Derecho, porque está probado que en ocasiones es insuficiente y hay que poder leerlo en otras dimensiones. Cuando interviene también la dimensión psicológica o intrasubjetiva, por ejemplo, nos damos cuenta de que estas medidas no pueden ir nunca en contra del interés superior del niño. La Justicia tiene que hacerse cargo de esos casos en que se ‘olvidó’ de los chicos y las cosas no se hicieron como deberían haberse hecho, es decir, respetando los tiempos y el interés superior de los niños”.Declaración de inconstitucionalidad. Molina explica que en el caso excepcional de que una jueza o juez deba resolver una situación como la que está atravesando José, atendiendo a todas las particulares del caso, una opción a la que se puede recurrir es declarar la inconstitucional de los artículos del Código Civil y Comercial de la Nación que establecen que las familias de acogimiento no pueden adoptar. No hay que perder de vista que hablamos de situaciones excepcionales. El mismo Molina tomó esta medida en algunas oportunidades.En resumen, los especialistas subrayan que es fundamental respetar los tiempos establecidos por la ley y las normas que regulan el sistema de adopción en la Argentina, que buscan prevenir situaciones que eran moneda corriente hasta hace algunos años como las entregas directas o la venta de bebés. Sin embargo, si bien nuestra legislación determina, entre otros puntos, que las familias de acogimiento no pueden adoptar, cuando todos los plazos son vulnerados hay situaciones excepcionales que deben ser atendidas con el foco siempre puesto en el interés superior de las chicas y los chicos.No olvidarse de los chicos que viven en hogares. Para Molina, no hay que olvidar los casos de los chicos y las chicas que viven en hogares durante años y que no suelen salir tanto a la luz “porque en general son chicos tirando a adolescentes, con problemas de salud o alguna discapacidad, que no son bebés y no le mueven el amperímetro a nadie”. Para el juez, es así de crudo y real: “Hay chicos que pasan la mitad de su vida institucionalizados y eso no hace tanto ruido porque no hay una familia atrás que salga a visibilizar su caso”. En definitiva, el derecho fundamental a vivir en familia es inherente a todas las niñas, niños y adolescentes.María AyusoTemasAdopciónAdopciónConforme a  los criterios deConocé The Trust ProjectOtras noticias de AdopciónHasta 17 años. El Gobierno otorgará una Asignación Universal para niños que viven en residencias y hogaresTiene 18 años y soñaba con tener una familia. Lo contó en un video y la reacción de una familia dio un giro en su vidaSueña con una familia antes de la Fiestas. Baltazar tiene 8 años, ama los superhéroes y tiene un pedido especial para Papá Noel</p>
<p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/el-caso-de-los-lanus-moreno-vivot-cuanto-tiempo-deberia-estar-un-nino-en-un-hogar-o-una-familia-de-nid17012023/" nofollow>Fuente</a></p>
<p>The post <a href="https://biglatinonews.com/2023/01/17/el-caso-de-los-lanus-moreno-vivot-cuanto-tiempo-deberia-estar-un-nino-en-un-hogar-o-una-familia-de-acogimiento-y-por-que-muchas-veces-se-excede/">El caso de los Lanús-Moreno Vivot: cuánto tiempo debería estar un niño en un hogar o una familia de acogimiento y por qué muchas veces se excede</a> appeared first on <a href="https://biglatinonews.com">Big Latino News</a>.</p>
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